Viernes, 08 de junio de 2018

Arminio es una serpiente venenosa con colmillos largos. Desde el Edén la sutileza fue el arma por excelencia de ese animal, pero su lado débil es la cabeza. Mala cabeza tiene el arminianismo, una antilógica que se puede refutar con la lógica simple de la palabra revelada. No puede haber una elección si se extiende a todos los individuos en general, ya que la elección supone una preferencia de unos sobre otros. De 32.000 israelitas el Señor escogió solamente a 300 para destruir a los madianitas (Jueces 7:7); esta elección presume discriminación como también se deriva de la elección para vida eterna hecha por Jehová.

Dios escogió de entre todas las naciones de la tierra solamente a Israel, para que fuese un pueblo especial para Él (Deuteronomio 7:6). La Escritura establece en forma expresa que solamente unos pocos son los escogidos, si bien muchos son los llamados. Pero de esta proposición se deriva que ni siquiera son llamados todos, sino muchos; elegidos unos pocos y no todos los muchos que son llamados (Mateo 20:16). Algunos fueron apuntados para que entregaran al Hijo de acuerdo al consejo del Padre Celestial, de manera que aún Caifás tuvo que profetizar lo que el Señor decidió, sin que él fuera por eso un escogido para salvación. Si esta gente que entregó al Señor hubiese sido creyente de seguro no lo habrían entregado, aunque bien sabemos que el Señor rogó por algunos de los que lo crucificaban que llegaron a creer en el día del Pentecostés.

Si Dios hubiese deseado la salvación de toda la raza humana de seguro su consejo no hubiese quedado frustrado (Salmo 115:3), pues ningún ser humano puede resistir su voluntad como se escribió en la epístola a los romanos, capítulo 9. Fue el designio de Jehová el que Jacob y Esaú fuesen discriminados en cuanto a la elección, haciendo a uno de ellos como vaso de misericordia y al otro como vaso de deshonra. Los creyentes somos para Dios grato olor en Cristo, de vida y de muerte; pero en ambos casos grato olor en Cristo. No todos los muertos resucitaron en la época de Jesús en la tierra, pero mostró su misericordia para con Lázaro levantándolo de la tumba. Dios sanó a unos ciegos y no a todos, de manera que también en eso hizo discriminación.

El beneficio de la muerte de Cristo y su intercesión por los suyos tienen la misma extensión (son las mismas personas), pero sabemos que Jesucristo no rogó por todos. No ruego por el mundo (Juan 17:9), sino por los que me diste. Y esos que el Padre le dio no pertenecen al mundo (Juan 17:14), de manera que Jesús no intercede por Judas Iscariote, ni por Pilatos en tanto Jesús es el Sumo Sacerdote. La oblación y la representación que hace Jesús como Sumo Sacerdote no pueden ser separadas, pues lo que se hizo en cuanto a oblación se hizo en cuanto a representación: su expiación fue hecha por los escogidos del Padre tanto en oblación (ofrenda) como en representación. Jesucristo se ofreció como ofrenda santa por aquellos que representó en a cruz. No pudo el Señor representar a toda la humanidad en el madero y ofrendar solamente su vida por unos pocos, como tampoco pudo ofrecer su vida por todos sin excepción pero representar a unos pocos. El alcance de uno es el mismo del otro: a los que representó a éstos liberó en tanto se ofreció a sí mismo por sus amigos, por su iglesia, por su pueblo (Mateo 1:21). El logró eterna redención con el ofrecimiento de su sangre (Hebreos 9:12).

Así como Judá era el fiador de la vida de Benjamín, de acuerdo a Génesis 44:32, Jesucristo es el fiador de los miembros del Nuevo Pacto (Hebreos 7:22). Llevó sobre sí mismo nuestras iniquidades (Isaías 53:4-8; 1 Pedro 2:24). Pero él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados. El castigo que nos trajo paz fue sobre él, y por sus heridas fuimos nosotros sanados. Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Como un cordero, fue llevado al matadero; y como una oveja que enmudece delante de sus esquiladores, tampoco él abrió su boca.

Pero si Jesús fue la seguridad o garantía de toda la humanidad, sin excepción, debió haber llevado la ira de Dios por toda ella. Sin embargo, esto no es lo que enseña la Biblia ya que Cristo les dirá a muchos en el día final: apartaos de mí, hacedores de maldad, nunca os conocí (Mateo 7:23). Es decir, el Señor reconocerá que no los conoció jamás, pero no quiere decir que no supo nunca quienes eran éstos, ya que conoce el Señor a los que son suyos (de lo cual se deriva que los que no son suyos no los conoce, o no los ama). Ciertamente él puso su vida por sus ovejas (Juan 10: 11-15).

