Jueves, 23 de noviembre de 2017

Algunas personas distinguen entre el sistema y la persona, cuando de herejías se trata. Es decir, sostienen que es necesario distinguir el sistema herético de la persona que lo promulga. Tal aseveración es un exabrupto teológico, una inconsistencia con la Escritura y un desvarío conceptual demasiado grande como para ignorarlo. De hecho, Pablo escribió a los Gálatas acerca de la posibilidad de que alguien llegue predicando un sistema teológico distinto al que ellos habían recibido. Les dijo que si algo así sucediese ellos deberían considerarlo anatema (proscrito, maldito).

El texto en cuestión se encuentra en la carta a los Gálatas, capítulo 1 y verso 9. Se entiende que el evangelio diferente al recibido por ellos es un evangelio distinto al apostólico, al anunciado por los evangelistas de acuerdo a la doctrina enseñada por los apóstoles. Pablo conocía bien a la iglesia de Galacia, la había instruido en las enseñanzas de Jesús, pero conocía también acerca del otro evangelio. Por eso hace la advertencia a la iglesia de considerar maldito no sólo al sistema teológico extraño sino a la persona que lo anuncia y lo promueve.

Deducimos que es imposible hacer una separación entre doctrina y persona, entre creencia e individuo, entre sistema y el que lo promulga. Hay un sistema de creencias que bien pudiera llamarse evangelio, pero ese sistema no se separa jamás de quien lo anuncia. En otros términos, si el sistema es correcto, el anunciante no lleva carga alguna en su contra; si el sistema es insano, no se puede exonerar de culpa al que lo anuncia. Es cierto que Jesús dijo en una ocasión que hicieran lo que los fariseos decían, no lo que hacían, pero eso no es una gracia otorgada a la conducta de los fariseos. Y es que en ocasiones hay gente que aunque entienda la verdad del evangelio no la puede seguir, muy a pesar de que la anuncie, pero eso no los excusa a ellos como individuos.

El caso contrario es el más típico, nos refiere a los que anuncian un sistema teológico pervertido porque llevan perversión en su corazón. De allí que en todo caso, sea el de los viejos fariseos que hablaban en ocasiones cosas buenas que no podían hacer o como el de los heréticos comunes que anuncian un evangelio diferente, debemos estudiar los espíritus para ver si son de Dios. La Biblia habla de probar los espíritus, Juan nos alerta acerca de no apresurarnos a decirles bienvenidos a los que no traen la doctrina de Cristo. Entonces, es asunto de vida o muerte el que nos ocupemos de tales tareas.

Por otro lado, Jesucristo nos aconseja a juzgar con justo juicio. Un fariseo puede comprender y sostener que el sistema teológico está atado a la persona, pero al mismo tiempo con su práctica le dice bienvenido a la persona que trae el sistema equivocado. Es decir, son muchos los que dicen que Dios odia el pecado pero ama al pecador, desvirtuando la realidad de que Dios también odia al pecador. El está airado contra el impío todos los días, se añade que incluso los creyentes éramos por naturaleza hijos de la ira, lo mismo que los demás. En otros términos, el mundo perdido es el conjunto de los hijos de la ira de Dios, sin embargo Dios ha tenido misericordia de algunos a quienes ha llamado de las tinieblas a la luz.

Jesús recomendaba estar atento a las palabras del fariseo, porque sentado en la cátedra de Moisés estaba atento a ciertas enseñanzas correctas en relación a la ley, por lo que en eso no se equivocaba. No obstante, en su práctica cotidiana olvidaba la misericordia por aferrarse a la letra de la ley, ignoraba la profecía porque estaba pendiente de la formalidad y de la apariencia pública. Los fariseos oraban en las asambleas y creían que por sus extensas palabras serían oídos, y en eso no eran dignos de imitación. El juzgar con justo juicio implica examinar las Escrituras, tener la guía del Espíritu y un corazón redimido.

En el texto de Gálatas la persona no se separa del sistema. Alguien que predica un evangelio - sistema - diferente debe ser anatema (esa persona).  No dice el texto que el sistema debe ser anatema y no la persona, sino que la persona debe ser anatema porque trae un sistema o evangelio que por su naturaleza ya es maldito. Y es que todo evangelio que sea distinto -aún en lo más mínimo- al evangelio de Cristo debe ser considerado bajo maldición. 

