Martes, 14 de febrero de 2017

La realidad a la luz de las Escrituras, en especial cuando toca la relación de Dios con el impío, suele sorprender a algunos. La Biblia dice que el Señor está airado todos los días contra el impío (Salmo 7:11), por lo que uno termina comprendiendo el desorden mundial. Su ira está para siempre sobre los réprobos en cuanto a fe, pero interrumpida en función de los elegidos Éramos por naturaleza hijos de la ira, lo mismo que los demás (Efesios. 2:3), pero ahora se nos llama amigos de Dios (no os llamaré siervos... Juan 15:15).

La ira de Dios puede moverse de muchas maneras, castigando y pasando la factura a todos los que tienen su cuenta en rojo, pero se administra igualmente para canalizar el pecado en el mundo. Es decir, la Biblia no habla de un Dios que lucha a diario contra el mal, como si de una épica se tratara; más bien declara que Dios ha hecho al malo para el día malo. Con esta aseveración se destapa la soberanía de Dios en todas las circunstancias (buenas o malas) de su universo. ¿Habrá acontecido en la ciudad algo malo, el cual el Señor no haya hecho? (Amós 3:6). ¿De la boca de Jehová no sale lo bueno y lo malo? ¿Quién es el que dice que sucedió algo malo que el Señor no mandó? (Lamentaciones 3:37-38).

Pero la ira de Dios tiene una constante como consecuencia, entre tantas constantes. La gente contra la cual está airado ignora el evangelio. Este conglomerado de personas no tiene conocimiento espiritual y adora a un dios que no puede salvar. De hecho, esto no ha sido fortuito sino instruido por el Señor, quien les envía un poder engañoso para que crean la mentira, a todos aquellos que se complacieron en ella y persiguen la verdad. ¿Habrá algo peor que ignorar el verdadero evangelio?

El que Dios permanezca a veces callado sin dar sermones a los hombres no implica que está ignorando la maldad de la gente. A su debido tiempo manifestará su ira y reprenderá con fuerza a los hacedores de iniquidad. El hecho de que sea continuo con su ira refleja que Dios no tiene pasiones cambiantes, sino que su ira es un atributo de su Persona. Es la ira contra todo lo que se rebela contra Él, contra todo aquel que ha creado para el día de la ira. Esto nos parece un poco sorprendente, pero los atributos del Señor son permanentes y en su palabra encontramos que Él y solo Él ha hecho todo cuanto existe.

El Faraón de Egipto es un claro ejemplo universal de la ira de Dios manifestada en la historia humana, pero que tendrá cumplimiento también en la eternidad. Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo, terrible asunto aquel de Judas Iscariote en ser designado hijo de perdición. De la misma manera cumplen igual destino todos los réprobos en cuanto a fe, los cuales fueron odiados en clara manifestación del atributo de la ira de Dios. Esta gente tiene características comunes, son cerdos lavados que se vuelven al fango o perros que devoran su propio vómito; son nubes sin agua llevados por doquier por todo viento de doctrina, son los que siempre han sentido odio natural contra el Creador. Ellos pueden ocultar ese rencor permanente y decir que aman al Señor, pero nunca será al Señor de las Escrituras sino a uno que han forjado a su imagen y semejanza.

Se necesita haber recibido arrepentimiento para perdón de pecados de manera que la ira pueda apartarse de los pecadores. Para esto nadie es suficiente en sí mismo, pero Dios puede lograrlo en quienes son objeto de su misericordia. Acá también está la profundidad de las riquezas y de los secretos de Dios, ya que al que quiere endurecer endurece.

Los hijos de ira no deben ser envidiados, porque Dios está airado con ellos siempre. A diario hacen lo que les provoca, atesorando para el día malo. Sin embargo, dentro del más estricto control soberano, Dios también los ha dispuesto para que hagan como actúan. No se trata de que ellos sean más libres sino de que siguen el guión escrito desde la eternidad para sus pasos. Todas las cosas terribles que sufrió el Hijo de Dios en esta tierra, camino hacia la cruz y colgado en ella, fueron predestinadas por el Padre, anunciadas por sus profetas, pero ejecutadas por los hijos de ira. Ninguno de ellos pudo eliminar al Señor antes de tiempo ni en una forma diferente a como debería ser llevada a cabo la expiación. Ni siquiera Satanás, su más acérrimo enemigo, pudo levantar un dedo más allá de lo programado.

Como decía un comentarista, las misericordias de Dios son nuevas cada mañana para su pueblo, pero sus iras también contra el impío. La Escritura añade que aún la oración del impío es una abominación a Jehová, porque la ira de Dios está sobre ellos: El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre Él  (Juan 3:36).