La serpiente le dijo a Eva que ellos no morirían sino que serían como dioses, conociendo el bien y el mal. Bien, la muerte espiritual fue inmediata y la corporal vino tiempo después. Hoy día la misma serpiente continúa hablando las mismas mentiras diciéndoles a los llamados creyentes que ellos no morirán sino que aprenderán las maravillas del libre albedrío.  Que no habrá castigo para nadie si no existe libertad absoluta para decidir, que Jesucristo por ser la manifestación del amor de Dios murió por todos, por igual, sin discriminación. Que como Dios no hace acepción de personas no deja a nadie por fuera de su amor, y que por esa razón Cristo hizo su parte y ahora le toca a cada quien hacer la suya. Esas mentiras las repite la serpiente cada vez que tiene oportunidad, como si fuese parte de la gran desilusión, del gran engaño del que hablara Pablo en Tesalonicenses.

La gente que escucha su silbido entiende que si Cristo murió por todos entonces todos fueron reconciliados con Dios. Lo que sucede es que en el razonar de la serpiente hay algunos obstinados y no quieren aceptar el regalo de la salvación, porque aunque de gracia es la redención hay que aceptarla. Con esa lógica aparente continúan su argumento, tratando de ignorar que la premisa mayor está errada. La verdad es que no todos fueron reconciliados con Dios, sino solamente todos los que el Señor reconcilió en el madero, los mismos que son llamados su pueblo. La muerte de Cristo es la causa de la reconciliación, por lo tanto no todos fueron reconciliados con Dios ya que la muerte espiritual continúa siendo una realidad. Si se quita el pecado ya no queda pecador, razón por la cual Juan asegura que el creyente no peca (y si peca abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo).

De la mentira de la serpiente se infiere que tanto Caín como Faraón fueron reconciliados con Dios por causa de la muerte de Cristo; que ellos fueron sacados del tormento del infierno y nunca más serán enviados allá; se infiere también que Dios maldice a la gente que ha sido reconciliada con Él; asimismo, la serpiente sugiere que Dios castiga dos veces por el mismo delito, en la persona de Su Hijo y en la persona del pecador que es condenado; se infiere de igual manera que la reconciliación de Jesucristo fue un acto potencial y no actual, que no tuvo ninguna eficacia cierta sino solamente funcionó como un simulacro.

Dios manda a arrepentirse y a creer el evangelio, pero solo garantiza tal arrepentimiento a los que el Hijo representó en la cruz (Hechos 5:31). Si Dios es quien separará las ovejas de las cabras, nadie tiene la potestad de convertirse en oveja. Más bien Jesús les dijo a unos judíos que ellos no podían creer en él, que estaban imposibilitados de ir hacia él por la sencilla razón de que no eran parte de sus ovejas. La esencia del ser viene con el ser, de manera que ovejas y cabras son dos especies separadas por genética. No hay tal cosa como una cabra que se transforma en oveja o una oveja en cabra. Dios hizo a Jacob como vaso de honra (oveja) pero a Esaú lo hizo como vaso de deshonra (cabrito). No se hicieron ellos mismos como vasos, simplemente son objetos y sujetos pasivos de la frase donde el Creador o el Alfarero aparece como Sujeto activo.

Por lo tanto, lo que la Escritura no afirma no podrá aparecer como verdad, y sabemos que en ningún lugar ella dice que Cristo murió por todos los hombres, mucho menos por cada uno en forma individual, de manera que esa no es una verdad bíblica. Es una mentira de la serpiente. La Biblia asegura que el Hijo vino a dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10:45). Lo que sucede es que son muy variados los conjuntos por los que Cristo muere, llamados ovejas, amigos, iglesia, creyentes, escogidos, dados a Cristo por el Padre, lo cual significa que provienen de muchos tipos que sumados son una gran multitud. Pero con todo ello y comparados con el mundo siguen siendo una manada pequeña.

Se entiende que a aquellos que mueren sin haber escuchado jamás una palabra del evangelio nunca fueron parte de la intención de redención del Señor. Asimismo sucede con los que escuchando el evangelio no lo reciben, pues nadie puede resistirse a la voluntad de Dios. Esto se demuestra con creces en la Escrituras, basta solamente con recordar que la intención del Señor para con Judas era que continuara siendo el hijo de perdición. La doctrina del libre albedrío es satánica, nunca una doctrina bíblica. Judas nunca fue libre de decidir si entregaba o no al Hijo de Dios, para lo cual había sido destinado. El arrepentimiento para salvación es un regalo de la gracia de Dios, así como la fe es un don de Dios. El ser humano no puede cumplir con aquello para lo cual no tiene habilidad; el hombre no puede entrar al reino de los cielos si no ha recibido el don de la salvación. Vea a Esaú que no pudo hacer nada por cuanto solamente actuó de acuerdo a lo que estaba escrito de él; vea a Jacob que fue perdonado y halló gracia delante del Señor por pura misericordia. Para lo uno y para lo otro, el Dios del cielo y de la tierra es quien decide: de unos tiene misericordia, pero a otros endurece. El que objeta el plan de la gloria de Dios para el Hijo está mostrando un signo de desobediencia y de no sujeción al evangelio. Su endurecimiento lo lleva a paso firme al engaño del error para que crea la mentira y sea condenado. La mentira de la serpiente conlleva en sí misma castigo eterno.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 7:48
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