S?bado, 17 de septiembre de 2016

El hombre caído carece en su estado natural del poder para creer el evangelio. De la misma forma quedó demostrado en el Antiguo Testamento que los seres humanos estuvieron imposibilitados para obedecer la ley de Dios. Pablo afirmó que la ley no salvó a nadie: Así que, concluimos que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley (Romanos 3:28); por la obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él (Dios) (Romanos 3:20); sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado (Gálatas 2:16).

Por esta razón la elección es soberana y no se basa en obra humana alguna de la cual el hombre está imposibilitado. Asimismo, la Escritura ha dicho que de esta manera Dios recibe toda la gloria y evita que el hombre pueda jactarse en su presencia. Se infiere de estos principios que el trabajo de redención de Jesucristo tuvo su objetivo en los elegidos del Padre. De allí que el Espíritu Santo nunca falla en su trabajo de regenerar a los que están ordenados para vida eterna. En consecuencia, cada creyente se mantiene en la fe y la Gracia recibidas como regalo, que junto con la salvación constituyen la prueba del nuevo nacimiento de lo alto.

El evangelio que no avergüenza es el emanado de la Escritura. La esperanza cierta y la buena noticia es declarada para los herederos del reino. Sin embargo, aunque muchos oyen el evangelio como anuncio eso no indica que ellos habrán de creer. Hay demasiadas personas que escuchan y hacen caso omiso de las palabras que oyen porque parecieran oír parábolas ininteligibles. Con razón la Escritura también dice que las cosas espirituales han de ser discernidas espiritualmente.

La Trinidad tiene su parte en el proceso de salvación. La elección corresponde al Padre, la redención al Hijo y el llamamiento eficaz al Espíritu. Esta triple actividad se hace sobre una misma persona asegurando la infalibilidad de la salvación. Pero nunca cesa de oírse el otro evangelio, el que es anatema, pregonando que el objeto de la salvación es toda la humanidad, sin excepción. Para ellos es el ser humano quien acepta o rechaza el llamado hecho por igual a todos, por lo que en definitiva la salvación no está asegurada para nadie en particular. Son dos teologías opuestas que conciben el plan de salvación en forma diferente la una de la otra. Si una hace depender la salvación del trabajo de Dios, la otra descansa en el trabajo conjunto entre Dios y el hombre. La primera teología llama la labor divina un acto monergístico (donde trabaja solamente Dios), mientras la teología del otro evangelio la denomina sinergismo (un trabajo conjunto entre la Divinidad y el ser humano).

Si la Escritura dice que la fe es un regalo de Dios como parte de la salvación (Efesios 2:8) y que no es de todos la fe (2 Tesalonicenses 3:2), el evangelio diferente declara que la fe es una contribución humana para adquirir la salvación. Claramente se ve que en la Biblia se reconoce que Dios ha de llevarse toda la gloria, pero en el sistema torcido de interpretación privada la gloria la comparte Dios con el hombre. La visión teocéntrica de la Escritura reconoce que el Creador hace todas las cosas de acuerdo al consejo de Su propia voluntad. Dios es la fuente de todo cuanto acontece y Él ha querido darse gloria por dos grandes vías: 1) demostrando su amor por Jacob (y en consecuencia por todos los que él representa), al elegirlo sin tomar en cuenta sus obras buenas o malas; 2) demostrando su odio por Esaú (y en consecuencia por todos los que él representa), al escogerlo como vaso de ira para demostrar la gloria de su furor y de su justicia sin tomar en cuenta sus obras buenas o malas. Al primero le hace el llamamiento eficaz y lo justifica en la sangre del Hijo, al segundo lo endurece. ¿Qué, pues, diremos? ¿Qué hay injusticia en Dios?

