Martes, 09 de enero de 2018

La seguridad de la salvación es un tesoro que acompaña a cada creyente. Saber que uno es salvo implica conocer en quien se ha creído. No es posible ser salvo y tener dudas de la salvación, ya que Jesucristo señaló que era imposible para la oveja seguir al extraño. Dado que el Buen Pastor va delante de sus ovejas, y a todas ellas llama por sus nombres, todo creyente sigue al Buen Pastor que dio su vida por cada uno de los elegidos del Padre. Si la oveja no sigue más nunca al extraño, porque desconoce su voz, se implica que sigue al Buen Pastor. No hay tal cosa como una actitud neutra en la que el individuo ni sigue al extraño ni sigue al Buen Pastor.

A esto se conoce como la actitud binaria del Creador. Él todo lo hizo desde un primer momento, todo lo ordenó de acuerdo al propósito de su voluntad. Por lo tanto hay ovejas y hay cabritos, hay predestinados para vida eterna y ordenados para perdición eterna. El mismo Dios que muestra misericordia y redime es el que endurece los corazones y condena. Con esto la Biblia ha señalado una y otra vez que la salvación es toda de pura gracia y no deja terreno para las obras humanas. No hay tal cosa como una salvación a medias o una redención compartida entre la gracia y las obras. Cualquier esfuerzo humano que se haga implica que no se sabe en quién se ha creído.

Pablo estaba seguro en quién había creído, por lo cual sabía que Dios era capaz de mantener la promesa hasta el final. La redención del apóstol estaba asegurada por el que había hecho la promesa y por quien había cumplido todos los parámetros de la justicia de Dios.  Jesucristo fue el único que pudo cumplir toda la ley sin quebrantarla por lo cual fue llamado la justicia de Dios. Jesucristo llegó a ser en consecuencia nuestra Pascua.

Gracias a esa Pascua Dios pasó por alto el juicio en contra que se nos venía, porque éramos por naturaleza hijos de la ira, lo mismo que los demás. Cuando fuimos llamados de las tinieblas a la luz, a través del mensaje del evangelio de Cristo, tuvimos conciencia de nuestra redención. De igual forma conocimos que era imposible para nosotros el alcanzar por mérito propio semejante redención. Por esa razón estuvimos seguros y ciertos en la persona y el trabajo del nombre en quien creímos. Para el creyente no hay un si acaso o un ojalá, sino que todas las cosas prometidas por el Padre son un sí y un amén en virtud del que ha hecho todas las cosas posibles.

Tenemos un conocimiento espiritual que asegura nuestra fe. El que conoce a Jesucristo cree en él y en toda su gracia. La salvación implica un espíritu nuevo que es capaz de amar al Señor por sobre todas las cosas y por sobre todos los demás. El Padre es quien enseña a la oveja para que acuda al Buen Pastor, de manera que el Espíritu nos es dado como garantía de la redención y como el Tutor que nos lleva a toda verdad. Por esta razón resulta más que imposible que aquella enseñanza y aquella revelación nos confundan, nos lleven a la inseguridad, ya que nuestra salvación no fue nunca el producto de un trabajo nuestro.

Pablo estaba persuadido por el Espíritu de Dios y por el conocimiento impartido de que Dios era capaz de mantener el depósito para el día final. ¿Cuál depósito? No sus obras, que no sirven de nada en la redención, pues si bien lo que hacemos como siervos inútiles lo hacemos. Es el depósito de su gracia en nosotros, en cada uno de los creyentes redimidos por su amor; ese depósito nos será guardado hasta el final, de manera que no cabe la duda en esta vida terrenal en cuanto a la redención.

Si la salvación no es por obras, para que ninguno se gloríe, tampoco habrá de angustiarse el redimido por cuanto no hubo parte suya en ninguna manera. Y si hubiere duda sería en cuanto a la capacidad del Redentor, pero eso no sería posible en el creyente. Saber en quién se ha creído implica conocer al Señor y entender su amor por los elegidos del Padre. El extraño es aquel que enseña un evangelio diferente, el que educa para la caída, el ciego guía de ciegos. El extraño es el falso maestro, el mal pastor, el del otro evangelio. Jesucristo nos aseguró, de acuerdo a lo escrito en el evangelio de Juan capítulo 10, que sus ovejas ya no oyen la voz del extraño. Nos dijo que ya no seguiríamos a ese extraño porque no conocemos su voz; más bien seguiremos al Buen Pastor que puso su vida solamente por las ovejas.

Y es que Jesús no rogó por el mundo que pertenece al extraño, sino que rogó solamente por los que el Padre le dio. El no perdió su tiempo con vanas palabrerías ni con vanos ruegos, como si pudiese persuadir al Padre para cambiar su voluntad. Más bien él demostró que era uno con el Padre en cuanto no contrarió la voluntad de Él. Por esta razón estamos seguros de que ni la muerte, ni la vida, ni ninguna cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús. Ese amor implica la seguridad de la salvación, la cual no depende de obra de hombres como cosa imperfecta sino de la perfección del trabajo de Jesucristo en la cruz.

Tetélestai fue la frase dicha por Jesús antes de expirar: Consumado es. Ya todo estuvo acabado en ese momento de tal forma que no falta nada por añadir. Y si lo que es perfecto no admite añadidura ¿para qué esforzarnos por añadir lo indeseado? El acta de los decretos que nos era contraria fue clavada en la cruz del Calvario para nuestro beneficio. Fuimos declarados justos en la justicia imputada de Jesucristo, a cambio de haber él llevado el pecado de todo su pueblo. Esa permuta nos favorecía en gran medida, por lo cual ganamos plenamente con el trabajo de Jesús.

Su nombre significa Jehová salva como se lo dijo el ángel en la visión que tuvo José el carpintero. Habría de llamarlo Jesús porque él salvaría a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21). Es lógico y coherente que ese mismo Jesús no rogara por el mundo sino solamente por su pueblo (Juan 17:9). Esa es la seguridad de nuestra redención, que en Dios no hay demagogia ni falsas esperanzas sino una seguridad eterna por cuanto no depende de nosotros sino del trabajo perfecto del Hijo de Dios. Al estar todo consumado no queda más por añadir.

Para conocer a Jesús es conveniente escudriñar las Escrituras. Sí, así lo dijo él mismo al recordarnos que cometeríamos un error ignorando lo que ha sido escrito acerca de ese Mesías que vendría al mundo a redimir a su pueblo de sus pecados. Esa es la buena noticia para las ovejas, ese es el buen anuncio proclamado por los ángeles respecto al nacimiento del Salvador. El niño que nos fue dado no se quedó en pañales sino que se hizo un hombre maduro capaz de llevar a cabo su tarea encomendada. Jesús sufrió una muerte tormentosa por causa de los pecados de su pueblo, resucitó al tercer día como estaba previsto y está en los cielos a la diestra del Padre. Volverá algún día por su iglesia, pero entretanto los que mueren creyendo en su nombre no pasarán a condenación sino que tienen vida eterna. Esa vida eterna comienza ahora en nosotros, pero continúa aún en medio de la muerte. No en vano el Señor le dijo al ladrón redimido que estaría ese mismo día con él en el paraíso. Asimismo Pablo aseguraba que el morir era ganancia, pues era mejor partir para estar con el Señor cara a cara.

César Paredes

[email protected]

destino.blogcindario.com


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 12:41
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios