S?bado, 24 de septiembre de 2016

Hay herejías viejas pero que permanecen en el tiempo, a esto llamo vieja y continua herejía. Conviene recordar al hereje también, porque en ocasiones hay denominaciones de sinagogas que tienen mucho peso histórico en la confusión de muchos profesos religiosos, para andar en el error. ¿Quién no ha oído hablar de la iglesia metodista y de su influyente líder John Wesley? Muy a pesar de sus errores doctrinales, hay mucha gente que comulga con ellos hablando paz cuando no hay paz, diciendo dulce por amargo y amargo por dulce.

Desde afirmar que el bautismo regenera a la persona, hasta asegurar que la predestinación no se anuncia en la Escritura, John Wesley ha dicho que abjura de ese Dios que parece más bien un demonio y hace ver a Satanás como bueno. Sin embargo, ¿cómo puede uno comprender que el predicador protestante del siglo XIX, Charles Spurgeon, haya dicho que Wesley merece ser nombrado el décimo tercer apóstol del Señor? ¿Cómo se puede entender que George Whitefield (consagrado protestante contemporáneo de ellos) haya dicho que no verá a Wesley en el cielo porque estará tan cerca del trono de Dios que para él será imposible siquiera mirarlo?

Viejas herejías con herejes no tan viejos que conviene recordar para evitar sus lazos. Cualquiera que se desvíe de la doctrina de Jesucristo no tiene ni al Padre ni al Hijo, y a aquéllos no se les debe decir bienvenidos, porque quien tal hace participa de sus malas obras. El Señor ha llamado a su pueblo (libro de Apocalipsis) a salir de Babilonia, en el entendido de que muchas personas que todavía no han sido regeneradas (y son sus elegidos) andan en las milicias del error religioso. No es un error de interpretación histórica sino muchas herejías que sugieren que quienes las practican no herederán el reino de los cielos (Gálatas 5:19-20).

La Escritura dice que Dios decreta y controla cada cosa que acontece en su creación; argumenta que solo Él es Dios, que no hay otro por ahí, que Él es el que hiere y sana, el que mata y mantiene vivo, y no hay nadie que pueda librarse de su mano (Deuteronomio 32:39). Sin embargo, la herejía señala que Dios es el creador del universo pero que no ha decretado nada de lo que acontece (o al menos no ha decretado muchas cosas que ocurren en su creación). El hereje contraviene la enseñanza clara de la Biblia cuando dice que Dios escogió a Jacob y a Esaú para fines diversos antes de que fuesen concebidos, antes de que hiciesen siquiera bien o mal (Romanos 9).

El Dios que está en los cielos, cualquiera cosa que haya querido eso ha hecho (Salmo 115:3) y de Él ha dicho Job el justo lo siguiente: Pero si él se determina en una cosa, ¿quién lo apartará? Su alma deseó, e hizo. Por tanto él acabará lo que me es necesario; y muchas cosas como éstas hay en él (Job 23:13-14). Jesucristo ya dijo que todo lo concerniente a su trabajo de expiación había sido consumado, de manera que siendo él un Dios perfecto su obra también lo es. La frase dicha en la cruz, Tetélestai (Consumado es), no fue en vano, sino que anuncia la consumación de su obra encomendada, salvar a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21).

¿Cómo puede servir el bautismo como regeneración, si esa es una misión del Espíritu de Dios? Pero Wesley decía que el bautismo quitaba el pecado original, aplicando los méritos de Cristo. El bautismo nos hace hijos de Dios, en palabras del célebre hereje protestante. Muchos ven esta declaración como normal, dado que es también parte de la doctrina católico-romana. No olvidemos que el señor Wesley seguía al pie de la letra la doctrina de Jacobo Arminio, una punta de lanza del romanismo para plagar al protestantismo con la droga de los jesuitas. De allí su coincidencia con las enseñanzas de Roma.

Añadía el señor Wesley que donde se quita la libertad humana el hombre se torna incapaz de virtud alguna. Pese a que Dios gobierna el hombre, Él no puede nada en contra de la voluntad humana, según las palabras del hereje en cuestión. Si no hubiese libertad tampoco podría ser el hombre cargado de culpa, de manera que Dios respeta la libertad humana y desea que cada uno sea salvo. Somos libres de escoger a quien servimos, pero Dios no desea forzar a nadie a que lo acepte a Él. Más bien Él deja a la humanidad en las manos de su propio consejo, dice Wesley. Violentando los múltiples textos de la Escritura que demuestran la soberanía absoluta de Dios en la salvación humana, Wesley asegura que Dios no desea la muerte de nadie (amparado en un texto de Ezequiel, el cual es sacado de contexto y colocado en uno de vida eterna que no es pertinente). De acuerdo a este señor, el problema es que mientras Dios quiere salvar a todos los hombres ellos no se dejan.

