S?bado, 15 de abril de 2017

Un ídolo es un dios que no puede salvar, al que los hebreos llaman terapîm, una máscara para el culto, un símbolo divino, un muñeco doméstico. Su significado básico refiere a demonio o espíritu. Otro vocablo de la lengua hebrea para denotar el ídolo es elîl, el que curiosamente significa también nada, vano. Es el término usado por Jeremías cuando escribe acerca de los profetas de Israel que profetizan visión mentirosa, adivinación vana (Jeremías 14:14). Un tercer sustantivo hebreo que se usa para referir a los ídolos es ˒gillûlîm, que significa bolitas de estiércol. Es gráfica la similitud que Dios hace del hombre muerto en su espíritu con el ídolo que es también un espíritu muerto (o bola de estiércol): Destruiré vuestros lugares altos, derribaré vuestros altares donde ofrecéis incienso, amontonaré vuestros cuerpos inertes sobre los cuerpos inertes de vuestros ídolos, y mi alma os abominará (Levítico 26:30). Otras palabras usadas para mencionar al ídolo son: ˒emîm, que significa susto u horror (Jeremías 50:38), mipleset cuyo significado es cosa horrible que hace temblar (1 Reyes 15:13), ˒awen, que de acuerdo a Isaías 66:3 remite a algo extraño, misterioso o maldad (Véase para mayor información al Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y Nuevo Testamento VINE, 1999, Editorial Caribe).

El escritor bíblico en lengua hebrea demuestra un gran desprecio por la actividad idolátrica, por ello nombra al ídolo como demonio, algo vano o que no es nada, bola de estiércol, aquello que causa temblor por ser horrible, un susto, algo extraño, misterioso y de maldad. La idolatría en el Nuevo Testamento es el servicio a la imagen; el eido (εἴδω) es ver física o mentalmente, mientras latría (λατρία-λατρεία,) significa ser asalariado o rendir tributo o servicio, estar bajo contrato, hacer negocio. El idólatra es el que se ocupa de los dioses, el que está bajo contrato de los espíritus o demonios, ya que en palabras de Pablo el que rinde tributo a los ídolos a los demonios sacrifica (1 Corintios 10:19-20).

Pablo no desea que nos hagamos compañeros (κοινωνός-koinōnos) de los demonios. La idolatría no implica solamente rendir tributo a lo que la gente supone sea la divinidad, sino establecer un compañerismo con los espíritus inmundos. De allí su grave peligro para la sociedad, pero en especial para la iglesia -por cuanto ya hemos tenido la luz suficiente para huir de la idolatría. Muchos se dan a la tarea de huir de Dios hacia el ídolo, aunque no lo hagan abiertamente sino en manera secreta. Esto es, el fabricarse una idea a través del eidon - el ver una imagen física o mental- de aquello que debería ser Dios. Es allí donde se demuestra la interpretación privada, donde surge la herejía (opinión personal) que sustituye a la opinión pública y bíblica de lo que es Dios.

Cuando uno mira a Romanos 1:22-25 puede observar la asociación hecha entre la idolatría y la enemistad contra Dios, lo cual deriva en inmoralidad por la falta de reconocimiento al verdadero Dios. Puede decirse que un idólatra es un esclavo de las depravadas ideas que su ídolo representa, es alguien que está al servicio de las bolas de estiércol, de lo vano, de lo que es nada, del susto, del horror, de lo horrible y misterioso pero que es maldad. Porque eidos es una apariencia, una idea o imaginación, una imagen que representa a un dios falso. Los ídolos están erguidos pero no se pueden mover, no conviene temerles porque ningún mal pueden hacer, ni para hacer bien tienen poder (Jeremías 10:5).

Ahora bien, hay doctrinas extrañas que se incorporan en los templos hechos de manos para mantener cautivas las mentes no renovadas. Sabemos que la iglesia no consiste de paredes sino de verdades doctrinales; de manera que todo lo que es falsa doctrina es también parte de la falsa iglesia. De allí que muchos adoran a los ídolos dentro de las paredes de sus templos, aunque llamen a sus imágenes (los eidos mentales) con el nombre de Jesús. Este Jesús que adoran no puede salvar a nadie en particular, porque aseguran que murió por todos pero espera que los pecadores muertos en delitos y pecados se levanten de sus tumbas para seguirlo.

