Viernes, 06 de abril de 2018

Dios nos escogió por el puro afecto de su voluntad y dejó a otros sin esa bendición, más bien los endureció y los reprobó. Estos son los que no fueron escogidos para salvación, pero de igual forma en ellos prevaleció la intención del Creador de segregarlos, de dejarlos por fuera. Así también se afirma respecto a Esaú, un personaje odiado por Dios aún antes de ser concebido. Y no fue por la mala obra de Esaú que fue condenado sino aún sin obras ni buenas ni malas. Esto se ha escrito en la Biblia para demostrar que la elección para salvación es por pura gracia y amor, pero para decir igualmente que la condenación corresponde también al deseo de Dios. Ninguna de esas dos acciones divinas se dice que es por obras sino solamente por la actividad del Alfarero.

Esta es una forma de conocer a Dios tal como está descrito en eso que llamamos la palabra de Dios. Muchas personas toman conciencia de esta realidad y reaccionan de muchas maneras. Tal vez la más común es decir que eso no es justo, que Dios no puede ser el autor del pecado, que semejante Dios es más bien un Tirano. Bien, tal vez usted diga como aquellos que alegan que Abraham era su padre; tal vez agregue que el Dios que usted conoce y al que sirve es un Dios que por definición es amor, que envió a su hijo a morir por toda la humanidad sin excepción. Ese dios bueno nos da a todos los seres humanos al menos una oportunidad para tomar la decisión de seguirlo o de rechazarlo, en virtud de que eso sí que es justo. De otra manera ¿cómo podríamos llamar a Dios justo si arbitrariamente escoge a quien se irá con Él y a quien se irá tras el enemigo de las almas?

Bueno, digamos que siendo esas las principales objeciones, los defensores de esa teología humanista trabajan sin descanso para forzar los textos de la Escritura. Así, esperan convencerse como maestros y de una vez instruir a sus discípulos de que no hay otra forma de leer la Biblia. Pero uno se pregunta cómo será posible que el Hijo de Dios haya dicho varias veces que nadie puede ir a él si el Padre que lo envió no lo trajere. Que igualmente haya dicho que todo, absolutamente todo, lo que el Padre le da a él vendrá sin duda alguna, y al que a él viene no lo echa afuera.

También tenemos que estar pendientes de la oración de Jesús la noche previa a su muerte. El oraba al Padre para agradecer por los que le había dado, pero dijo expresamente que no rogaba por el mundo. ¿Se imagina usted a un Dios de amor que rehúsa pedir por el mundo? ¿Cuál sería esa razón por lo que antes de morir no quiso rogar por todo el mundo sin excepción? Recordemos que el propósito de su venida era salvar a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21). En realidad Jesús puso su vida por muchos (no por todos, como bien lo declararon los profetas: Cf. Isaías); de cierto habrá una gran multitud de redimidos que el hombre no puede contar a simple vista, pero también habrá una multitud de reprobados.

¿Y cómo sabe Dios? ¿Hay conocimiento en el Altísimo? ¿Será Él un Adivino eterno? Dios conoce porque ha hecho una preordinación de todo lo que acontece, sin necesidad de mirar en el túnel del tiempo, ni en una súper bola de cristal para averiguar lo que hay en el corazón del hombre. Los réprobos siguen al anticristo, son anticristos, intentan reemplazar al Cristo de la Biblia o ponerse en su contra.  Imagine por un momento si Dios tuviera que averiguar lo que habrá de suceder en el corazón del hombre, en un punto determinado de la historia. Ese solo hecho implicaría que antes de averiguar lo que allí acontecería no sabía ese determinado descubrimiento, entonces Dios no sería Omnisciente. Además, ¿quién le garantiza a Dios que aquello que ha averiguado se va a cumplir de una manera absoluta, de tal forma que lo que profetice tenga realización completa en el tiempo? El hombre es voluble, de manera que si por su voluntad fuese, nada se mantendría de acuerdo a los propósitos humanos.

Si Dios mirara el futuro para consultarlo se convertiría en un plagiario del hombre. Dios se copiaría las ideas de los corazones humanos y se las daría a sus profetas para que las escribieran como sus propias profecías. Pero el Dios plagiario desconoce cosas y está deseoso de que aquello que predijo se cumpla; con razón el dios de los arminianos ruega todavía desde la cruz a la espera de un alma caritativa que lo acepte. Cuando ese Cristo colgado e impotente voltea su mirada ve el infierno eterno como un gran monumento a su fracaso en el madero. Además, debe estar arrepentido de no haber rogado por el mundo la noche antes de su sacrificio (Juan 17:9).

