S?bado, 25 de marzo de 2017

El resumen del evangelio indica que es la buena noticia para unos mientras para otros es mala. La salvación anunciada en el Génesis se hizo realidad pero no en todos los miembros de la raza humana. Por tal razón resalta lo falso sobre lo verdadero, ya que el evangelio del extraño impera en el principado del mundo. Un anuncio distinto ha hecho eco en la humanidad y se ha extendido como la hierba verde, como la que crece sin necesidad de cultivo. A partir de esa siembra ha habido una variedad enorme de doctrinas que como cizaña se parece en demasía al trigo.  Urge distinguir lo verdadero de lo falso.

El concepto de santidad no ha sido claro para el hombre natural, quien siempre ha supuesto que tiene cualidades para hablar con Dios. Con el recuerdo de lo aprendido de sus primeros padres, el ser humano deambula por la tierra bajo la pretensión de la religión que satisface a la comunidad, en la creencia de que hay que hacer sacrificios. Aplacar a la divinidad de turno es una constante en casi todas las religiones del planeta, junto con la idea del mérito que descansa principalmente en la casta sacerdotal.  La religión natural demanda libertad para la admisión de la culpa, para que se condene la desobediencia y se premie la perseverancia en el buen hacer.

Si uno indagara en los conceptos clásicos de la religión, encontraría los mismos principios del otro evangelio. Porque el extraño anuncia que el hombre tiene una parte de santidad con depravación, que tiene facultades espirituales para salir adelante hacia el encuentro con lo que se supone deba ser Dios. De allí surge el concepto de depravación parcial, que expone que el pecador no está del todo perdido ni es del todo incapaz para acudir a Dios. Y esta cualidad teológica presupone que los seres humanos tienen libre albedrío para aceptar o rechazar la proposición divina, como parte de la asunción de que Dios quiere que cada uno de los seres humanos sea salvo.

En las religiones del mundo también aparece el concepto de la elección, ya que la divinidad escoge a algunos para ciertos trabajos especiales en el campo del espíritu. Deriva entonces otro concepto, el de la elección condicional, creencia en que Dios escoge a ciertas personas basado en lo que Él puede ver que harán. En la teología del otro evangelio esta concepción esgrime que, aunque haya habido elección desde antes de la fundación del mundo, la presciencia divina implica una visión en el túnel del tiempo acerca de lo que haría cada persona. De esta forma el ídolo del libre albedrío sigue sin resquebrajarse, porque la elección descansa no en el elector sino en el elegido.

En consonancia con el principio de libertad para que exista culpa, el llamado de Dios debe ser universal y sin excepción. El evangelio del extraño llama a este concepto expiación universal, creencia que dice que Jesucristo murió por cada uno de los pecadores del planeta, consiguiendo una redención potencial. Sin salvar a nadie en particular hizo posible para todos la salvación anunciada. Un principio equitativo que de nuevo descansa en el ídolo del libre albedrío, ya que cada quien se condena a sí mismo si no acepta esa salvación tan grande. Y por más sensato que aparenta ser, este elemento del evangelio anatema deja ver que Cristo murió por Faraón, por Judas Iscariote, por Esaú, por los que no están en el libro de la vida desde la fundación del mundo, por todos los que yacen en el infierno de fuego. Y en este punto se desnaturaliza la sangre del Cordero de la expiación, la cual se hizo inútil por voluntad humana.

La lógica de la presunción anterior sigue descansando en una premisa mayor equivocada, puesto que la idea de creer que el hombre tiene libre albedrío desnaturaliza la gracia haciéndola resistible. El Dios que es Todopoderoso se convierte en un Caballero que no desea estropear la libertad humana, para no invalidarla ni resquebrajarla, de manera que la deja intacta en perjuicio de la condenación del alma. Como el pecador puede resistir la gracia de Dios, permanecerá condenado muy a pesar de que ese Dios quiere que se salve. Entonces, la gracia resistible coloca al hombre en la cumbre mientras Dios toma el lugar suplicante, deseoso de llevarle gloria al Hijo si tan solo la criatura aceptara su proposición.

Como el hombre sigue siendo la medida de todas las cosas, las divinidades deben adaptarse a lo que la mente humana supone que debe ser un Dios. Por más que el ser humano se encuentre salvado en virtud de haber aceptado libremente aquella gracia resistible, aparece como nuevo tributo al libre albedrío el concepto de la perseverancia condicional. Con esta creencia se supone que uno puede perder la salvación después de haber sido salvado, ya que la fe descansa en la condición de la persona y no en el trabajo del Dios que salva.

