Viernes, 24 de marzo de 2017

Hay una gran cantidad de personas que creen muchas cosas que son verdad, pero eso no hace que sean redimidas. No se ha sido llamado cuando la persona combina verdad con mentira doctrinal, ya que servirle al dios que uno se ha forjado es también una forma de idolatría. Llegar a creer el evangelio de Cristo implica reconocer, por consecuencia, que todo lo que antes se creía ha sido una construcción de mentira y engaño. En otros términos, no es posible asumir la verdad de la Biblia y todavía darle servicio al extraño.

Las palabras de Jesucristo son muy categóricas y demasiado importantes como para pasar desapercibido ante ellas. Él dijo que sus ovejas oirían su voz y lo seguirían, pero que no harían lo mismo con el extraño por cuanto no conocen su voz. Es decir, una oveja que todavía no ha oído la voz del Señor anda perdida, siguiendo al extraño y escuchando sus palabras. Pero si esa oveja llega a escuchar la voz de Dios, ocurrido el llamamiento de quien elige, de inmediato seguirá al buen pastor y dejará de conocer la voz del que no es verdadero. Esta enseñanza fue recogida por Juan en su evangelio, capítulo 10 versos 1-5.

El evangelio de Cristo se entiende o no se entiende, pero no puede entenderse a medias porque no habría ningún provecho en esa percepción. Veamos un ejemplo aprendido del comportamiento comunicacional de las abejas. Una de ellas danza para que las otras obreras capten el mensaje y sepan la ubicación de las flores donde tomarán su néctar. Si esa danza es interrumpida por un instante, ninguna de ellas podrá descifrar el mensaje. Cuando el Espíritu Santo comunica no es posible que haya interrupción alguna, por lo que el contenido de aquello que transfiere es de carácter total y no parcial. El ladrón en la cruz entendió el mensaje del evangelio de Cristo y fue salvo. Ah, pero lo entendió porque le fue quitado antes el corazón de piedra y cambiado por uno de carne; la redención ocurrió en forma sobrenatural y su consecuencia inmediata fue la fe y el arrepentimiento, la comprensión plena de lo que había creído.

El arrepentimiento es la metanoia, un cambio de mentalidad respecto a quien es Dios, a la consecuencia nefasta del pecado y una toma de conciencia de la impotencia que tiene el ser humano para redimirse de su mal. La fe implica el depósito de la confianza en el único que puede salvar, en el Dios justo que justifica al injusto, basado solamente en su justicia que es Cristo. Ocurrida la metanoia que se obtiene junto con la fe, el nuevo creyente reconoce a su Señor y advierte que antes estuvo perdido siguiendo al extraño. Ahora nunca más eso acontecerá porque el buen pastor lo ha llamado y ha recibido de él la salvación.

Sin redención no hay mensaje del evangelio inteligible, solo religión como fenómeno de la cultura. El rey Agripa por poco fue convencido cuando Pablo hablaba, pero por poco o por mucho el deseo del apóstol era que llegara a ser creyente. Nuestros deseos pueden quedar frustrados ante la Omnipotencia del Padre, ya que solamente serán salvos los que han sido ordenados para vida eterna. Y lo serán en el tiempo oportuno, no cuando nosotros lo digamos. Con todo, la labor nuestra es la predicación de este evangelio a toda criatura, a tiempo y a destiempo, pero siempre la predicación del verdadero evangelio.

En el ejemplo de las abejas preguntémonos que sucedería si hubiera una abeja mentirosa. Concluida la danza el resto de las obreras irían a un desierto a buscar las flores, pero no hallarían néctar alguno. En el sistema de comunicación animal no hay prevaricación o mentira alguna pero en el sistema teológico humano abunda. Por eso existió la recomendación de cuidarnos de aquellos que vienen con ropaje de oveja pero por dentro son lobos rapaces. Si el príncipe de este mundo se disfraza de ángel de luz, es lógico suponer que aquella luz es el conjunto de verdades que asume. Pero por mucha verdad que muestre el diablo él seguirá siendo el extraño que se opone al buen pastor.

Cuando Dios regenera a una persona que ha elegido para tal fin, hace que la gloria del evangelio de Cristo sea apreciada. Esa gloria brilla en tanto el individuo redimido comprende que su salvación está basada en la sangre del sacrificio de Jesucristo; se añade el entendimiento de que la justicia de Cristo se nos imputa a nosotros para ser declarados justos. Pero entender mal el evangelio no da brillo a la gloria del Hijo, por lo cual queda sobreentendido que cuando el Padre hace algo lo hace en forma perfecta; de esta forma, el nuevo nacimiento supone que nuestro entendimiento ha sido abierto lo suficiente como para que comprendamos el evangelio del Señor.