En ninguna manera, es la divina respuesta (Romanos 9: 14). Pero los del otro evangelio se empeñan en pregonar que existe una expiación universal en potencia, que no salvó a nadie en particular. Todos los que van siendo salvados lo son en virtud de su cooperación con la gracia preventiva de Dios. En otros términos, ellos creen que es el trabajo del pecador (declarado muerto en sus delitos y pecados) el que hace la diferencia entre salvación y condenación. Por lo tanto, ellos no creen en el evangelio como buena noticia sino como un anuncio de posibilidades que dependen de los muertos en espíritu. Para validar su tesis y sacar del lodo los pies, han procurado exponer el parlamento de los jesuitas del siglo XVI que aseguran Dios se despoja momentáneamente de su soberanía para que el hombre decida su destino a través del libre albedrío. Semejante ideología no se encuentra en ninguna de las páginas de la Escritura.

Claro que es más humanista la tesis de los jesuitas, pero mientras más se acerca al hombre más se distancia del Hacedor de todo. En resumen, la tesis de los jesuitas (con Luis de Molina como su precursor) no refleja la salvación condicionada solamente en el trabajo de Cristo en la cruz. Para ellos el consumado es viene a ser una frase incierta, porque en su sistema falso del evangelio condicionado en el pecador el hombre tiene la última palabra. Por otro lado, si ha de hablarse de predestinación habrá que hacerlo a la luz de un Dios que ve a través del tiempo y en los corazones de los hombres quien le habrá de aceptar. Esto es más o menos como si Dios tuviese que averiguar el futuro para después enviar a sus profetas a pregonarlo como Suyo propio. Es un Dios que se plagia de los seres humanos (sus criaturas), el mismo que vio que iban a matar al Mesías y por eso se le ocurrió la idea de enviarlo como expiación por esa humanidad deseosa de salvación y reconciliación.

Pero ese humanismo de Luis de Molina, de su pregonero Jacobo Arminio, y de sus otros patrocinadores como los Sínodos Romanos, no tiene fundamento en la Escritura. A no ser que se forje una interpretación privada para propia perdición de los que comulgan con el falso evangelio y le dicen bienvenido a los que traen una doctrina diferente a la enseñada por Jesucristo, los profetas y los apóstoles.

Hay que estar claros en algo que es trascendente para el espíritu. El evangelio universalista que predica que Jesucristo murió por todos, sin excepción, pero que no salvó a nadie en particular, no es materia de perspectiva teológica. Esta es una materia de desviación teológica y por lo tanto una doctrina ajena a la enseñanza del Señor a lo largo de la Escritura. El que se coloquen textos bíblicos fuera del contexto en que fueron escritos para probar una tesis falsa, no hace válida la proposición errada. La Biblia llama al otro evangelio maldito, así como dice que sea maldito todo aquel que lo predique y lo asuma como válido. Por otro lado advierte contra todos aquellos que abandonan la doctrina de Cristo, diciendo que los tales no tienen ni al Padre ni al Hijo. Además, se da una alarma contra toda aquella persona que en el nombre del evangelio o de Jesucristo le da la bienvenida a quien no traiga la doctrina apostólica.

De igual manera Dios le dice a su pueblo que está por creer que salga y huya de Babilonia, porque en lo que respecta a sus ovejas se ha dicho que ni una de ellas perecerá, que ni una de ellas huirá tras el extraño porque no conocen la voz de los extraños. Entonces, los que están en Babilonia deben ser ovejas que todavía no han escuchado la voz del buen pastor, pero cuando la oigan huirán de allí. 

Sí, la salvación es del Señor y no depende ni del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. No piense el que oye la voz del otro evangelio que ese es el camino para su redención; Dios no ama el fuego profano, a Él no le agradan las mezclas entre lo santo y lo profano. El mucho celo por Dios, si va acompañado de la ignorancia de su justicia (Dios es justo y el que justifica), conduce a la perdición eterna. El evangelio puro está en las Escrituras y todos los que son llamados lo entenderán y comprenderán el milagro que es creer en el verdadero Dios de las Escrituras. Comprenderán también el error de menospreciar o ignorar la persona y el trabajo de Cristo.

César Paredes

[email protected]

destino.blogcindario.com


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 8:36
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios