Jueves, 07 de junio de 2018

El sentido de la lógica de la providencia dentro del arminianismo enseña que el amor de Dios supone la inclusión para todos por igual. El amor por el mundo es una presunción absoluta de inclusión de cada ser humano en el maravilloso plan de Dios para la vida de todos los hombres. Sin embargo, que alguien le diga a Esaú que Dios tuvo un maravilloso plan para su vida, o que se lo diga a Faraón, a Judas Iscariote, a los habitantes de Sodoma y Gomorra, a los amorreos, jebuseos, moabitas o a los millones de seres humanos que fallecieron durante el diluvio.

La premisa mayor equivocada conduce ineludiblemente a una conclusión errónea. Si Jesucristo murió por toda la humanidad en general, sin excepción, su sacrificio expió todos los pecados de toda la humanidad. En consecuencia la salvación sería un acto universal y el infierno no sería el destino para ningún ser humano. Pero hay quienes tienen fe sin conocimiento, lo cual constituye una superstición religiosa.

Es deber de cada predicador nutrir a su audiencia con el debido conocimiento de lo que enseña. Si se predica a Cristo crucificado se ha de enseñar el alcance y propósito de la expiación. Así también lo ha hecho Dios como el Divino Pedagogo que nos mostró desde Génesis hasta Apocalipsis el significado de la cruz, de la redención, de la gloria del Hijo, de su misión en el amor al mundo. ¿Cuál mundo? - se preguntan muchos; el que incluye gentiles y judíos amados desde antes de la fundación del Cosmos, desde antes de que Adán pecara.  Jehová le dijo a Jeremías que le daría pastores de acuerdo a Su corazón, para que nutrieran al pueblo según el conocimiento del Señor, de su palabra y del significado de la misma. 

Conocidas son a Dios todas las cosas desde el principio, lo cual supone la infalibilidad de los eventos que han de ocurrir. Negar esta presciencia es suponer débil el carácter de Dios o hacer que las promesas divinas lleguen a ser demagogia absoluta. Dios no es una deidad miserable sino que es el Todopoderoso que hace como quiere. El Dios que puso a un rey como un buey es capaz de volver el corazón del más poderoso ser humano hacia lo que Él desea. ¿Quién conoce el futuro? Si usted no lo conoce es porque no es Dios, pero el Creador de todo cuanto existe sí que lo conoce. Dios llama a todos los falsos dioses del mundo a que prueben si ellos son Dios; solamente Él es quien declara el fin desde el principio, el que llama las cosas que no son como si fuesen. Ellos no conocen nada, porque no son nada (ese es el dictamen divino).

Los demonios hacen decir que Dios dice tal o cual cosa, pero ellos no saben nada; así son todos los que anuncian profecía de su propia inspiración. Prueben que ustedes son Dios: díganme lo que va a suceder, es el test de Dios el Creador. Así se burla Dios de todas esas falsas deidades, de la estupidez humana que adora a semejantes ídolos. El hombre perdido está lleno de locura y de contradicción en aquello que adora o que espera. Porque el hombre adora a la criatura antes que al Creador, un principio que hace al hombre como medida de todas las cosas; por esta razón Dios deshonra lo más preciado que tiene la humanidad (su propio cuerpo) entregándolos a que hagan cosas contra natura (Romanos 1).

La verdad es algo que se nos ha dicho desde antes en proposiciones. De lo que Dios ha dicho nada ha faltado, ni una jota ni una tilde. La exactitud de sus profecías son matemáticas por exactas, asunto que no es por aproximación estadística sino de dimensión absoluta. Dios conoce cada cosa (omniscientemente) por anticipado (no por mirar en el túnel del tiempo) por cuanto hace el futuro. No es un Dios con muchos futuros posibles, ya que tal idea implicaría un ser débil, alguien ignorante que debe averiguar lo que haya de ocurrir. La sabiduría de Dios no tiene límites (Salmo 147:5); ¿cómo puede alguien tener infinito entendimiento si le queda información por averiguar? ¿Cómo pudo Dios crear semejante universo si careciera de conocimiento? Hubiese tenido que intentar una y otra vez su creación de todas las cosas, por la ley del ensayo y error. Dios tiene un poder enorme guiado por el conocimiento y la sabiduría que se refleja en todo lo que ha creado. Esa es la razón por la que todas las cosas trabajan para bien de todos aquellos que Dios amó desde siempre: conoció de antemano, predestinó, llamó, justificó y glorificó (Romanos 8:28-30). Todo descansa en el conocimiento previo que tiene Dios y en su predestinación de los elegidos (y la preordinación de los réprobos en cuanto a fe), ya que no puede haber dos llaveros para las puertas del Hades y la muerte, uno de Cristo y otro de Lucifer. Todo es de Dios (aún al malo hizo Dios para el día malo), de manera que es erróneo y blasfemo decir que el diablo controla la vida y la muerte de los suyos y Dios por otra parte se ocupa de su pueblo solamente. La visión de Pablo es holística y presume a un Dios creador Omnisciente, Todopoderoso, que hace siempre lo que quiere y como quiere, quien además no da cuentas a nadie de lo que hace. Dios no responde ante nadie ni tuvo consejero para que le demande por lo que haya hecho; el descanso del creyente se apoya en el carácter plenipotenciario de su Dios. La cadena de oro, como ha solido llamarse a los eslabones del recorrido de la salvación, tiene cinco pasos en este texto de Romanos 8. Es lo que se ha  llamado también como el ordo salutis por muchos teólogos; Isaías 41:21-29 también nos habla de algo parecido pero desde una perspectiva opuesta. Es el anuncio de una predestinación de exilio, de un rey que vendrá (tal vez Ciro), pero que tendrá un final feliz para este pueblo infiel de Dios. Grande gracia y redención fue profetizada por Isaías, para destruir la locura de su pueblo que se había ido tras los ídolos, pero para demostrar que el verdadero Dios conoce el futuro.                 

