Domingo, 04 de diciembre de 2016

La razón por la que Dios controla todo es muy simple, Él es Todopoderoso, el Creador de todo cuanto existe y no tiene nada igual ni superior a Él para rendir cuentas. Entonces, cada átomo dibujado en el universo está siendo controlado por su voluntad y designio para que cumpla el propósito de su formación. Si alguna partícula atómica fuese independiente o autónoma, el universo podría entrar en caos, como por efecto dominó. En relación a la voluntad humana, el Dios de las Escrituras también la controla a la perfección, para que cada ser humano cumpla el guión escrito para él. En algunos casos, como el del Faraón de Egipto, se nos ha dicho que fue levantado para que Dios exhibiera en él su poder, para declarar su nombre en toda la tierra.
Ese mismo Dios despertó en el rey Ciro el deseo y la declaración para que lo exaltase a través de un decreto: Así dice Ciro, rey de los persas: Jehová, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra; y él me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de todo su pueblo, sea Jehová su Dios con él, y suba (2 Crónicas 36:22). A lo largo de la Biblia encontramos textos similares, donde el Dios de la Creación es exaltado por la forma tan particular en que acontecen todos sus eventos ordenados. Una flecha lanzada a la deriva penetró en el cuerpo del rey Acab, quien estaba disfrazado de soldado común para que no lo reconociesen y lo matasen. Pero era el decreto de Jehová el que el rey muriera en esa forma y en aquella ocasión. Por eso se ha escrito que como las corrientes de las aguas está el corazón del rey en las manos de Jehová, a todo lo que quiere lo inclina (Proverbios 21:1).
¿No es Dios capaz de hacer con los seres humanos lo que quiere? El lo hace y lo dice, a través de la metáfora del alfarero con el barro, el que moldea su arcilla en sus manos, de tal forma que se entienda que en sus manos estamos también y nos configura a su manera (Jeremías 18:6). Porque Él ha prometido darnos un nuevo corazón en remplazo del de piedra endurecido que tenemos por naturaleza, asunto que cumple a través del nuevo nacimiento por intermedio del Espíritu Santo.
La gente malvada también está controlada y dirigida por el mismo Dios, no pensemos que porque están bajo la autoridad del príncipe de este mundo el Señor no tiene nada que ver con ellos. Los hermanos de José actuaron despiadadamente contra él, pero Dios lo pensó para bien, para mantener a mucha gente viva (Génesis 50:20). Un rey llamado Sihón, de Hesbón, no quiso dejar pasar a los hijos de Israel por su territorio. La razón de su actitud hostil se dice que fue porque Jehová había endurecido su espíritu, y obstinado su corazón, para entregarlo en las manos de ese pueblo (Deuteronomio 2:30). Una forma similar usó con Faraón, a quien endureció para que no dejara salir a Israel de Egipto, de tal forma que se vieran sus maravillas y con estragos y castigos a esa nación tuviera que dejarlos ir. Jehová endurecía el corazón de mucha gente con la que Josué hacía guerra, para que resistiesen con pleito a Israel, para destruirlos, y que no les fuese hecha misericordia, antes fuesen desarraigados, como Jehová se lo había mandado á Moisés (Josué 11:20). En el libro de Samuel leemos que en una ocasión ciertas personas no oyeron la voz de su padre, porque Jehová deseaba causarles a ellos la muerte. Ese mismo Dios ordenó que no se aceptara el buen consejo de Ahitofel, porque deseaba llevarle el mal a Absalón.  El que Israel se apartara de la casa de David también fue consejo de Jehová, quien hizo que el rey Roboam no escuchara al pueblo, sino que lo tratara con dureza. Todo ello porque la causa de Dios debía cumplirse según lo hablado a través de Ahís Silonita, a Jeroboam hijo de Nabat (2 Crónicas 10: 15).

El salmista Asaf tuvo el predicamento de ver la prosperidad de los impíos, los que no tienen congojas por su muerte. Ellos satisfacen su cuerpo sin batallar como los demás mortales, así mismo su alma engruesan con pesadez para no entender la palabra revelada. El salmista llegó a tener por momentos envidia de los arrogantes, viendo su prosperidad y fortaleza entera, ya que están coronados de soberbia y violencia, logrando con creces los antojos del corazón. Es decir, si llegan a tener algún problema lo resuelven de acuerdo a la ética del príncipe de este mundo. Ellos dicen: un clavo saca otro clavo, a rey muerto, rey puesto. Con ese criterio de vida todo se les hace más llevadero, porque no tienen problemas éticos con el príncipe que los gobierna. Satanás tiene una ética relativa, que todo lo acomoda a las circunstancias. La confusión del salmista fue grande si se quedaba mirando los eventos simples de la tierra, pero al entrar en la presencia de Dios comprendió el fin de los impíos: están puestos en desfiladeros para ser asolados de repente.

Asaf confiesa que al mirar la prosperidad de la maldad y de los malhechores se sintió ignorante por no entender lo que acontecía. Llegó a ser como una bestia delante de Dios, sin entendimiento. Con todo, dijo, el Señor lo había tomado de su mano derecha y lo había guiado según su consejo, para recibirlo finalmente en gloria. Este es el consuelo de los hijos de Dios, sentirse guiados por la benevolencia de Jehová. La roca de nuestro corazón es Dios para siempre, a quien tenemos en los cielos y a quien deseamos en la tierra.
En realidad Dios hace todo, aún al malo para el día malo. No hay ningún mal acontecido en la ciudad que el Señor no haya hecho (Amós 3:6). ¿Quién será aquel que diga algo y eso ocurra, sin que el Señor lo haya mandado? ¿De la boca del Altísimo, no sale lo bueno y lo malo? (Lamentaciones 3:37-38). Incluso la autoridad que tenía Pilato contra Jesús le venía del cielo, porque todo estaba escrito que aconteciera de aquella manera. Judas Iscariote tenía que traicionar a su Maestro por treinta piezas de plata, y ese dinero devuelto sería para comprar el campo del alfarero. Cada detalle de la crucifixión del Señor fue planificado por el Padre y dictado a sus profetas para que se escribiera, de manera que cuando aconteciera recordáramos el poder soberano de Dios. De tal forma fue la predestinación de estos eventos del Gólgota que aún Herodes y Poncio Pilato, con las naciones y la gente de Israel, se reunieron contra el Siervo Jesucristo el Ungido, de acuerdo al propósito y anticipado consejo de Dios (Hechos 2:23; 4:27-28).
Sabemos que en la tierra no hay ni una sola persona que busque al verdadero Dios de las Escrituras, que el corazón humano no regenerado busca siempre el mal, que hemos sido formados en iniquidad y concebidos en pecado, que los sacrificios de los impíos son desagradables ante los ojos del Señor, que el leopardo no puede mudar sus manchas como el corazón humano no puede hacer lo bueno, habiendo aprendido a hacer lo malo. Conocemos que el mal árbol no dará jamás un buen fruto, que los hombres han preferido más las tinieblas que la luz, porque sus obras son malas y no quieren que se muestren en la claridad. Por todas estas razones bíblicas nadie es capaz de ir ante el Señor, a no ser que el Padre lo arrastre a la fuerza (Juan 6:44). La Biblia añade que no hay quien entienda ni quien busque a Dios, que todos se volvieron atrás y se hicieron inútiles, que la lengua de los impíos pasea la tierra, y su garganta es una tumba abierta, engañando con sus palabras cargadas del veneno que hay bajo sus labios. La boca del impío está cargada de maldiciones y amarguras, con pies presurosos para derramar sangre. Los inicuos tienen todas sus vías plagadas de ruinas y miserias y desconocen el camino de paz.
Matará al malo la maldad, el hombre impío camina conforme a la carne, porque sus pensamientos son carnales; para el impío las cosas del Espíritu de Dios son locura y no las puede entender porque se han de discernir espiritualmente.
En resumen, dada la inagotable maldad humana, sabiendo que Dios que no miente ha declarado al hombre muerto en sus delitos y pecados, no puede haber uno solo que busque a Dios. Por lo tanto, todos los que hemos alcanzado la salvación de Dios ha sido por una dádiva eterna concedida de acuerdo al propósito divino. Dios se ha escogido para Sí mismo un pueblo para que el Hijo lo redimiera en la cruz. En el tiempo oportuno va llamando a sus ovejas para que sigan al buen pastor; de todas ellas ninguna se perderá porque están ubicadas en las manos de Cristo y en las manos del Padre. ¿Quién podrá acusar a los escogidos de Dios?
En realidad, la expiación fue completada en la cruz, para todos aquellos a quienes Dios llame de acuerdo al propósito de su elección. Añadir a esto implica desconocer la depravación total de la humanidad y pisotear la sangre del Cordero inmolado. Decir que Jesucristo murió por todos, sin excepción, es menospreciar su sangre en aquellos por quienes supuestamente fue vertida pero que yacen ahora en el infierno de fuego. Dios llama en todo tiempo a los suyos, para que se arrepientan y crean el evangelio.
César Paredes
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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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