S?bado, 03 de diciembre de 2016

Con muchos tributos se habla del maligno en la muy variada cultura del mundo. Tal vez los nombres que le da la gente hacen honor a sus artilugios, pero nada mejor para ilustrar la admiración de la multitud por semejante ser que escuchar cuando hablan del pacto con el diablo. La gente supone que Satanás hace pacto con ellos para ayudarlos, para transferencia de poder de manera de lograr fines específicos. Incluso hay quienes aseguran haber estado en su presencia bajo manifestaciones especiales.
Solo podemos decir con la Biblia que el diablo existe y que desde el principio ha sido homicida y mentiroso, que él nada tiene en Jesucristo y que es el príncipe de este mundo. Tiene una multitud de hijos, todos ellos engañados por su poder y por su habilidad para argumentar falazmente. Sus más fieles servidores humanos también han sido engañados, aunque pareciera más bien que fueron seducidos y entregados voluntariamente ante sus encantos. De todas formas tienen igual destino que la cantidad de demonios que configuran las huestes de poder del trono del infierno.
El diente del diablo es el que afinca en aquella persona que devora. Como león rugiente anda buscando a quien destruir, a quien enterrarle el colmillo. La mordida de un león deja su huella y hace sus estragos rápidamente. El creyente en Jesucristo conoce las visitas de ese animal y escucha su rugido, pero temeroso de Dios lo enfrenta y lo resiste. De hecho, la Biblia enseña que si resistimos al diablo él huirá de nosotros.
Se nos recomienda hacerle frente a la tentación. No os ha tomado tentación, sino humana: mas fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar; antes dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis aguantar (1 Corintios 10:13); dado que la carne es débil debemos escapar del lazo del cazador. Jesús nos recomendó velar y orar, nos enseñó en el Padrenuestro a pedir al Padre que no nos dejara caer en la tentación. Pablo le dice a Timoteo que huya de las pasiones juveniles, que evitemos la inmoralidad sexual y por causa de esto es mejor que cada hombre tenga su propia esposa, así como cada mujer su propio marido.
La tentación es muy variada, pero siempre busca las pasiones de la carne. Hay quienes desean enriquecerse y caen en muchas codicias necias y engañosas, hundiéndose en perdición y muerte. El dinero ha venido a ser la raíz de muchos males, el cual han codiciado algunos traspasándose de muchos malestares y abandonando la fe. El hombre de Dios ha de huir de tales cosas y seguir en cambio la justicia, la piedad, la fe, la paciencia, la mansedumbre.
El diablo es experto en crear tentaciones, las cuales seducen a los humanos en virtud de su concupiscencia. Esta labor diabólica conduce a mayor pecado y finalmente a la muerte. El difamador y calumniador, el que nos acusa ante Dios y ante los hombres, llamado el acusador de los hermanos, no tiene piedad en lo más mínimo. Por eso el refrán popular que dice: el diablo ofrece mucho, da poco y quita todo. Enemigo de toda la humanidad, lo es en especial de la simiente de la mujer (de acuerdo al relato del Génesis), de todos los elegidos de Dios. Nos acusa de quebrantar la ley de Dios, y luego reclama ante el Todopoderoso por el castigo de la injusticia cometida. Sin que olvidemos que aquella ley quebrantada fue también su incitación para que tuviese de que acusarnos.
Se habla de él como de un león rugiente, en cuenta de su fuerza, su furia y malicia. Asimismo, como cualquier felino salvaje es cruel con su presa, por lo cual camina cerca de los santos (las ovejas del Señor) para ver a quien devora. Corriendo de un lado a otro pasa los días y las noches para encontrar una víctima y tratar de destruirla. Por eso el Señor nos recomienda a estar sobrios y a velar, pues no sabemos cuando aparecerá nuestro adversario.
El puede destruir almas y cuerpos. Hay muchos creyentes que han perdido facultades físicas por andar entretenidos con el pecado, como producto de las estratagemas de Satanás. Pablo escribía que por ciertas razones del pecado (tomar la cena indignamente, por ejemplo) muchos habían muerto y otros estaban debilitados. Aunque entendemos que esto puede ser un castigo del Señor para los creyentes, el actuar indignamente es un pecado en el que nuestro adversario ha tenido ocasión de inducirnos.
Si bien ningún hombre vive sin cometer pecado, no todo aquel que peca es del diablo. Pero aquellos que hacen del pecado su negocio, su costumbre, su forma de vida, son del diablo. Tal vez lo imitan como a un maestro, lo respetan como el hijo al padre, en sus lascivias, como cautivos en la corriente de este mundo. La vanagloria o la soberbia de la vida es el atractivo para las almas que viven la pasión de la carne, para que por medio de los deseos de los ojos atrapen el espectáculo ruidoso del mundo. Ferias, fechas de celebración, navidades y parrandas, carnavales y días dedicados a la religión (semana mayor o Semana Santa), día de brujas (halloween) o día de todos los santos, dedicados al servicio de la majestad satánica. Todo visto como un juego o entretenimiento para la masa, como el folklore para las naciones, pero con el aguijón del servicio al príncipe de este mundo.
El diablo peca desde el principio, si bien fue hecho por Dios como una santa criatura, por eso creemos que peca desde el principio de la creación del hombre. Satanás peca por su rebelión natural a Dios y por medio de la tentación ejecutada ante los hombres más débiles que él; su orgullo y envidia pudieron ser sus dos primeros pecados, pero ellos son también la base de múltiples errores en la vida de los humanos.
El Señor le dijo a un grupo de personas una verdad terrible que describe parte de la personalidad de Satanás: Vosotros de vuestro padre el diablo sois, y los deseos de vuestro padre queréis cumplir. Él, homicida ha sido desde el principio, y no permaneció en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira (Juan 8:44). Si alguien preguntara cuál es la obra del diablo habría que responder que solamente ha pecado desde el principio, por fuerza de su naturaleza.
En contraparte, el Hijo de Dios ha sido manifestado en carne (manifestado como Hijo de Dios que siempre ha sido) para destruir las obras del diablo. ¿Y cuáles son esas obras? Las del pecado: calamidad, dolor y muerte, todo aquello que transgrede la ley de Dios. La muerte de Jesucristo destruyó la obra del diablo y con su resurrección exhibió públicamente su trofeo ante el Padre y ante los ángeles, dando crédito del triunfo absoluto sobre el que tenía el imperio de la muerte.
Juan contrapone los hijos del diablo con los hijos de Dios. Los que son de Dios no hacen pecado, porque la simiente divina habita en ellos; no pueden pecar porque son nacidos de Dios (esto no quiere decir que el creyente puede decir que jamás peca, sino que no vive en el pecado). En cambio, los que son del diablo son aquellos que no hacen justicia y que no aman a su hermano. El apóstol se refiere acá a los que van a la iglesia y simulan ser creyentes, pero no son capaces de hacer justicia ni de amar a los que supuestamente son sus hermanos (1 Juan 3: 10).
En resumen, es mejor estar cerca del Señor, en su regazo, que al frente del rostro del león rugiente. El diente del diablo es de temer, sirve para que velemos y no entremos en tentación, para que oremos más y para que corramos a los pies de Cristo. Si resistimos al diablo, de nosotros huirá, y no puede vencernos porque el que está en nosotros es mayor que el que está en el mundo.
César Paredes
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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 14:44
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