Martes, 19 de junio de 2018

El vocablo mundo es uno de los más controversiales términos de la Biblia que siempre aparece como ícono de disputa. Tiene un variado sentido contextual que nos obliga a pensar cada vez que lo encontramos en las líneas del texto sagrado. Los que tienen atracción por la interpretación privada son amantes del sentido único y literal que puedan referir del término en cuestión, pero cuando uno coteja el contexto puede deshacer como polilla el argumento de los que odian a Dios.

Se refiere como probable de ser uno de los pasajes más universalistas de la Escritura aquel que se encuentra en Juan 3:16; allí se dice que Dios amó de tal manera al mundo, que le envió a su Hijo... Nuestra lectura debe tener en cuenta que Jesús hablaba con Nicodemo, un maestro de la ley, quien era creyente de la salvación exclusiva para los judíos. Los demás eran las gentes, conocidos como gentiles; el mundo entonces se dividía para los judíos en dos grupos: ellos y las gentes. De esta forma uno puede ver que el Señor le explicaba al maestro de la ley que ese mundo gentil también era amado por Dios, de tal forma que el universo judío que Dios amaba era un conjunto con el universo gentil que también había amado.

El verso 17 aclara el panorama en forma completa: Dios no envió a su Hijo para condenar el mundo (el universo de judíos y gentiles amados por Él) sino para salvarlo. Y el verso 18 agrega que el que no cree ya ha sido condenado (es decir, no forma parte del mundo por el cual el Hijo vino a morir). Y la condenación no es otra sino el preferir a las tinieblas por sobre la luz, ya que las obras de la humanidad son malas (Juan 3:19). Entonces, ¿cómo es que hay un grupo numeroso de judíos y gentiles que sí vienen a la luz? ¿Es que acaso tienen buenas obras para ser exhibidas? No, pues la salvación no es por obras, no vaya a ser que alguien se jacte en la presencia de Dios; más bien vienen a la luz porque han sido sacados de las tinieblas y han sido lavados sus pecados con la sangre de Jesucristo. Estos son los que el Señor representó en el madero de acuerdo a lo dicho en Mateo 1:21.

Si Dios hubiera amado al mundo en cada habitante del planeta no hubiera destruido a casi toda la humanidad en el diluvio. Dios  no amó a los primogénitos egipcios, a los que destruyó como parte de la décima plaga para que el Faraón dejara salir a su pueblo. Un poco más tarde Dios animó al ejército de Faraón para que persiguiera a los israelitas que escapaban de Egipto, pero todos ellos sucumbieron entre las aguas. Cientos de israelitas fueron pasados por el fuego debido a la ira divina, ya que se quejaron reiterativamente contra Él (Números 11:1). Acá vemos que tampoco amó a todos los israelitas por ser israelitas, sino que se cumplía lo que Pablo explicaría después: que en Isaac sería llamada descendencia. También Jehová les envió una plaga que consumió a decenas de miles de israelitas por causa de su queja en relación a la comida en el desierto, distinta a la que ingerían en Egipto. Vea Números 16: 41-49, por ejemplo, y se dará cuenta de los príncipes israelitas que fueron consumidos por fuego de la tierra solamente por quejarse contra Moisés. También conocemos el destino del malévolo Balaam, falso profeta que intentaba maldecir a Israel a cambio del dinero ofrecido por un rey extraño.

Pero no solamente en su pueblo, nación escogida, el Señor mostró su ira y su enojo, su odio a los impíos, sino que lo hizo igualmente en los pueblos vecinos, los cuales no tuvieron la oportunidad de conocer su ley escrita como le fue dada a Moisés. El Señor sencillamente los pasó por alto, pero no con un poco de amor sino con el mismo odio que le mostró a Esaú. Leemos del rey de Asiria, el báculo del furor de Dios, que sería el castigo para su pueblo. Pero después le tocaría a dicho rey recibir el merecido de su soberbia, por haber creído que lo que hacía provenía de sí mismo, de su propia fuerza. En Números 31:16 se  relata que decenas de miles de madianitas fueron exterminados, incluyendo sus mujeres y niños. En ocasiones el Señor entregaba a los israelitas a manos palestinas por causa de su idolatría, pero también vemos como David mataba a sus diez miles. Incluso Absalón, el hijo rubio y querido de David, tuvo que ser asesinado por Joab por haberse rebelado contra el reino de su padre.

