Mi?rcoles, 22 de febrero de 2017

A Jesucristo se le describe como el cordero que quita el pecado del mundo. Con esas palabras, ¿qué quiso decir Juan el Bautista? Los universalistas alegan que esos vocablos refieren al sacrificio que haría Jesús por los pecados de toda la gente en este mundo. Sin embargo, atribuir la sangre del Señor para los pecados de los que yacen en el infierno no tiene sentido. Entonces, uno tiene que buscar el contexto para saber lo que dice el texto, de manera que pueda dar la clara interpretación. Sabemos que los judíos dividían el planeta en dos partes, ellos y el resto de la gente. A estos últimos llamaban gentiles.

En tal sentido, cuando el Bautista habla de Jesucristo hace la referencia al Cordero de Dios, el que quita los pecados de judíos y gentiles. En algunas ocasiones en la Biblia se menciona al mundo como el conglomerado de gentiles, solamente; otras ocasiones se presenta el mundo como la sumatoria de judíos y gentiles; en otros contextos, mundo llega a significar el conjunto de judíos y gentiles, sean salvos o no salvos; de igual manera encontramos mundo como el grupo de los redimidos o escogidos de Dios, o como el territorio de Satanás, su príncipe.

Por ejemplo, Jesús hablaba con Nicodemo y le refería que el Padre había amado de tal manera al mundo, lo cual dejó impactado al maestro de la ley. Él como judío pensaba que el Mesías vendría solamente para los judíos, pero Jesús le enfatizaba el amor del Padre por los gentiles (Juan 3:16). No obstante, hay quienes interpretan (también con posible acierto) que lo que Jesús entendía por mundo en ese texto era el conjunto de redimidos, los escogidos, los que son el objeto del amor de Dios. Un grupo de fariseos exclamó que el mundo entero se iba tras Jesús (Juan 12:19), pero eso hacía referencia a una hipérbole, a una exageración que englobaba tanto a judíos como no a judíos que seguían al Señor.  Y Juan el apóstol declaró que Jesucristo era la propiciación por los pecados de todo el mundo, en oposición a la frase y no solo por los nuestros; es decir, Juan hacía énfasis a su iglesia compuesta fundamentalmente de judíos conversos que los gentiles creyentes también eran beneficiarios de la expiación de Jesús (1 Juan 2:2). Este mismo apóstol aseguró lo siguiente: sabemos que somos de Dios, y que el mundo entero está bajo el maligno, (1 Juan 5:19). En esta última cita, mundo refiere solamente al conglomerado de gente que sigue a Satanás o que está bajo su principado.

La expresión que quita el pecado del mundo (Juan 1:29) refiere a que quita el pecado de su pueblo escogido (sea judío o gentil). No puede referir al pecado de cada persona en particular, ya que son muchos los que mueren en sus pecados,  lo cual los acusará en el juicio. Y si Jesucristo quitó el pecado de esa gente, entonces ellos no pueden ser condenados. Cuando uno mira los diferentes contextos en que aparece el término mundo puede estar seguro de que el contexto pesa. No se puede sacar el texto de su contexto, porque eso también es torcer las Escrituras para forzarla a decir lo que la interpretación privada sugiere.

El chivo expiatorio del Antiguo Testamento también representaba a Jesucristo, al tomar sobre él el pecado de la congregación. El creyente cuando confiesa sus pecados de los cuales se arrepiente hace una aplicación a su conciencia de aquella limpieza referida por Juan. Jesucristo continúa intercediendo por su pueblo, de manera que podemos descansar seguros de que el haber quitado aquellos pecados trae a la memoria nuestro estatus de justificados ante Dios. Pero aquellos chivos, corderos, palominos (entre otros animales) representaban la ofrenda por el pecado que haría el Señor; y la llegada del Cordero de Dios convirtió en realidad aquella esperanza. Con una sola ofrenda por el pecado hizo perfectos para siempre a los santificados (Hebreos 10:14).

La fiesta de la Pascua vino a ser la más importante de las celebraciones del calendario judío. Esta refiere al momento en que el ángel de Dios pasó por alto las casas cuyos dinteles habían sido marcados o rociados con la sangre de un cordero,  llevando el juicio divino sobre aquellos que no tenían tal protección. Esta fue la culminación de la liberación de Egipto,  lo cual estuvo grabado por siempre en la memoria de Israel. Por esta razón Pablo habla de Cristo, nuestra pascua (1 Corintios 5:7). Aquella sangre era apenas un símbolo de la verdadera que se derramaría por el pueblo de Dios, empero Jesucristo es el Cordero anunciado, la víctima y el oferente, el creador de un Nuevo Pacto entre Dios y su pueblo.

Este título o gran nombre que recae en Jesucristo nos recuerda al siervo sufriente de Isaías: Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca...Con todo eso Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando hubiere puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Del trabajo de su alma verá y será saciado; con su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y él llevará las iniquidades de ellos (Isaías 53:7,10-11).

Ciertamente, Jesucristo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero (1 Pedro 2:24), ya que los creyentes hemos sido redimidos con la sangre de Cristo, como cordero sin mancha. En el libro de Apocalipsis se menciona al menos 28 veces a Cristo como Cordero, a quien se le rinde homenaje por cuanto es Dios hecho hombre. El sacrificio reiterado hecho por los judíos en sus ceremonias apuntaba a la eficacia permanente de la sangre del sacrificio. Jesucristo fue también expuesto ante el trono de Dios como Cordero pascual, provisto por Dios en sustitución de todos aquellos corderos alimentados por pastoreo humano.

La frase de Abraham dicha a su hijo Isaac, el Señor se proveerá de cordero, queda como una profecía de doble cumplimiento: 1) cumplida en el momento histórico en que el patriarca vio un cordero atascado en un arbusto; 2) cumplida cuando el Señor fue declarado como el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, el cordero sin mancha. Este cordero quitó eficazmente el pecado en medio de su pueblo, de una vez y para siempre, al punto en que el Padre declaró que nunca más se acordaría de nuestros pecados, los cuales han sido arrojados al fondo de la mar. Y esta sangre ha sido derramada en favor del mundo, es decir, de judíos y gentiles elegidos para redención (salvará mi siervo a muchos -no a todos, sin excepción).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 9:17
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