Este es más o menos el resumen de la religión natural, la cual también refleja haber sufrido el embate del pecado, la transformación de la distorsión de la realidad que produce el alma apartada de Dios. En el universo de las distintas religiones llamadas cristianas, deja verse esta visión como una injuria contra la obra de Jesucristo en la cruz. Tal vez hay quien diga que de estos puntos mencionados cree solamente algunos de ellos, o uno solo, que no todos, pero lo cierto es que todos ellos en forma conjunta o separada son un atentado contra lo verdadero, por ser ellos mismos falsos en cuanto a lo que enseña la doctrina bíblica.

El resumen del falso evangelio debería estimular para que se indague sobre el verdadero anuncio de salvación. Fue Jesús quien dijo que hablaba en parábolas para que no entendieran y no se arrepintieran, fue él mismo quien dijo que agradecía por los que el Padre le había dado pero que no rogaba por el mundo. También dijo Jesucristo que él era quien escogía y no nosotros a él, que los que no iban a él no eran de sus ovejas.

Uno debería preguntarse cómo es que Jesucristo hizo un trabajo de sustitución en la cruz, para ser la única garantía de salvación. De igual manera debemos preguntar cómo es que su sangre sirve para expiar todos los pecados de toda la humanidad, si al mismo tiempo esa expiación queda invalidada por voluntad humana. En realidad, esos pecados expiados siguen activos cobrando la vida de las almas redimidas en la expiación universal. Pero la Biblia no se contradice, ella dice que el Siervo de Dios salvaría a muchos, no a todos. Asimismo, Jesús declaró que muchos serían los llamados (no todos) y pocos los escogidos.

Al condicionar en el pecador algún aspecto del evangelio de salvación se está anunciando un mensaje falso. Si se cree que el hombre hace la diferencia final entre cielo e infierno, se está negando la eficacia del sistema de salvación ideado y llevado a cabo por el Creador. Si el sacrifico de Cristo expió la culpa de los que están ya condenados, esa expiación queda sin mérito alguno; y si los que se salvan lo logran en virtud de una combinatoria entre el sacrifico del Hijo y la voluntad humana, la declaración bíblica acerca de que el hombre está muerto en sus delitos y pecados es nula y mentirosa. En este caso sería el trabajo del pecador lo que hace la diferencia entre cielo e infierno, pero nunca lo sería el trabajo del Señor en la cruz.

Pese a lo que la Escritura dice hay quienes se dedican a adorar a un dios producto de su imaginación. Hay quienes prefieren al falso Cristo cuya sangre ineficaz pretende salvar a todos sin excepción, pero que resulta inútil en aquellos que se pierden. Ciertamente, el falso evangelio injuria al Hijo de Dios, y todos los que predican ese falso mensaje son declarados malditos o anatemas (Gálatas 1:8-9). Y hay mucha gente que no permanece en la doctrina de Cristo, si bien se llena la boca con su nombre dondequiera que se ponen a hablar de su falso evangelio. A éstos Juan les advierte que no son de Dios (2 Juan 9-11).

Lo verdadero debe deslindarse de lo falso, porque hay hermanos en Cristo pero hay también hermanos en Satanás. Así como existe la iglesia del Señor existe igualmente la Sinagoga de Satanás (Apocalipsis 3:9), por lo cual conviene que cada quien que esté interesado en averiguar la verdad escudriñe las Escrituras, para ver si allí está la vida eterna. El evangelio viene a ser locura para aquellos que perecen, dado que no tienen el entendimiento en forma adecuada. A éstos les da igual creer una cosa que la otra, porque dicen que atenerse a lo que la Escritura enseña implica hacer a Dios injusto. Para ellos sin libertad no hay culpabilidad, por lo cual gritan a voces que no se metan con su ídolo libre albedrío.  En realidad nunca han sabido que esa libertad es más bien esclava.

Los asuntos del evangelio verdadero no son elementos de mayor o menor consistencia, ni cuestiones de grados. Más bien el verdadero evangelio es un tipo muy distinto del evangelio anatema.  Dios no deja en la ignorancia del evangelio al que redime, sino que más bien es el conocimiento el que le da la gloria al Hijo. El fruto del buen árbol es la confesión de la abundancia del corazón, pero el mal fruto lo da el árbol malo de su corazón perverso. Si Dios no cambia el corazón de piedra por uno de carne, si no coloca un espíritu nuevo para desear su palabra, el hombre seguirá tan perdido como lo estuvo Caín o como lo estuvo Esaú: mejor le sería no haber nacido.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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