Una simple lectura del Antiguo Testamento nos demuestra que Dios no amaba a todo el mundo, que no tuvo misericordia de todos, que escogió solamente a un pueblo de entre todas las naciones de la tierra para ser su testigo. Pero incluso dentro de ese pueblo muchos perecieron por su furor y justicia, ya que no fueron amados por Él con amor eterno como para prolongarles su misericordia. Entonces uno tiene que preguntarse siempre lo que significa Juan 3:16 para poder comprender el alcance del amor de Dios.

El  apóstol Juan escribió cartas, aparte de su evangelio y el Apocalipsis, y en 1 Juan 2:2 habla de Jesucristo como la propiciación por nuestros pecados y por los de todo el mundo. Esta expresión no puede ser tomada en forma simple, pues todo el mundo refiere al universo judío de creyentes unido al universo gentil de creyentes. Recordemos que la iglesia de Juan estaba compuesta principalmente por judíos conversos, ya que Pablo era el apóstol de los gentiles. Por esa razón expone que Jesús es la propiciación no solo por los pecados nuestros (los de los  judíos conversos) sino por los de todo el mundo (la  sumatoria  de los pecados de los gentiles convesos a la de los pecados de los judíos conversos). Mal podría el apóstol amado por Jesús, el que escribió el evangelio que lleva su nombre, contradecir las palabras del Señor. Su evangelio nos habla reiteradamente del Pastor que moriría exclusivamente por sus ovejas, del Jesús que no rogaba por el mundo sino solamente por los que el Padre le había dado. Se menciona allí al Señor diciéndole a un grupo de sus seguidores que nadie podía ir a él a no ser que el Padre lo llevare, de manera que Juan no podía contradecir el alcance de la expiación del Señor convirtiéndose en un universalista.  Por eso es muy importante comprender el contexto.

La Biblia usa el término mundo en diferentes sentidos. ¿Es el mundo entero el que no nos conoce? ¿O es el mundo de los no creyentes el que nos desconoce? Así se escribe en 1 Juan 3:1,  donde se infiere que el mundo de Satanás, el mismo mundo por el cual el Señor no rogó la noche antes de su expiación, es el mundo que no nos conoce.

En el verso 13 de 1 de Juan 3 leemos que el mundo nos odia. Sabemos que los creyentes no nos odian, porque odiarían a Dios, de manera que allí el mundo es el universo de incrédulos. ¿Y qué diremos de 1 Juan 5:19, cuando nos habla de que el mundo entero está bajo el maligno? ¿Incluye ese mundo a los creyentes? ¿Estamos bajo el maligno o bajo Jesucristo? Pedro menciona que Dios no perdonó al mundo antiguo sino que preservó a Noé, el heraldo de justicia, junto a otras siete personas; ¿cuál es ese mundo antiguo que excluye a Noé y a los otros siete? Es el mundo destruido por el diluvio, del que Dios no tuvo misericordia, no amado por Él (2 Pedro 2:4-5).