Hoy día es común escuchar en los defensores de la teología de la gracia o de la sola gratia que los arminianos son creyentes a quienes les falta un poco de claridad en la doctrina. Pero seguir con este argumento implicaría decir lo mismo de los testigos de Jehová, de los mormones, de los católicos (que por naturaleza son arminianos y mucho más) y un gran etcétera. ¿No dice la Escritura que por su conocimiento salvaría el Siervo Justo a muchos? ¿Cuál conocimiento? Pablo les dice a los judíos que ellos están equivocados ignorando la justicia de Dios, por lo cual colocaban su propia justicia por delante (Romanos 10:1-4). Y Pablo llama a esos judíos perdidos cuando ruega por su salvación; el dejar a las personas en el engaño doctrinal es llamar bueno a lo malo, decir paz cuando no la hay.

Es en este punto en que esos defensores de la sola gratia yerran, por cuanto han dicho que debe hacerse diferencia entre el sistema y la persona. Pero eso no es lo que dice la Escritura, como ya se ha demostrado por el texto de Gálatas. El evangelio diferente es anatema por naturaleza y quien lo porta y lo trae debe ser considerado igual. El evangelio de la expiación universal es un sistema anatema, de manera que quien lo predica y quien lo cree ha de ser considerado anatema también. La gente no puede ser salva y permanecer en la confusión teológica; al contrario, una vez que la persona es redimida no seguirá jamás al extraño (Juan 10:1-5).

La razón por la que Juan 4:1 nos exhorta a probar los espíritus, para ver si son de Dios, estriba en que muchos falsos profetas han salido de en medio de la iglesia profesante. La teología de alguien está ligada a su persona, es inseparable de él. Lo que uno cree sale del corazón y se confiesa con la boca, de la abundancia del corazón habla el hombre, da fruto bueno o malo, de acuerdo a lo que él es: o un árbol bueno o un árbol malo. La Escritura no dice jamás que la teología de alguna persona es anticristiana pero que la persona es cristiana a pesar de su teología.

Hemos sido llamados a juzgar a toda persona por su teología, por lo que confiesa creer. El Espíritu Santo que ha sido dado al creyente, una vez que ha sido regenerado, como garantía de su salvación, conducirá a toda verdad a esa persona. Resulta en consecuencia imposible que alguien que haya sido regenerado por el Espíritu de Dios siga al extraño; siempre seguirá al Buen Pastor porque conoce su voz. Esta es la razón por la que predicamos este evangelio, para que todo aquel que sea llamado por Dios crea y sea salvo. Pero nadie jamás ha sido redimido por el falso evangelio, por el falso sistema de creencias, más bien lo que el Señor dijo fue que los fariseos (falsos creyentes) recorrían el mundo en busca de un prosélito y lo hacían doblemente merecedor del infierno eterno.

Nosotros no cerramos la puerta del cielo sino que anunciamos a Jesucristo crucificado por su pueblo (Mateo 1:21). El Jesús de la Escritura es el que puede salvar al más vil pecador, pero siempre será un pecador que haya sido predestinado para su redención. El tal tiene su nombre escrito en el libro de la Vida del Cordero desde la fundación del mundo. Una vez que haya sido llamado de la muerte a la vida seguirá por siempre al Buen Pastor. Seguirá cometiendo errores o pecados, porque su vieja naturaleza lo asalta en ocasiones, pero tendrá un abogado para con el Padre. No obstante, jamás seguirá al extraño ni a su sistema doctrinal erróneo. Y esto lo dijo Jesucristo, al proclamarse a Sí mismo como el Buen Pastor que ponía su vida por las ovejas.

Juan enfatizó en que nosotros no deberíamos creer a todo espíritu sino que debíamos probarlos, para ver si son de Dios. Todo aquel espíritu que no traiga la doctrina de Cristo, ni tiene al Padre ni tiene al Hijo, y al tal no hay que recibirlo ni decirle bienvenido. Cuando acá se habla de bienvenido se refiere a tener comunión espiritual con tal persona, ya que seríamos culpables para castigo si nos gozamos con su espíritu. No debemos ser hospitalarios con los mentirosos anticristos, pero para conocerlos debemos probarlos, debemos examinar su doctrina y cotejarla con las Escrituras. El que tal haga será llamado siervo diligente y el tal mostrará que ha edificado su casa sobre la Roca y no sobre la arena.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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