Ciertamente Dios destruirá a esta gente contra los cuales se aíra, a no ser que les conceda arrepentimiento. A no ser que Dios les dé entendimiento y les cambie su corazón (como lo hizo con Lidia, en el Nuevo Testamento), los impíos serán destruidos eternamente. Los que no se conviertan de su mal camino (los que no crean en el evangelio de Jesucristo) recibirán las armas de muerte. La mentira en la boca del impío es el producto de su trabajo, que como concepción de iniquidad ha parido engaño tras engaño. Este ha cavado pozo y lo ha ahondado, pero caerá en la fosa que hizo (Salmo 7:15).

Dios soporta con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción. Fijémonos que no dice que es paciente cuando espera que estos vasos de ira se arrepientan, sino soportando sus iniquidades a fin de que lleguen a su destino final. El objetivo del Señor es desplegar su ira y hacer notorio su poder; para lograrlo, muchas veces hace que el impío prospere en su camino de manera que su destrucción sea más notoria y para siempre (Salmo 92:7). Acá no hay ningún misterio porque el Señor ha revelado su voluntad en forma pública, que sus propósitos son profundos y sus trabajos grandiosos: un animal no puede conocerlos, un loco no podrá jamás comprender esto (Salmo 92:5-6).

La elección para vida y la reprobación para muerte de parte de Dios es totalmente fuera de condición alguna. Dios no decidió salvar a Jacob basado en sus buenas obras, de la misma manera que no decidió condenar a Esaú fundamentado en sus malas acciones. Su soberana voluntad fue la base de ambos destinos, sin tener nada que ver con la voluntad humana. Fue antes de que fuesen concebidos aquellos gemelos que se escribió su destino final, asunto revelado en el capítulo 9 del libro de Romanos.

Hay mucha gente que se dice creyente en el evangelio pero que convulsiona cuando lee lo que la Escritura anuncia con simpleza. Estos buscan una interpretación privada que ya ha les ha sido dada por famosos teólogos y predicadores, porque no soportan tanta soberanía en Dios. Llegan a decir que Dios odió a Esaú basado en sus malas obras, o que el odio por Esaú es un amar menos. En realidad un loco no podrá jamás comprender esto. Pero la verdad supera a la herejía, de tal forma que los que somos llamados a vida eterna podemos entender lo simple de la revelación divina, aunque no por eso menos profunda.

El temor del impío consciente es que no haya sido escogido para salvación, por lo cual arma todo un pedestal para colocar su divinidad, una que ha labrado conforme a sus pensamientos y deseos. Esta divinidad no ama ni odia sin condición alguna, porque es un ídolo que calza con el corazón humano. Más humanista y mejor benefactor, es un dios que incluye a la mayoría, que está dispuesto a llevarse al cielo a todos cuantos levanten una mano o den un paso al frente, a todos los que digan o repitan una plegaria de fe. Pero no tienen conocimiento los que sacrifican a un dios que no puede salvar (Isaías 44:19).

La gente quiere a un dios que sea como ellos, conforme a su propio criterio, alguien que sea motivado por el objeto creado y dependa de las intenciones buenas o malas de los hombres. De esta forma no tienen que preocuparse acerca de si su dios es justo o injusto. Pero quienes así actúan y son objetores no solamente siguen la línea del objetor levantado en Romanos 9:14 sino que dan muestras de ser todavía impíos contra los que Dios continúa airado. Su disfraz de piedad cae para vergüenza de su desnudez, mostrando la angustia del lobo descubierto por el Buen Pastor en medio de la manada. Objetar las Escrituras es una mala acción, de manera que no tienen excusa los que así operan.

La predestinación para vida eterna o para muerte eterna es un tema de exclusión de aquellos que no abandonan sus ídolos. Ellos suponen que como se han despojado de los muñecos de arcilla, yeso, madera o metal, ya pueden ser considerados hombres de fe. Pero la Escritura continúa señalando como carentes de conocimiento a los que siguen a un dios que no puede salvar. El Señor agradeció al Padre por los que le había dado, pero no rogó por el mundo que quedaba excluido de la redención. Desvirtuar lo expresado en el evangelio de Juan 17:9 es interpretación privada para destrucción de quién así hace. Entender el evangelio en su plena magnitud es prueba de haber sido llamado para vida eterna.

El Dios airado contra el impío no oye las plegarias de éste, detesta sus ofrendas y maldice su falso evangelio. Por eso conviene al hombre escudriñar las Escrituras para ver si en ellas encuentra la vida eterna.

César Paredes

[email protected]

destino.blogcindario.com

 


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 9:40
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios