S?bado, 25 de noviembre de 2017

Podemos ser rechazados por los hombres pero si somos llamados o escogidos por Dios, nada nos falta. Jesucristo es la piedra viviente, según dice Pedro, es también la roca que quebranta y aquélla que desmenuza, como lo atestiguara el mismo Jesús (Mateo 21:44). Pero Jesucristo es asimismo la piedra dejada de lado por los edificadores, la cabeza del ángulo, lo cual hace suponer que esos constructores de vida edificaron sobre la arena. Algunas personas llegan a decir que ellos no han rechazado del todo a Cristo como piedra preciosa sino que lo han percibido en una forma más pastoral que doctrinal.

Sí, hay quienes prefieren amar a ese Jesús que su imaginario concibe, los que se entregan por completo al servicio de un dios que no puede salvar. Porque hay un Jesús para cada ocasión, en especial uno que agrada a las masas, que se integra con otras divinidades, a quien ni siquiera le importa su nombre con tal de que haya corazones dispuestos a reverenciar lo que conciben como divinidad. Ese otro Jesús dicen que murió por toda la humanidad, sin excepción, tanto por Pedro como por Judas, tanto por Moisés como por Faraón.

De esta manera aseguran los portadores del otro evangelio que ellos buscan un edificio balanceado, acorde con la multiforme sabiduría humana, con el intento por siglos de la búsqueda de un dios que dé cuenta de lo que somos. Así se integran las naciones, alrededor del sincretismo religioso; un dios ecuménico que acepta a todos por igual, que comparte su gloria y que se despoja de su soberanía por momentos. Porque la mente humana intenta no desarreglarse y persiste en su intento por unificar la divinidad en la diversidad.

Pero los apóstoles jamás predicaron a un Cristo que moría por toda la humanidad, sin excepción. Más bien anotaron en los evangelios y en sus otros escritos que Jesús enfatizaba siempre acerca de su doctrina y de su trabajo. De hecho, Juan escribió que el Señor, la noche antes de su martirio, oraba al Padre diciéndole que no pedía por el mundo, sino solamente por los que le había dado (Juan 17:9). Entonces vemos piedras diferentes, la piedra que es Cristo, descrita y anunciada por los apóstoles, y la piedra que lo reemplaza, anunciada por los falsos maestros que prefieren la interpretación privada de las Escrituras.

Recordemos una vez más que el Cristo que muere por toda la humanidad sin excepción es un fracasado. De hecho, ese Cristo tiene mucha gente en el infierno de fuego dado que muchos no se han beneficiado del trabajo en la cruz. Y ese falso Cristo surgió de la imagen trazada en la madera de los árboles, o en la cera de los cerebros moldeables de acuerdo al imaginario colectivo humano. Respecto a esa otra divinidad Isaías señaló hace siglos que ese dios no podía salvar (Isaías 45:20).

No pocas personas han trocado la doctrina de Cristo por el Jesús pastoral que integra a las multitudes. Todo lo contrario a lo que el Jesús de la Biblia enseñaba, que no le importaba que la gente se retirara de a montón murmurando y diciendo que su palabra era dura de oír (Juan 6:44). De hecho Jesús desafió a sus apóstoles y les preguntó si ellos también querían irse, de manera que fue muy claro al enfatizar que enseñaba la doctrina del Padre, cuando exponía que Dios era el que había escogido a un pueblo al cual él vino a redimir. Y así también lo señaló el ángel que se manifestó a José el carpintero: porque él salvará a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21).

Ya el salmista reconocía al Cristo que vendría como la piedra que los edificadores rechazarían (Salmo 118:22). Usted puede comparar la cita de Mateo 21:42, la de Hechos 4:11, así como la del Salmo 118:22 junto a la de 1 Pedro 2: 6-8, donde todas hablan de la piedra que es Cristo. Jesucristo es comparado con la piedra principal del edificio, la más fuerte y duradera, pero al mismo tiempo la piedra rechazada por los judíos en su momento, por el resto del mundo desde siempre. Los que no creen rechazan ese fundamento, como lo hacen los que dicen creer en él pero al mismo tiempo se engañan por la mezcla que han hecho de su doctrina con la del imaginario Jesús. Así hicieron los escribas y fariseos del momento, como hoy hacen los predicadores que acomodan las palabras de la Biblia para que suenen siempre gratas a los oídos de los feligreses.

Claro que les suena duro escuchar que Dios amó a Jacob desde antes de ser concebido pero odió a su hermano Esaú desde el mismo tiempo. Algunos rechazan que Dios haya endurecido el corazón de Faraón, bajo el argumento de que Faraón se endureció a sí mismo. Pero deberían detenerse a pensar en la lógica del texto. ¿Será posible que Pablo hubiera colocado la voz del objetor en su carta a los romanos, si el texto escrito dijera otra cosa? ¿Cómo hubiera podido levantarse tal voz si Dios hubiera odiado a Esaú por causa de la mala obra de ese gemelo de Jacob? La Escritura habla una y otra vez que el objetor señala a Dios y lo acusa de injusto, pues ¿qué posibilidades tendría Esaú de resistirse a la voluntad divina?