Abundan en la Biblia ejemplos de personas que decían creer en Dios pero que en realidad no lo conocían. Así le sucedía a los samaritanos, que adoraban lo que no sabían; le aconteció de igual manera a los fariseos, que se jactaban de la doctrina que enseñaban pero estaban como los sepulcros blanqueados por fuera, llenos de podredumbre por dentro. Esto no lo decía Jesús por razón de la inmoralidad de sus vidas sino en razón de la doctrina que exhibían. Ellos anteponían su propia justicia ante Dios, como queriendo salvarse por sus buenas obras (conducta moral), pero eran ciegos guías de ciegos, ambos merecedores de caer en el mismo hoyo.  Y es que los fariseos hicieron un ídolo de la idea (eidos) de Dios, demostrando con ello que estaban tan perdidos como aquellos paganos que hacían imágenes de madera, de piedra o de metal, de sus divinidades aprendidas.

Esta es una advertencia importante para aquellas personas que dicen creer en Jesucristo. Deben examinar en quien han creído en realidad, porque el hecho de que tenga el mismo nombre del Hijo de Dios, el que se lea la Biblia como libro inspirado, el que se hagan rituales que presuman adorar al único Dios verdadero, no es garantía de haber sido llamado de las tinieblas a la luz. Puede ser que detrás de estas actividades se esconda la doctrina de demonios que muchos siguen (unos sabiéndolo y otros en ignorancia). Pero usted puede estar sinceramente equivocado y eso no lo excusará delante de Dios, porque a los que Él llama no los deja en la ignorancia del evangelio de Cristo, sino que más bien los hace seguir al Buen Pastor por siempre. Cualquiera que confía en un ídolo es semejante a la vanidad (Salmo 115:8), sin que importe en absoluto que no sea un muñeco físico sino solamente una imagen mental.

Se puede creer en un Dios capaz de mover los montes y traspasarlos a la mar, capaz de haber creado el universo con la sola orden de su voz, pero si se niega que ese Dios es soberano en todas las instancias de su creación se estará creando una divinidad paralela. Ese es el dios que sucumbe ante el poder del libre albedrío humano, el dios que pide permiso como buen Caballero para entrar en la vida de alguien. Esa divinidad es tan mentirosa como las bolas de estiércol que adoran los que se entregan a la vanidad de los espíritus. Si usted cree que Jesucristo derramó su sangre por aquellos que yacen en el infierno de fuego, entonces usted está menoscabando el valor de esa sangre. Quien así piensa o actúa no sabe nada, como aquellos que erigen el madero de su escultura, y los que ruegan al dios que no salva (Isaías 45:20).

Las mentiras del infierno vuelven a su sitio de origen, pero recogen lo que ha sido determinado que recojan. Sin embargo, la palabra de verdad hace aquello para lo que fue enviada, recogiendo también las gavillas de lo que se redime. Un falso Cristo recogerá a los engañados de las naciones y los enviará al lugar donde viven los demonios, inspiradores de su doctrina. El verdadero Jesús de la Biblia vino a redimir a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21), no perdió a ninguno de los que el Padre le dio (Juan 17:12), no perderá a ninguna de sus ovejas (Juan 10:28) sino que las resucitará en el día postrero (Juan 6:40). Ese Jesús de la Escritura ha prometido que desde el momento de nuestra muerte estaremos con él en el Paraíso (Hoy estarás conmigo en el Paraíso-Lucas 23:43), pero el Jesús que es un fraude, un eidos mental, promete muchas cosas y no puede cumplir ninguna de ellas porque es vanidad como los ídolos. Esos falsos Cristos son bolas de estiércol que no pueden salvar a nadie; semejantes a ellos son los que los adoran y predican sus falsas doctrinas.

Cuidado con la doctrina de demonios, que parece encantar a los que se fascinan con las fábulas, porque nada bueno sale del compañerismo con estos espíritus de error enviados para cautivar a los que no gustan de la verdad sino que se aferran a la mentira. La vieja advertencia de Juan sigue teniendo vigencia hoy en día, Hijitos, guardaos de los ídolos (1 Juan 5:21).

César Paredes

[email protected]

destino.blogcindario.com         


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 10:21
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios