Domingo, 27 de noviembre de 2016

El hecho de que la Escritura asegura que Dios muda los tiempos nos da a entender que no podemos quedarnos con una idea cultural fija, como si la revelación fuese algo más que el mensaje. La cultura judía y el judaísmo dentro de la siembra del cristianismo no pueden negarse en los escritos de la Biblia; sin embargo, aquella realidad no implica que estemos atados a los rituales de una cultura legendaria. A veces hay matices que nos permiten mirar el otro lado que nos parece lejano, pero que da luz a ciertas circunstancias de vida para que vivamos en armonía con el Dios de la creación. Por ejemplo, Naamán confesó ante el profeta Eliseo, por causa de su señor o jefe, que él debía acudir al templo de un falso dios para cumplir con su deber laboral, pero que su corazón no estaba contento con tal actuación:  Que el Señor perdone a tu siervo en esto: Cuando mi señor entre en el templo de Rimón para adorar allí y se apoye en mi mano, y yo me incline en el templo de Rimón cuando tenga que adorar allí, que el Señor perdone a tu siervo por esto. Y él le dijo: Vete en paz... (2 Reyes 5: 18-19).

El Señor perdonó a su siervo en este asunto, ya que Naamán no estaba del todo preparado para ofender a su señor jefe a quien servía, como para refutarle el entrar en el templo idólatra con él. Otros fueron más atrevidos, como Daniel que se negó a inclinarse ante la estatua del rey o como para anunciar abiertamente que oraba al Dios de Israel. La conciencia de Naamán le decía que lo que hacía estaba mal, pero confió en que Dios lo perdonaría por tal atrevimiento por cuanto obedecía a su superior en su trabajo. ¿Será esto una muestra de la mucha fe de Daniel y la poca fe de Naamán?

Pongamos otro caso para nuestro ejemplo, hablemos del matrimonio que implicaba una serie de rituales que son muy distantes de los dispuestos por la cultura actual. ¿Hemos de entender que aquellas formas de casamiento eran el mandato divino, o simplemente que la esencia de la relación era lo que manifestaba importancia? El que la cultura judía aceptara como normal el hecho de que el padre decidiera el destino de sus hijas vírgenes, a quienes podía consagrarlas para Dios de tal forma que no se casaran nunca, no implica que esa deba ser la norma a seguir hoy día. ¿Cómo separar el horizonte para delimitar la frontera entre lo cultural y aquello exigido por el Creador? De igual forma, la tradición judía recomendaba la noche de bodas estar alrededor de la tienda nupcial para cerciorarse de que la mujer sangraba como virgen, hecho que notoriamente mostraba el marido con una sábana manchada en sangre ante los espectadores, para que se fueran en paz y no apedrearan a la mujer dada en nupcias. ¿Será que esa práctica discriminatoria sexual (pues no se acusaba jamás al hombre de no acudir virgen al matrimonio) era digna de que la siguiésemos en nuestros días? De nuevo, el umbral entre lo inspirado y lo tradicional de una cultura debe separarse.

La Biblia habla de la unión entre las parejas, de la abominación de la homosexualidad, de los peligros del adulterio y de la fornicación. No creemos que eso sea cultura que cambie con los tiempos sino más bien órdenes permanentes en la historia humana en su relación con Dios. Pero la forma de realizar la boda, como la manera pública de mostrar si la mujer acudió virgen a él, no es necesariamente inspirada sino un hecho cultural que puede modificarse con el uso.

De la misma manera tenemos en cuenta que bajo la ley de Moisés había que apedrear a ciertas personas por determinadas transgresiones. Eso no continúa haciéndose hoy día, pero tal vez vemos una referencia en Jesucristo impidiendo que apedreasen a la mujer adúltera. El Señor decía muchas veces: oísteis que fue dicho...pero yo os digo que... En esos casos uno puede ver el rompimiento de una tradición para instaurar una nueva costumbre. Cuando el Señor fue interrogado acerca del divorcio él dejó claro que la única excepción por la que avalaría tal hecho sería por comisión de un hecho de corrupción (en especial la sexual). Porneia es el término griego usado por Jesús para colocar la excepción. La traducción de ese término dice lo siguiente: adulterio, prostitución, acción deshonesta, idolatría (esta última, metafóricamente).