El relato que nos da cuenta del parlamento entre Jehová y Moisés cuando éste fue enviado para rescatar a su pueblo de manos del Faraón de Egipto, permite vislumbrar el propósito del Creador en esta tarea. Quiso Dios demostrarnos que Él había endurecido el corazón del Faraón, que para ese mismo propósito lo había levantado, para exhibir su gloria (la de Jehová) por sobre toda la tierra. Más tarde, Pablo escribió acerca de ese relato y dio a entender que Faraón era un vaso hecho por Dios para deshonra. Existen los vasos de ira y los vasos de misericordia, los de deshonra y los de honra, los de desgracia y los de gracia. El Alfarero es el Creador de todo cuanto existe, lleva toda la gloria de lo que ha hecho. Incluso los que se pierden exhibirán la gloria de su ira y justicia por siempre, de manera que los creyentes en esta tierra somos para Dios grato olor en Cristo, en los que se salvan olor de vida y en los que se pierden olor de muerte. Pero en ambos casos somos grato olor.

Dios no se arrepiente de lo que ha hecho ni lo ha ocultado como algunos de los falsos maestros pretenden hacer en sus iglesias o sinagogas. Ellos cuidan de guardar las palabras de la elección soberana de Dios, del endurecimiento a Faraón, del odio a Esaú; ellos alegan contextos distintos a los relatados, sacan textos de sus líneas e hilvanan un contenido de ficción. En realidad lo que hacen es configurar a un dios a su imagen y semejanza, de manera que la grey no se desentienda de ellos y se retiren murmurando como aquellos hombres que dijeron dura es esta palabra, ¿quién la puede oír?  (Juan 6:60).

Anunciar todo el propósito de Dios ha de ser la tarea de un verdadero maestro de la Biblia, sin esconder ni uno de los puntos trascendentes que están en ella. Un falso evangelio no conduce a la vida eterna, más bien es un camino de muerte. Por más que el falso evangelio anuncie cosas verdaderas, porque en algún momento sus maestros leen la Escritura, siempre buscará que se interprete de acuerdo a una concepción torcida. La palabra de Dios debe ser honrada en todo tiempo, mal trabajo hacen los que evitan textos y los que tuercen otros para interpretar en forma privada.

Siempre está el argumento que habla a favor de los ¨hermanos¨ que no pueden entender esas cosas de teología elevada; pero algo debemos preguntarnos: ¿Si Dios quiso incluir estas cosas en la Escritura, acaso no es deber de cada quien el leerlas y el estudiarlas? Fue el mismo Señor quien indicó que convenía escudriñar las Escrituras por dos razones: 1)Porque ellas dan testimonio del Señor; 2) Porque a nosotros nos parece que allí está la vida eterna. Moisés dio una ley escrita y ordenó escribir algunas cosas en los vestidos, en los dinteles de las puertas, para enseñarlas por siempre a los descendientes y para recordarlas. No le importó si algunos de entre la congregación no supieran leer ni escribir, eso era asunto de cada quien. Dios no salva de acuerdo a la sociología de cada cual, simplemente salva y cuando lo hace da pleno conocimiento de la verdad de Jesucristo en el escogido.

No hay tal cosa como un redimido que no haya sido enseñado por Dios. Eso objetaría la Escritura que ha afirmado que seríamos enseñados por Dios para ir a Cristo. Dios es el que enseñó al ladrón en la cruz cuando iba a morir al lado del Señor; fue Él mismo quien lo instruyó. Por esa razón reconoció quién era Jesucristo, que vendría otra vez en su reino, que padecía como un hombre justo sin pecado alguno, en fin, reconoció que moría por él. No moría por su compañero del otro lado del madero, pero sí lo hacía por él. Por eso recibió tremenda promesa, la de estar con el Señor ese mismo día en el Paraíso. Allí se nos afianzó la teología de la vida que nos sigue después de la muerte para toda la cristiandad: que inmediatamente después de morir estaremos con el Señor, lo cual es muchísimo mejor.

Cuando se nos dice en la Biblia que hemos de arrepentirnos y creer en el evangelio, se nos está sugiriendo que cambiemos de mentalidad en relación a Dios. Dios no es el que los falsos maestros han enseñado en sus sinagogas; el Cristo del otro evangelio es uno que murió por el mundo que dejó por fuera en su oración al Padre. Ese no es el Dios de la Biblia, por eso tenemos que cambiar de mentalidad (metanoia-arrepentimiento) y buscar quién es en realidad el Dios de las Escrituras. Usted puede tener arrepentimiento de sus errores como pecador y clamar ante un dios que no puede salvar, y eso de nada le sirve. Por eso conviene cambiar de mentalidad respecto al dios del extraño y cotejarlo con el Dios que la Biblia nos anuncia.

Es un deber de cada quien acercarse a averiguar lo que dice el texto y alejarse de aquellos que lo tuercen para su propia perdición. Esos falsos maestros y falsos pastores son como Balaam, que por un poco de ganancia silencian la profecía, cambian las letras y declaran paz a sus feligreses cuando lo que hay es guerra contra Dios. A esos falsos pastores que son asalariados no les preocupa el debilitamiento de las ovejas, porque ellas no les son propias; a ellos les ocupa su ganancia y huyen cuando ven venir el lobo. Pero en realidad huyen a su propio refugio, para evitar una herida particular, ya que conocen la voracidad del lobo. No obstante, de lejos, son amigos de esa fiera a la cual sirven.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 11:37
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