En este sentido, ya no podemos seguir la voz del extraño porque la desconocemos, solo seguimos al buen pastor por cuanto conocemos su voz. Es muy sencillo el cambio, a quien antes seguíamos ahora lo desconocemos plenamente y a quien desconocíamos antes ahora lo seguimos por siempre. Esto es parte del fruto que como árbol bueno damos por cuanto resulta imposible que confesemos un falso evangelio, así como es imposible que un árbol malo produzca un buen fruto (o que el corazón del que no es redimido confiese el verdadero evangelio).

La vida perfecta de Jesucristo ha sido cargada a nuestra cuenta; por su justicia hemos sido declarados justos. A esto se llama imputación, al traslado de la justicia de un justo a muchos injustos. A cambio, nosotros lo cargamos a él con nuestros pecados cuando murió en la cruz, y quien no tenía pecado fue hecho pecado por nuestra causa. El castigo por el pecado de todos los que conformamos su pueblo fue sobre una sola persona, el Cordero preparado desde antes de la fundación del mundo. En su trabajo en la cruz el Señor declaró que todo había sido consumado, de manera que podemos entrar en su reposo sin que seamos cargados con nuestros pecados. De hecho, Dios ha declarado que nunca más se acordará de ellos, que los ha sepultado en el fondo de la mar, mientras el Espíritu ha dicho que el acta de los decretos que nos era contraria ha sido clavada en la cruz.

Esta es la razón fundamental por la cual Pablo escribió que no se avergonzaba del evangelio, porque era el poder de Dios para salvación. Nos podemos avergonzar del otro dios, que es una imitación del Dios verdadero, el que dice haber hecho un sacrificio en favor de toda la humanidad, el que con su evangelio anatema proclama con demagogia que ha quitado los pecados de todas las personas sin excepción. Nos avergonzamos del dios extraño que ha dejado toda su obra en potencia, como una posibilidad que debe aprovecharse por cada quien. Es decir, el falso evangelio proclama que su Cristo hizo todo en la cruz pero que no salvó a nadie en particular, que solamente hizo posible la salvación. Agrega que ahora le toca a cada quien hacer su parte, ponerle fe a su vida, hacer penitencia o arrepentirse, llevar una vida de santidad. Con ese conjunto de buenas obras podrían sus prospectos presentarse para recibir la buena obra de su dios.

Sin embargo, el otro evangelio lleva maldición a todo el que se le presta atención. Ese mensaje trae en sí castigo, por cuanto lo que está ofrecido no se puede lograr. El verdadero evangelio nos dice que Jesús hizo todo en la cruz, pero que lo hizo en favor de su pueblo. Además, sabemos que ni uno solo de los que el Padre le ha dado al Hijo se perderá, y no podemos añadir a la perfección ni siquiera un poco de buenas obras. Ese trabajo ya fue consumado en forma plena por lo cual nada se puede añadir a su perfección.

No podríamos llamar a los seguidores del extraño cristianos inconsistentes, como si estuvieran en un nivel un poco más bajo que los verdaderos creyentes. Simplemente no son cristianos, aunque su disfraz los haga parecer como tales. Un poco de levadura leuda toda la masa, un poco de mentira doctrinal hace falsa la profesión de fe a pesar de la multitud de verdad que se tenga. La Biblia dice que si usted cree que Dios es uno bien hace por cuanto eso es verdad; sin embargo, añade que también los demonios creen y tiemblan (lo cual no les aprovecha para redención). En ese libro hay multitud de relatos de personajes que conocieron la verdad, que comulgaron con ella, que fueron hacedores de buenas obras pero que pagan el eterno castigo. Saul es un ejemplo de ellos, Esaú también, los hijos de Coré, Acán, el rey Acab y tantos otros que conocieron la ley de Dios; otros fueron testigos de sus milagros en el desierto y aún fueron rescatados por el poder divino cuando estuvieron en Egipto. Recordemos a Judas Iscariote que andaba con Jesús, el cual presenció los dones eternos y aprovechó las bondades del Señor, pero a quien de nada le sirvió todo aquello.

Muchos discípulos del Señor se maravillaban de sus milagros y de sus palabras, y lo seguían de día y de noche, hacían sacrificios durmiendo a la intemperie y viajando en barcazas, pero de igual forma se ofendieron por sus palabras acerca de la predestinación (Juan 6). Ellos terminaron murmurando y abandonaron su enseñanza porque les parecía dura de oír; de igual manera generalizaron y se preguntaban quien sería capaz de oír aquella palabra (de entenderla y aceptarla). Lo que a ellos les pareció duro de entender lo supusieron igualmente difícil para el resto de personas, si bien el Señor no los detuvo ni les dio un sermón de aliento por el esfuerzo que antes habían realizado. Más bien se volvió a los doce y les preguntó si ellos querían irse también. Finalmente agregó que él los había escogido a ellos doce pero que uno era diablo (hablaba de Judas Iscariote, el que le había de entregar). Y es que el Señor conoce a los que son suyos, a quienes llama oportunamente.

Creer mucha verdad no salva pero creer el evangelio verdadero implica haber sido llamado de las tinieblas a la luz.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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