La mayoría de políticos y gobernantes del mundo no cree en el Cristo de las Escrituras. Ellos preferirían que se les hablara de un Dios integrador, de un demagogo que hiciera descansar en la decisión final humana el destino eterno de las almas. Por esa razón también se levantaron príncipes de este mundo y ordenaron crucificar a Jesús, porque no soportaron su voz; por esta razón, los constructores del edificio religioso empuñaron su puño contra Jesús. Al frente de ellos estaban los fariseos, los escribas, los sacerdotes de entonces. Ellos manipularon el corazón de las masas para que gritaran a viva voz ante Pilatos, pidiéndole la crucifixión del Señor.

Los privilegios carnales de entonces son los mismos privilegios de hoy día; los fariseos fueron los patrocinadores del libre albedrío de su época, ellos pensaban y predicaban que en el hombre reposa su destino final. La única supuesta predestinación que aceptaron era la relacionada con el linaje judío de ellos, pensaban que por ser descendientes de Abraham tenían garantizado el reino de los cielos. Pero Jesucristo dijo que si Dios lo quisiera podía levantar hijos de Abraham de las piedras mismas. Y es que Dios no quiere eso, simplemente cuanto ha querido ha hecho (Salmo 115:3), Él no está en una lucha contra el mal, ganando y perdiendo batallas con nuestra ayuda, sino que ha hecho al malo para el día malo (Proverbios 16:4).

Ellos rechazaron la doctrina de Jesucristo pero mantuvieron su fervor religioso. Recorrían el mundo en busca de un prosélito pero lo hacían doblemente digno del infierno. En realidad, aquellos fariseos se parecían sobremanera a los arminianos de hoy: fervientes en la religión pero independientes de Dios, sin saber que su destino de errores doctrinales también había sido preparado por el Dios soberano. Lo mismo que aquéllos, los de ahora anuncian mentira, que el hombre muerto en sus delitos y pecados tiene la potestad de levantarse y tomar la decisión por Cristo, que Dios ama a todos por igual, tanto a Jacob como a Esaú, que el Faraón se endureció él mismo, que Dios mira en el tiempo y descubre que hay gente que lo rechaza pero hay otros que lo aceptan. Estos blasfemos pregonan de alguna manera que Dios se copió las profecías al mirar los corazones humanos y descubrir lo que la todopoderosa criatura haría.

Así como aquella gente prefirió liberar a un ladrón como Barrabás, los de ahora también prefieren liberar al dios de su imaginación, el que se han forjado en sus mentes depravadas y en sus razonamientos enrarecidos, clamando a un dios que no puede salvar. Ellos se llevarán la gran sorpresa en el día en que el Jesús de la Biblia los aparte y les diga que nunca los conoció. En ese momento procurarán alegar sin éxito que ellos fueron fervientes religiosos, sin perder un domingo en las sinagogas, que leyeron la Biblia en sus versiones modernas y adulteradas, pero les será inútil. Y es que hoy día prefieren las traducciones que se han hecho para respaldar su teología, antes que cotejar las palabras con las versiones más fieles al original. Aún en eso han desvariado, ya que su entendimiento se encuentra extraviado.

Jesucristo es la fundación rechazada por los que edifican con sus propios materiales, los constructores de la fe que no sirve, auto impuesta, producto de su imaginación religiosa. Pero el auténtico creyente ha sido construido con esa roca como fundación, sin alterar ni una coma ni una tilde de aquella palabra hablante. El pacto de gracia es inamovible, y si de gracia ya no es un pacto de obras con el cual alguien se gloríe. Y si de gracia, ese pacto no puede ser manipulado por los hombres, ya que Dios manifiesta su misericordia sobre los que Él quiere, pero endurece a quienes quiere endurecer. La palabra de Dios no puede ser trastocada por las versiones populares de la Biblia, las que aseguran que Dios ama a todos por igual y que Él es refugio para toda la humanidad, sin excepción.

Aquellas personas que se creen más justas que Dios son las que se extrañan cuando la Biblia dice que Dios odió a Esaú antes de que fuese concebido. Ellos son los que dicen que eso no puede ser, que les suena duro y terrible, que un Dios justo no puede culpar a nadie que previamente Él mismo haya endurecido. Esas personas prefieren una traducción que suavice el texto que proclama que no ha acontecido nada malo en la ciudad que Jehová no haya hecho, o que de la boca del Altísimo sale lo bueno y lo malo. Y es que ellos sienten que la palabra de la predestinación los coloca como robots, que ese concepto teológico es duro de oír. Por eso se pasan su existencia argumentando que esa teología es alta teología, que nadie la puede oír y entender, que se requiere de estudios especiales para su comprensión. Pero el Señor declaró que Dios escondió estas cosas de los sabios y entendidos y las reveló a los niños.

Es mejor ser quebrantado sobre la roca que ser aplastado por ella, por eso amístate ahora con Dios y te vendrá paz y te hará bien. Examinen las Escrituras y comprueben que allí está la vida eterna.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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