Los fariseos se refirieron a Jesús y dijeron que todo el mundo se iba tras él (Juan 12:19); pero esa expresión todo el mundo no los incluía a ellos, ni a Herodes, ni a Poncio Pilatos, ni al César emperador, ni a los millones de habitantes del planeta que no conocieron al Señor. Esa expresión significa que estaban maravillados porque mucha gente seguía a Jesucristo, pero no se referían a cada uno del mundo, sin excepción. En el libro de los Hechos se narra un evento relacionado con los adoradores de Diana de los Efesios. Allí uno de sus defensores alega sobre el peligro de que se les caiga el negocio de la venta de recuerdos de la divinidad pagana, así como de que el templo caiga en descrédito y que pronto sea despojada de su majestad aquella a quien adoran toda el Asia y el mundo. Sabemos que no todo el mundo adoraba a Diana y ni siquiera toda Asia, porque aún allí también había creyentes del evangelio de Jesucristo y en el resto del planeta no tenía por qué ser conocida esa divinidad. De manera que son expresiones de exageración, hiperbólicas, para manifestar el gran atractivo que tenía el templo entre sus conocidos (Hechos 19:27).

También se ha dicho que toda Jerusalén y toda Judea junto a toda la región del Jordán salían para ser bautizados por Juan el Bautista en el río (Mateo 3:5-6). Esto daba a entender que se refería a un gran número de personas pero no a todos ellos sin excepción. De nuevo, no vemos a Herodes ni a Herodías, ni a la hija de ésta; asimismo, los miembros del Sanedrín no salieron a esa actividad si bien un número de fariseos y saduceos iban con el propósito de bautizarse, aunque Juan los insultó diciéndoles: generación de víboras, ¿quién os enseñó a huir de la ira venidera? De esta forma queda entendido que se trata de nuevo de una expresión hiperbólica, pero jamás se refiere a que Juan bautizaba a cada uno sin excepción.

¿Y qué de la oración de Jesús cuando dijo que oraba por los que el Padre le había dado pero que no oraba por el mundo? ¿Es que estos por los que rogaba no forman parte del planeta tierra? Simplemente mundo acá en Juan 17:9 tiene el sentido de los réprobos en cuanto a fe, de los cuales la condenación no se tarda. Entonces, Juan 3:16 no implica necesariamente que Dios amó al mundo de réprobos en cuanto a fe por el cual Jesús no rogó jamás. De nuevo, en Juan 14:17, Jesús se refiere al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir porque no lo ve ni lo conoce. ¿Cuál mundo? No es el mundo como planeta donde estaban los apóstoles sino el mundo de los que Dios no eligió para redención. Y más adelante, en Juan 14:22, Judas -no el Iscariote- le preguntó al Señor cómo era que se manifestaría a ellos y no hacia el mundo. Hay un contraste claro entre ellos (los discípulos) y el mundo. Finalmente miremos en forma rápida 1 Juan 5:19, cuando se escribe que el mundo entero está bajo el maligno. De nuevo, ¿estaban Juan y su iglesia bajo el maligno? Esto nos recuerda lo que dijimos a propósito de Jesucristo como la propiciación por los pecados de todo el mundo: ¿cuál mundo?

No siempre el mundo es el mundo que uno imagina, sino que la Biblia tiene sus contextos y no puede interpretarse privadamente. Dios no quiere que ninguno perezca sino que todos procedan a arrepentimiento; ah, pero esos todos son los destinatarios de la carta de Pedro: a los que han obtenido la misma fe que nosotros. No puede 2 Pedro 3:9 contravenir el sentido del Dios irresistible en su voluntad como refiere Pablo en Romanos 9; si Dios quisiera que todo el mundo, sin excepción, viniese al arrepentimiento y no pereciese sino que sea salvo, de seguro así sucedería. Ese Dios de la Biblia está en los cielos y todo lo que ha querido ha hecho, de manera que no es un Dios frustrado sino alguien que realiza su voluntad como lo desea.

Todavía quedan textos por analizar, pero creo que es suficiente con lo expuesto hasta ahora para asumir con certeza que el mundo de la Biblia no siempre es el mundo que uno piensa a primera vista. Hay que mirar el contexto de aparición y compararlo con toda la Escritura para que sea ella quien juzgue cuál es la interpretación correcta. Que el Señor dé el entendimiento a quien quiera dárselo.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 11:38
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