S?bado, 17 de diciembre de 2016

Múltiples congregaciones autodenominadas cristianas han marcado una pauta en el evangelio sicológico. Fácilmente distraídas por el evangelio utilitario se han dado a la tarea de promover acciones sociales como una bandera fundamental de la iglesia. Tal pareciera que para ellos la doctrina que importa es la de hacer el bien, más allá de la comprensión de la salvación que Dios ha hecho de su pueblo. Llegar a sentirse satisfecho forma parte del programa general para mantener a la congregación contenta con sí misma, para lo cual entrena líderes en alta gerencia como si de la administración de un club se tratase.
El evangelio ha sido transmutado en una guía para llegar a ser mejores personas. En realidad, la introducción de la sicología en el campo eclesiástico ha exigido transformar a Jesús en un psicoanalista que lo desplaza de rol de redentor. ¿No es Jesús el autor y consumador de nuestra fe? Las congregaciones contemporáneas se vuelcan a la tarea de realizar campañas de moral y buena conducta, antes que anunciar todo el consejo de Dios. El grupo de personas que se reúnen en pro de la buena religión procura satisfacer sus deseos con experiencias y actividades que le brinde energía.
Expresiones tales como Sonríe, Dios te ama, Él puede quitar tus vicios, Busca sanidad en Jesús, Entrégale a él tus problemas, son algunas de las promesas para el nuevo prospecto a convencer. La Biblia no da pie para tales actividades que son propias de campañas publicitarias de terapias mentales; antes declara que todo hombre es pecador y dará cuenta de sí mismo ante su Creador. La iglesia que se asimila al mundo enmudece su voz y esconde su estandarte. Un Dios usado como recurso personal antes que como un Ser digno de admiración y de temer, es más bien un terapeuta, alguien que nos da victorias para alcanzar el éxito. Tal Dios no será jamás un salvador.
La gente ya no piensa en el Dios que habrá de juzgar a toda la humanidad, ni en el Dios que provee salvación para su pueblo en Jesucristo; más bien piensa en Él como alguien que nos garantiza una mejor forma de vida y que nos ha dejado a su Espíritu como una fuente de energía que uno conecta cuando lo desea.
Esa visión errónea acerca del Espíritu Divino conlleva rendirle culto a las emociones antes que a estar pendientes de lo racional. Si Dios se ha identificado a Sí mismo como el Logos, el Espíritu también es racional y no una fuente eléctrica. La evangelización se ha convertido en una cruzada política y cultural para mantener un tipo de estatus ideológico conveniente para el colectivo social. Ciertamente, el Jesús de la Biblia ha venido a ser una roca de tropiezo para los que asumen el evangelio equivocado.
Vivimos en una cultura en donde Jesucristo ha llegado a ser ignorado completamente, reducido a un símbolo de una persona que controlaba el poder de su mente y tenía dominio propio. Un superhombre que hacía milagros no porque fuera Dios sino porque manipulaba la materia como un mago. La salvación ha pasado a ser un proceso terapéutico y la iglesia un centro de salud emocional. Incluso hay equipos de alabanza que se convierten en artistas del canto, mientras la congregación los admira y compra su música. El gran bazar de carneros y palominos frente al templo, cuando el Mesías tumbaba la mesa de los cambistas, se ha hecho presente en nuestros días con la modalidad exigida por la cultura.
Libros de teología emocional, panfletos de autoayuda espiritual, incluso publicaciones de técnicas acerca de como orar, constituyen el nuevo paradigma comercial de las instituciones cristianas. Entretanto, la doctrina bíblica va siendo olvidada y sepultada más y más, en lugar de la cual aparecen los gurús de los seminarios que tienen el símbolo de la autoridad teológica para refrendar la basura que pregonan desde los templos. Si alguien tiene duda de lo que acá se dice, sería conveniente que mirara el gran comercio de la Navidad y la manera descarada en que las iglesias excitan a sus miembros a participar de ese melodrama, así como del culto al Dios niño traído de Babilonia.
Dios y el mensaje del evangelio (Cristo y éste crucificado) han sido minimizados. Usted puede tratar con Jesucristo por 60 días, si no le gusta o conviene puede devolverlo, palabras más o palabras menos de Rick Warren, autor de Una Vida con Propósito. Semejante disparate devela la inconsciencia acerca de quien es Cristo, el Dios eterno e inmutable, el Logos encarnado que vino a dar su vida por las ovejas. Él es la justicia de Dios y sin Él nada de lo que es hecho sería hecho. Jesucristo no es una fuente de poder que el espíritu humano conecta a su conveniencia, no es el psicoanalista esperado que nos complementa con la autoayuda espiritual. El Dios hecho hombre dejó claramente dicho que el hombre es pecador por naturaleza, que no hay justo ni aún uno, que nadie puede ir a él a no ser que el Padre lo lleve.
Jesucristo no está rogando al alma humana para que vaya a él, simplemente llama a sus ovejas por su nombre y éstas lo siguen. El no ofrece tratos por 60 días, no es el mendigo que han dibujado en los templos, no se presenta disfrazado de pobre en las casas para probar a las almas caritativas. Es fuego consumidor, el Justo, el Dios Admirable, el que vendrá a juzgar con justo juicio a la humanidad entera. No es un Dios moralista que ayuda a mejorar la ética humana, ni tiene como propósito restaurar matrimonios rotos.
Pero los feligreses de esta época lo han transformado en un Buda judío, alguien que trae buen agüero para generar fortuna entre los hombres de negocio. El mensaje cristiano bíblico no trata de manuales de buena conducta sino de asuntos de vida y muerte espiritual y eterna. La Biblia nunca aconseja tomar sus textos como mantra, no recomienda nunca repetir versos para generar huellas neurolingüísticas, al estilo Norman Vincent Peale (hay quienes aseguran que su vida cambiará si usted se repite a sí mismo el texto que dice Todo lo puedo en Cristo que me fortalece, en el supuesto de que su vida cambiará con ayuda del pensamiento positivo).
El mensaje del evangelio es Cristo crucificado y no que usted puede llegar a ser mejor persona si tan solo confía en Dios. La contemporánea religión cristiana se ha convertido en apariencia de bondad que niega su eficacia, cumpliendo lo anunciado por Pablo cuando le decía a Timoteo lo que acontecería en nuestro tiempo (2 Timoteo 3:5). Son los feligreses sumergidos en un evangelio sin Cristo los que van cautivos a la cautividad, colocándose ellos mismos el lazo en el cuello.
Los que tienen padecimientos indeterminados acuden a la consulta de alguien que los escucha mientras hace anotaciones y una que otra pregunta. Después, el supuesto enfermo habla de lo que primero se le viene a la cabeza en tanto el terapeuta hace asociaciones libres de lo que se enuncia en el diván. Mediante un ejercicio de la mente, muchos denominados cristianos acuden ante el Jesús psicoanalista, para que los escuche e interprete, solo que la asociación libre en esta ocasión es una tarea ejecutada por el necesitado.
Conviene recordar que el Jesús de la Biblia es presentado como el que fue crucificado por su pueblo (1 Corintios 2: 2; Mateo 1:21), el cual difiere mucho de un psicoanalista. Jesucristo no hace asociaciones libres ni nos trata con placebos, sino que conoce todas nuestras necesidades antes de que se las digamos. También, el Señor nos confronta con nuestra condición de pecador diciéndoles a los que son suyos que cargó con nuestros pecados para que alcanzásemos un perdón absoluto. El mensaje del evangelio se proclama en todo tiempo, haciendo énfasis en que el pecador debe arrepentirse y creer lo que la Escritura enseña. Le conviene al hombre escudriñar las palabras declaradas en la Biblia, porque por esta vía llegará el ser humano a recibir al Salvador para salud que nunca acaba. De seguro, creerán todos los que estén ordenados para vida eterna, los así llamados escogidos por Dios para ser conformes a la imagen de su Hijo.
César Paredes
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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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