Referente a la expiación de Jesucristo, Wesley nos asegura que es ineficaz en tanto muchas personas por quienes Cristo murió están hoy día en la condenación eterna. Aquel que ha sido santificado por la sangre de Cristo y comprado por el Señor puede perderse eternamente. También agrega que la condición para ser justificado es que el ser humano tenga fe, pero el arrepentimiento debe venir primero que la fe (todo ello contraviniendo lo que nos asegura el texto de Efesios 2:8). El hombre de sí mismo debe dejar el mal para aprender a hace el bien, pues la salvación es condicionada.

Wesley continúa su pregón arremetiendo contra la predestinación de Dios. Nos dice que la salvación es por obras, de lo contrario la predestinación tendría sentido (una vez más contra los variados textos que aseguran que no es por obras, para que nadie se gloríe). Ningún hombre se salva por algún absoluto o incondicional decreto: dado que negamos cualquier decreto absoluto o incondicional de Dios en materia de salvación, entonces asumimos la salvación por obras.   

Al contrario, lo que ha habido es una elección condicional. Dios, mirando a través de los tiempos, desde la creación hasta la consumación, en un solo momento, y viendo de un solo golpe lo que había en los corazones de los hombres, conoció cada uno de ellos y supo quién había de creer y quién no. Pero ese creer o no creer humano no fue ocasionado por el conocimiento de Dios. Por esta razón dice la Biblia que a los que antes conoció también predestinó (asegura Wesley). De esta forma ignora a propósito que el verbo conocer en las Escrituras refiere más al hecho de tener comunión que al acto cognoscitivo mismo. Adán conoció de nuevo a Eva su mujer, y tuvieron otro hijo... Nunca os conocí, dirá el Señor en aquél día ... A vosotros solamente he conocido de los hombres de la tierra ... Y José no conoció a María, su mujer, hasta que dio a luz al niño.

Y el resumen de su herejía queda explícito cuando asegura que la idea de la predestinación ayuda a destruir la santidad y a que no se predique el evangelio. Nos asegura que la predestinación es una doctrina de plena blasfemia, que muestra a Jesucristo como un hipócrita, un engañador del pueblo, un hombre vacío de sinceridad común. Esto representa a Dios como alguien peor que el diablo, incluso más falso que él y más cruel y más injusto. Por esto yo abjuro de la doctrina de la predestinación.

Por supuesto, esta manera de ver la doctrina bíblica para torcerla ha hecho que Wesley se acercara a los religiosos que son contrarios abiertamente a la Escritura. Wesley se abrió a los místicos y a las personas que temían a Dios (en su propia opinión) aunque no tuviesen claridad doctrinal ni conocimiento acerca del evangelio. Decía que más allá de la confusión de sus ideas o de su lenguaje impropio sus corazones pueden ser al mismo tiempo rectos ante Dios. Contrario a lo que la palabra de Dios asegura, que muchos en el día final van a alegar que ellos echaron fuera demonios en el nombre de Cristo, y que el Señor les dirá a ellos que nunca los conoció, el señor Wesley asegura que el echar fuera demonios es prueba suficiente de tener la comunión y aprobación de Dios.

Llega al extremo de afirmar que si él fuese a ver a un papista, a un arriano, a un sociniano (todos heréticos) echando fuera demonios, él no podría prohibírselos porque sería culpable de intolerancia. Tampoco concibo que ningún ser viviente humano tenga el derecho de afirmar que todos los paganos y mahometanos estén condenados. Es mejor dejarlos a ellos en las manos de Dios, el Padre de los espíritus y de toda carne, el cual es Dios de los paganos como de los cristianos también, y que no odia nada de lo que Él mismo ha hecho. Dios respeta la bondad de estos corazones (de paganos y mahometanos inclusive), más allá de la claridad de sus ideas.

La prueba de lo que a acá se denuncia está en la siguiente referencia: The Works of John Wesley (Baker Book House, Grand Rapids, MI (1996). Véase también: http://www.outsidethecamp.org/wesley.htm.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 9:21
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