Viernes, 22 de diciembre de 2017

Fue dicho en las profecías o por los profetas que seríamos enseñados por Dios. De esta forma, todo aquel que haya escuchado y aprendido de parte del Padre vendrá a Jesucristo (Juan 6:45). Los falsos profetas también enseñan pero lo contrario, que lo bueno es malo y lo malo bueno, proponen una doctrina impura que ilusiona a las mayorías y con ese peso de cantidad pretenden acallar la verdad. Son como las colas de los perros que se mueven ante sus amos, como también fue escrito que el profeta que enseña falsedades es la cola de otro mayor (Isaías 9:15).

¿Cómo puede una persona ser enseñada por Dios? Bien, no se trata de evadir el evangelio sino de comprenderlo. Recordemos que Jesús enseñó en parábolas para que oyendo la gente no lo comprendiese; el Padre enseña claramente a aquellos que desea salvar y continúa su Escritura siendo una parábola para los que están ordenados para perdición eterna. Dorcas era una mujer que atendía a las palabras de Pablo, pero no fue sino hasta que Dios abrió su corazón que ella pudo comprender el mensaje del evangelio. Ese es el paradigma de Dios, abrir el corazón para comprender a Jesucristo, pero solamente en los que Él eligió desde antes de la fundación del mundo.

En el resto de las personas -aquellos que van a condenación- el evangelio permanece encubierto. Se ha dicho que el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, pero ese dios no ha hecho nada más sino cumplir el propósito para el que fue creado. Aún al malo hizo el Señor para el día malo (Proverbios 16:4). Jesús dijo que todo lo que el Padre le daba iría a él, y el que a él va no le echa fuera. Es decir, Jesús vino a salvar a los elegidos del Padre, como bien lo demuestra su oración recogida en Juan 17:4. El rogaba por los que el Padre le había dado pero en forma muy explícita dijo que no rogaba por el mundo.

Creo que es importante llamar a lo bueno bueno y a lo malo malo. Es bueno que haya sido de esa manera, pues si el Señor no se hubiera dejado un remanente nadie sería salvo. Si toda la humanidad murió en sus delitos y pecados, si no hay quien busque a Dios (al verdadero Dios de la Escritura), ¿cómo puede el hombre acudir al Señor? No podría porque no tendría ni brújula ni fuerza alguna para hacerlo. Es malo que se diga lo contrario, que Cristo murió por cada ser humano y que hizo su parte pero que ahora le toca hacer al hombre la suya. De nuevo: ¿cómo podrá el hombre muerto extender su mano hacia la medicina?

La metáfora bíblica es absoluta, tajante, maravillosa. No hay justo ni aún uno, no hay quien busque a Dios, todos se desviaron a una, cada cual siguió su propio derrotero. Acostumbrado a hacer mal no puede el hombre hacer bien. Así de simple. Todo lo que se diga en contra es forzar el texto, ya que la Biblia plantea la gloria de Dios y no la de su criatura. El Todopoderoso es el Señor y no tiene ante quien rendir cuentas; en cambio, la criatura es endeble, pecadora, impotente para querer el bien de su espíritu. Todo esfuerzo religioso resulta vano porque trata de colocar su imagen y semejanza de lo divino como si fuese el Dios de la Escritura.

Es muy malo que alguien enseñe la doctrina de demonios acerca de la salvación condicionada del hombre, la redención como resultado del trabajo conjunto entre Dios y el pecador. Es malo por cuanto hace nulo el trabajo de Jesucristo en la cruz, ya que solamente la persona y el trabajo del Señor hace la diferencia entre salvación y condenación. Por lo tanto, la Biblia dice que los que no creen el evangelio están perdidos (Marcos 16:16), de allí que los que ignoran la justicia de Dios revelada en el evangelio están todavía sin luz en el mundo (Romanos 10:1-4). Sabemos por muchos textos de la Escritura que Dios cuando salva a alguien lo hace creer el verdadero mensaje de salvación: que Jesucristo vino a salvar a los que el Padre le dio (y no rogó por el mundo).

Dios busca siempre su gloria y no la dará a otro. En tal sentido no busquemos un redimido que yazca en la ignorancia del evangelio. No busquemos a ninguna persona salvada que comulgue con un falso evangelio. La gloria de Dios hace que sus elegidos crean la verdad y solamente la verdad, ya que es Dios mismo quien abre los corazones de los que redime para que comprendan la Escritura enviada.

