Lunes, 09 de abril de 2018

La teología no es un vacío, es el estudio acerca de Dios de acuerdo a las Escrituras. Por ese estudio podemos llegar a comprender que el eterno consejo de Dios  busca su propia gloria. El demuestra y refleja siempre su gloria en muchas formas y maneras, al ordenar cada cosa que ha de acontecer. Sus decretos son sus propósitos eternos e inmutables. Imposible es frustrar alguno de sus deseos o dictámenes, ya que lo que ordena acontece inevitablemente. Dios no se arrepiente de sus decretos, de manera que todo cuanto ha ordenado manifestará su gloria. Su gloria es demasiado importante para Él por lo cual no la da a nadie más. Aún un pájaro cuando cae a tierra lo hace por la pura voluntad de Dios (aunque a nosotros nos parezca que es natural que el ave caiga cuando está abatida).

Y lo más importante, Dios no se ha olvidado de su obra, no la ha dejado como un reloj con cuerda para que ande sola y en forma automática. Aún los cabellos de nuestra cabeza están todos contados y Él sabe su número; los días de nuestra existencia están ya puestos en un molde del que no pueden huir. Lo que está escrito en el libro respecto de nosotros se cumplirá a la perfección.

Con la elección Dios escoge a los que habrán de ser salvos, con la reprobación Dios deja a un lado a un grupo de la humanidad y no los redime. En ambos casos Dios lleva toda la gloria, sea que por un lado haga vasos de misericordia y que por el otro haga vasos de ira. En unos muestra su amor y en otros su odio por el pecado; con los réprobos Dios exhibe su ira y justicia por la eternidad. Escogió al  Faraón de Egipto para ese propósito, para que se enseñe en toda la tierra la fuerza de su poder y lo imposible de resistir a su voluntad.

Los que hemos sido apuntados para salvación tenemos la esperanza de la redención final, pero los que fueron señalados como réprobos, de acuerdo a la figura de Esaú -odiado por Dios aún antes de ser concebido, antes de hacer bien o mal- morirán sin esperanza alguna. A éstos también Dios les envía un fuerte engaño teológico para que crean en la mentira y perezcan. Estos son también parte del grupo de los que dirán en el día final: pero Señor, nosotros hicimos señales en tu nombre y expulsamos demonios en tu nombre. Ellos alegarán su religiosidad y su carencia de pecados sociales vistosos, pero el Señor les dirá que nunca los conoció.

En cambio, los elegidos fueron conocidos por Dios; es decir, fueron amados. Recordemos que en la Biblia se habla de conocer también en el sentido de tener comunión íntima con alguien. No se trata sólo de conocer en forma cognitiva sino de tener comunión por amor. De allí que Pablo haya escrito en Romanos 8 que a los que antes conoció a éstos también predestinó... Cuando los que hemos sido elegidos somos también llamados por Dios, somos convertidos y enseñados por el Padre, el cual nos introduce en un proceso de aprendizaje en la vida cristiana. Muchas cosas aprendemos en nuestra peregrinación, cosas útiles en cuanto a doctrina y en cuanto al conocimiento del Señor. Pero eso no sucedería de esta manera si Dios no hubiese cambiado el corazón de piedra por uno de carne, si no nos hubiera dado un espíritu nuevo.

El que hayamos de cuidar nuestra salvación con temor y temblor no implica que la vayamos a perder. El que existan un sinnúmero de admoniciones de parte del Señor para que no miremos atrás, para que no caigamos en tentación, no implica que alguien nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús. No nos ha puesto Dios para ira sino para salvación. Un caso terrible en la iglesia de Corinto nos demuestra el sentido de lo que tratamos de decir. Pablo recomienda expulsar a ese perverso para que sea entregado a Satanás, a fin de que opere la destrucción de su cuerpo carnal pero que su espíritu pueda vivir en el día final. Sabemos que en una nueva carta el apóstol recomienda incorporarlo a la iglesia porque ya había aprendido lo suficiente por haber sufrido por causa de estar fuera de ella.

El mismo apóstol habló de los materiales con los cuales construimos sobre el fundamento. Al final de todo el camino la obra de cada uno será pasada como por el fuego, y los que edificaron con heno, hojarasca y madera verán su obra destruida, si bien los mismos serán salvos como del fuego. Pero esta lección nos muestra algo muy importante para no pasarlo por alto, nos dice que la razón de que su espíritu vivirá el día final se debe a que edificaron sobre el fundamento que es Cristo, la piedra angular. En cambio, aquellos a quienes el Señor les dirá que nunca los conoció son los que edificaron con oro o madera, con piedras preciosas u hojarasca, con materiales nobles o heno, pero sobre otro fundamento.

Estos son los herejes, los falsos maestros, los falsos pastores disfrazados de corderos, todos sus seguidores engañados que también han tropezado como ellos en la roca que es Cristo y esa roca les ha caído encima. Porque ciertamente se puede hacer un edificio con materiales resistentes y sobre la arena, pero cuando venga la tormenta caerá y se perderá. Eso acontece con aquellos que no están cimentados en la roca que es Cristo, los que tuercen las Escrituras para su propia perdición, los que les dicen bienvenidos a los que pervierten el evangelio,  considerando como hermanos en la fe a quienes no traen la doctrina del Señor. Estos no viven en la doctrina del Señor y por lo tanto siempre cargan a cuestas su propia justicia ante Dios. Ellos están persuadidos de que hacen algo para colaborar con su redención, lo cual pisotea la obra perfecta del Señor. Ellos tuvieron una buena voluntad para aceptar ese evangelio universalista y democrático, el evangelio que dice que Jesús murió por todo el mundo sin excepción, que quitó todos los pecados de todos los hombres, que reconcilió a cada uno de los seres humanos con el Padre, pero que lo que en realidad sucedió fue una salvación potencial que depende de la buena voluntad del hombre.

Un hombre que ha sido definido en la Escritura como muerto en delitos y pecados, como quien no busca al verdadero Dios, como malo en gran manera; un hombre a quien le parece locura el evangelio de Cristo, que no tiene la capacidad de discernir espiritualmente y que es el que debería aceptar esa oferta de una redención ya hecha. Pero olvidan hábilmente los que así creen que Jesús no rogó al Padre por el mundo que iba a condenar, por lo cual no murió por ninguna de las personas que componen ese mundo. Solamente murió por el mundo que el Padre amó de tal manera que le envió a Su Hijo, de acuerdo con las Escrituras (Mateo 1:21; Juan 17:9; Juan 3:16).

Los réprobos tienen una función de relación con los creyentes, así como el Faraón tuvo una relación dura con los israelitas. Nos pueden hacer la vida miserable, nos pueden atormentar nuestra existencia solamente por estar compartiendo con ellos. ¿Cuánto más miserable no habrá de ser el trato entre dos personas que no anden de acuerdo, los que están en yugo desigual con los infieles? Los réprobos no tienen amor por la verdad porque nunca la han comprendido, por lo cual Dios les envía un poder de engaño muy fuerte para perdición.

¿Pero acaso es Dios injusto por enviarles un espíritu de engaño a quienes Él mismo ha dejado como vasos de ira? En absoluto, porque los que se acercan al evangelio pero no son llamados eficazmente tuercen las Escrituras cuando les parecen duras de oír. Allí se manifiesta que no quisieron oír la verdad, la cual está en forma plana en la Biblia, porque les parece locura. Ante sus ojos lo que existe es una gran parábola de Dios que no pueden interpretar adecuadamente, porque la palabra divina ha de ser digerida espiritualmente (con el Espíritu de Dios).

El pueblo de Israel estaba regido por los jueces y era una teocracia de acuerdo a lo que uno lee. Pero ellos se cansaron como lo hicieron sus antepasados con Moisés, cuando querían volver a Egipto; ellos se cansaron del maná y Dios les envió codornices; ahora querían rey como los demás pueblos. Y Dios les mandó a Saúl, ungido por Samuel y profetizando con otros profetas. Eso que parecía muy sano por cuanto Samuel lo había ungido de parte de Jehová, vino a ser una ilusión destructiva para el pueblo que padeció enormemente por causa de ese rey. Aún la familia de Saúl fue una desgracia en gran medida, aunque todo venía de Dios y eso fuera interpretado como una buena señal.

Es insano ver a un réprobo pelear contra Dios como insano ha sido ver a Lucifer querer ser como su Creador. Más insano aún fue cuando Satanás le pidió a su Creador que lo adorara (en el desierto, cuando le ofreció a Jesús los reinos de esta tierra). El réprobo en cuanto a fe es una carga para el creyente, pero como ellos no tienen una marca en la frente como la de Caín no podemos distinguirlos de inmediato. Los vemos solamente como no creyentes o como falsos creyentes pero a ellos también les anunciamos la orden divina de arrepentirse y creer en el evangelio. No nos toca a nosotros arrancar la paja y las espigas de trigo, pero en muchas ocasiones sentimos lo mismo que sintió el apóstol Judas de acuerdo a su carta: Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los cuales desde antes habían estado ordenados para esta condenación, hombres impíos, convirtiendo la gracia de nuestro Dios en disolución, y negando a Dios que solo es el que tiene dominio, y a nuestro Señor Jesucristo (Judas 1:4).

Los réprobos en cuanto a fe tienen una ceguera espiritual ordenada por Dios, con la finalidad de esparcir sus herejías (porque aún al malo hizo Dios para el día malo -Proverbios 16:4). De manera que esos falsos maestros no son casuales ni ocurren por accidente sino que son enviados de acuerdo a un plan eterno del Creador. Pero aparte del ejercicio del poder y de la sabiduría de Dios mostrados a través de ellos, han sido puestos también para que nos ejercitemos en la verdad, para que probemos los espíritus para ver si son de Dios. La regla fundamental dada por el Señor es sencilla: el árbol bueno, como el buen hombre del buen tesoro de su corazón, da frutos buenos; el árbol malo, como el mal hombre del mal tesoro de su corazón, da frutos malos. Cada árbol es conocido por sus frutos, no cogen higos de los espinos ni uvas de las zarzas. Porque de la abundancia del corazón habla cada boca (Lucas 6: 43-45).

Con eso en mente podemos probar la doctrina que trae cada persona que dice ser creyente, de manera que siempre confesará de la abundancia de su corazón. Allí se demostrará si su doctrina es conforme a la doctrina del Padre, enseñada por Jesucristo, a la doctrina del Hijo que es la misma del Padre, a la de los apóstoles y a la de todos los escritores usados por Dios para inspirarles las Escrituras. Y si no hay coincidencia es porque no les ha amanecido Cristo.

Y en cuanto a los elegidos de Dios diremos lo que Pablo ya escribió: Mas nosotros debemos dar siempre gracias a Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salud, por la santificación del Espíritu y fe de la verdad (2 Tesalonicenses 2:13). Un grupo implica al otro, si Dios escogió a unos para salvación se deduce que a los otros no los escogió para salvación. Entonces, ¿para qué escogió a ese otro lote que dejó sin salvación? Evidentemente que los escogió para reprobación. La figura bíblica puede ser variada, puede decir que Dios soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para muerte para mostrar su ira y su poder. Pero por el solo hecho de escoger a unos para vida eterna se desprende que los no escogidos para tal fin fueron dejados para muerte eterna. Y Pablo lo reafirma en la figura del amor de Dios por Jacob y del odio de Dios por Esaú, aún antes de que hicieran bien o mal (antes de que nacieran, incluso, antes de ser concebidos). Y es que la salvación es por gracia y no por obras. Nos queda una vez más decir las palabras de Jesucristo: Así, Padre, porque así te agradó.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 11:31
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