Este texto de Isaías nos habla de un conocimiento previo de Dios respecto a lo que le acontecería a su pueblo. Dios desafía a los ídolos para que adivinen el futuro, si es que pueden; pero los pregoneros del Teísmo Abierto -un sistema teológico que recoge la idea de un Dios que tiene muchos futuros posibles- parecieran ser partidarios de un Dios como un ídolo incapaz de conocer con certeza el futuro. Estos teólogos del teísmo abierto creen que el futuro es imposible por cuanto la cantidad de seres humanos supone múltiples posibilidades simultáneas que ni Dios puede conocer o llegar a predecir. Claro está, este sistema teológico se basa en el libre albedrío, la enfermedad del Pelagianismo contemporáneo. Si hay libre albedrío no puede haber ordo salutis, ya que la omnipotente libertad humana ata a Dios de manos y pies para que no actúe libremente. Las profecías han sido un acierto basado en la gracia humana preventiva, una cualidad que le permite a Dios acertar a pesar de la voluble característica de la voluntad humana.

El absurdo de tal creencia nos puede llevar a la inferencia de una salvación prevista en los corazones humanos (concebida por el hombre antes que por Dios), situación que aprovecha el Dios de la Biblia para robar impunemente la idea de un Redentor que es anunciado a sus profetas como si fuese su propia concepción. Como Dios sabía que iba a existir un Judas Iscariote traidor profetizó que eso ocurriría; como también supo que vendería al Señor por treinta piezas de plata profetiza tal evento y se le cumple. El Teísmo Abierto niega el orden de salvación como lo describe la Biblia, de manera que la Escritura habrá de ser releída y reinterpretada cada vez que se pueda, ya que depende siempre el final de todo de la voluble libertad humana.

De allí que se orqueste bien con la teología de Arminio, un paraguas que agrupa todo el  humanismo posible, porque donde quiera que exista libre albedrío habrá decisión humana independiente de la voluntad divina. De otra forma, aseguran ellos, ¿cómo podría el hombre ser declarado responsable si no fuese libre la criatura? Esto no es más que la objeción vieja levantada en el libro de Romanos capítulo 9, donde el objetor se pregunta por el destino del pobre Esaú a quien Dios odió aún antes de ser concebido y quien no sería culpable de nada por lo irresistible de la voluntad divina. ¿Por qué, pues, Dios inculpa? Bien, para el arminianismo Dios también tendría un maravilloso plan para la vida de Esaú y aún para la vida de Judas Iscariote, pero ambos seres despreciaron la oportunidad de oro y se perdieron por su propia cuenta. Eso es más o menos lo que declara Spurgeon en su sermón Jacob y Esaú, en tanto teólogo que se revuelve y se contraría contra toda aquella persona que coloque la sangre del alma de Esaú a los pies de Dios. Pues bien, el señor Spurgeon parece haber olvidado que fue la Persona del Espíritu Santo quien colocó la sangre del alma de Esaú a los pies de Dios, al decir que Dios lo odió aún antes de que hiciese bien o mal. ¿Será que el príncipe de los predicadores también blasfemó contra el Espíritu Santo por causa de la defensa de Esaú? Revolt es el término inglés usado por el predicador Spurgeon, para indicar que su alma se rebela, se disgusta, toma acción violenta contra el que pretenda colocar la condenación de Esaú a los pies de Dios. Es decir, su alma se rebela contra el Espíritu Santo, se disgusta contra el Espíritu Santo, toma acción violenta contra el Espíritu Santo. Tan lejos llegó como su admirado maestro del arminianismo, John Wesley, quien declaró que Dios era peor que un tirano, peor que un diablo, si hiciese cosas como predestinar y condenar a priori.

Una premisa principal errónea conduce a una conclusión equivocada, así de simple es la lógica de Dios, el Logos eterno e inmutable.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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