Sin embargo, hay quienes desean ir más lejos que el Señor y reclaman su autoridad a partir de un escrito Pablo.  El apóstol se refirió en una oportunidad a la duración del mandato legal de la unión matrimonial; ésta no termina sino con la muerte de uno de los cónyuges. Pero el ejemplo del apóstol intenta hacer la analogía con el cese de la obligación de la ley, por lo cual el apóstol ajusta el ejemplo a su explicación de la vigencia del mandato de la ley. Ese hecho no implica que porque no se haya referido al divorcio de la pareja el mismo quedaba completamente eliminado. Ya el Señor había aclarado unos años antes la razón de la excepción y no es justo afirmar que por la analogía entre el término final de la ley y la muerte de uno de los cónyuges se pretenda dejar sentada cátedra, con la idea de que el divorcio no está permitido en la excepción expuesta por el Señor.

En cuanto a la ciudadanía, existían algunos privilegios que no eran compartidos con los extranjeros. Bajo la ley de Moisés muchos ciudadanos no israelitas eran admitidos en medio de ellos, con excepción de los moabitas y amonitas (Deuteronomio 23: 1-3). La Biblia nos muestra cómo todos los ciudadanos romanos tenían el derecho de apelar al César, tal como lo hiciera Pablo, el cual tenía al menos la ciudadanía romana y judía (Hechos 25:11). En muchos censos narrados en la Biblia uno puede darse cuenta de que se cuentan a los hombres pero no a las mujeres y a los niños. Esta costumbre ha cambiado con el uso y el tiempo, por lo cual no podemos atarnos a ella como si fuese un mandato divino el hecho de contarse de aquella forma.

La enumeración o registro de ciudadanos de un pueblo fue una práctica muy antigua, practicada tanto por los romanos como por las civilizaciones del Antiguo Oriente. Al menos cinco cómputos se mencionan en el Antiguo Testamento referidos al pueblo hebreo. El primero de ellos lo encontramos en Éxodo 30:11, en alusión a la ofrenda del tabernáculo; otro está en Números 1 al 3, en cuanto al servicio militar; en Números 26 se menciona el que hicieron para entrar a Canaán, como base para la división de la tierra a repartir. Está el famoso censo hecho por David, del cual tenemos dos versiones (en 2 Samuel 24 y en 1 Crónicas 21), presentados como dos perspectivas diferentes en cuanto a la inspiración del mismo. Finalmente tenemos el censo hecho con los que regresaron de Babilonia (Esdras 2 y Nehemías 7). Ya en el Nuevo Testamento hay dos referencias al censo romano (Lucas 2 y Hechos 5). En cuanto a la forma de contar a los que se beneficiaron del milagro de los panes y los peces, se habla de un número sin contar las mujeres y los niños.

Esa costumbre de contar dejando por fuera a las mujeres y a los niños no se practica en nuestros días. Entonces, debemos tener en cuenta que hay variaciones en las modas o prácticas de realizar ciertos eventos y actos, sin que ello implique una violación a lo que se narra en la Escritura. Por esa razón hay que tener cuidado en no tomar como mandato aquello que es simple relato cultural y habitual del pueblo de Israel. Si los padres casaban a los hijos no por ello debe seguir siendo una tradición recomendada en nuestro tiempo. ¿No cambia Dios los tiempos y las edades?

Si un hombre y una mujer se enamoran siendo creyentes verdaderos en el Dios de la Biblia, pero los padres de uno de ellos o de los dos (poco importa) son ateos o profanos, o niegan el evangelio y lo aborrecen, ¿cómo pueden atarse esas parejas de adultos enamorados y creyentes al consentimiento de aquellos hombres impíos por el solo hecho de ser sus padres? El que el Deuteronomio hable de la fuerza del consentimiento de los padres no implica que eso sea el mandato a seguir, como si fuese una deshonra mostrar disensión con el criterio de padres impíos que para nada bueno intentan gobernar los corazones de los creyentes. ¿Es eso deshonrar a los padres? ¿Y qué deshonra puede haber si los hijos desobedecen en un mandato que los padres hagan de hacer el mal y no el bien?

Debemos pedir sabiduría a Dios, el cual la da abundantemente y sin reproche. En realidad el mundo cambia y sus costumbres porque Dios las muda, como lo afirma la Escritura. Sin embargo, la palabra que no pasará es aquella que el Señor ha dejado como permanente, en la cual debemos estar atentos para desentrañar su sentido.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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