Es muy malo que la gente anuncie varios evangelios, porque los que así hacen y los que les creen son considerados anatemas (malditos). Es muy malo no permanecer en la doctrina de Cristo porque eso anuncia que no se tiene ni al Padre ni al Hijo (2 Juan 9). También es muy malo hablar paz o decirle bienvenido a quien no traiga la doctrina de Cristo (2 Juan 11). Uno de los propósitos del Padre para con el Hijo es que él abra ojos de ciegos, saque de la cárcel de la ignorancia a los presos y de las casas de prisión a los que moran en tinieblas. El Señor no dará su alabanza a las esculturas (Isaías 42:6-8).

Los pecadores que llegamos a creer el evangelio de salvación no nos gloriamos en nada más que en la cruz de Cristo.  Empero, la persona que cree en una salvación general y universal, donde la criatura tiene la última palabra respecto a su destino, se jacta en algo más que en la cruz de Cristo. Esa persona se jacta en su correcta decisión, en su esfuerzo por alcanzar el cielo, en establecer que entre él y un condenado la diferencia radica en él mismo. No creer el verdadero evangelio implica creer en idolatría, en el trabajo humano que no es más que un conjunto de obras muertas. De nada le sirve su esfuerzo por años para aprender textos de la Biblia, para acudir a sus sinagogas donde se anuncia el evangelio diferente.

Jesucristo no pagó los pecados de todo el mundo, sin excepción, sino de todo el mundo de gentiles y judíos que él redimió. De lo contrario Dios estaría cobrando doble por el pecado humano. El Señor fue herido por nuestras transgresiones y no por las de Judas Iscariote, el Faraón de Egipto, Esaú y todos los que él representa. El castigo por nuestra paz fue sobre el Señor, pero no el castigo por la paz de los réprobos en cuanto a fe. Por su herida fuimos nosotros curados, pero no aquellos que no tienen su nombre escrito en el libro de la vida del Cordero, inmolado desde la fundación del mundo. El cuerpo y la sangre de Cristo fue dado como expiación de los pecados de su pueblo, a quien él vino a salvar, de acuerdo a lo dicho por el ángel a José (Mateo 1:21), pero no por los pecados de Judas ni por los de Esaú y sus semejantes.

El Señor puso su vida por sus ovejas pero no por los cabritos (Juan 10: 11,15); él dijo que los que no creían no lo hacían porque no eran de sus ovejas (Juan 10:26). ¿Cargó el Señor los pecados de Judas Iscariote, de Esaú el réprobo de fe, de los millones que se pierden eternamente en el infierno de fuego? Dios amó realmente al mundo, pero al mundo de los elegidos por los cuales el Cristo rogó la noche previa a la expiación; no amó al mundo por el cual el Hijo no rogó. Sabemos que la imputación es un cargo legal a cuenta de otro. Todos los pecados de ciertos pecadores fueron cargados a Jesucristo; pero ninguno de los pecados de los que se pierden fue cargado en el Señor. El no sufrió llaga alguna para sanar las heridas de los que se condenan. ¿Dirá usted que hay injusticia en Dios? ¿Se atreverá a decir que no hay razón para condenar, ya que nadie puede resistir a su voluntad? ¿Por qué, pues, Dios inculpa? Bien, si esa es la observación que se genera en su corazón recuerde lo que la Escritura responde ante ese planteamiento: ¿Y tú quién eres, oh hombre, para que alterques con Dios? (Romanos 9:20).

El falso evangelio asegura que el falso Cristo perdonó todos los pecados de todo el mundo (sin excepción). Así se ve más humanista, más democrático, más bondadoso. Viéndose menos injusto, ese Cristo extraño se despoja de su soberanía por momentos y espera que el pecador tome su decisión. Si el pecador le dice que no a Cristo, ese Cristo se arrepiente de haber muerto por él en vano y va edificando un monumento a su fracaso: el infierno de fuego. En realidad el evangelio de la expiación universal es una ofensa al evangelio de Jesucristo, tal como se anuncia en la Biblia.

Seguimos anunciando este evangelio porque es el único que libera, el único que entrega toda la gloria al Padre y al Hijo, el único que coloca al hombre en su sitio y hace que su alma se hu el polvo y reconozca que Dios solamente es quien controla cada circunstancia de la vida y de la muerte, del cielo y de la tierra, cada detalle que contemplamos y cad evento que acaece en nuestra historia. Definitivamente, los que tienen ojos para ver verán y los que tiene oídos para oír oirán y entenderán.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 12:40
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