Lunes, 12 de septiembre de 2016

Muchos dirán en el día final Señor, Señor, en tu nombre hicimos milagros, pero les será dicho nunca os conocí. ¿Cómo puede ser esto cierto si esa gente fue religiosa en grado sumo, guardando la apariencia externa de la religión? Los fariseos de antaño también guardaron su apariencia y de nada les sirvió; entre ellos hubo gente preparada que tenía gran celo por Dios. De ellos dijo Pablo que carecían de conocimiento acerca de la verdadera justicia de Dios. En realidad aquella gente andaba perdida en cuanto a su camino de fe. ¿En qué fallaron? En que no entendieron la esencia del evangelio, a Jesucristo como justicia de Dios.

La ley fue un ayo que conducía hacia Cristo a muchos de los que llegaron a conocerla. Todos los sacrificios expiatorios del sacerdocio antiguo constituyeron un tipo del sacrificio definitivo que haría el Señor al morir por su pueblo. De la misma manera que el resto del mundo no judío estuvo excluido del sistema de ofrenda por el pecado, el sacrificio de Jesucristo dejó por fuera a un gran número de personas. Sí, esto suena extraño dentro de la religión humanista que apuesta por el mayor número de almas; imposibilitado de concebir a Dios como un Ser que hace como quiere, la falsa religión pretende ofertar salvación a quien quiera. Esa oferta del falso evangelio es demagógica por excelencia y no conduce a nada bueno.

El Espíritu Santo no tiene ningún interés en disfrazar la verdad para que no se vea mal la voluntad del Padre, más bien anuncia con clara evocación la soberanía divina. Dios tiene misericordia de quien quiere pero a quien quiere endurecer endurece. Esto lo hace sin tomar en cuenta la obra humana, ni buena ni mala, antes de que los seres humanos sean concebidos. Por su parte, Jesucristo dijo que nadie iría a él si el Padre que lo envió no lo trajere (a la fuerza). Además, el Hijo de Dios añadió en otro contexto que no rogaba por el mundo, sino solamente por los que le había dado el Padre.

Con estos precedentes, aunado a lo que dijeron los profetas del Antiguo Testamento, Jesucristo salvaría a muchos. No todos son llamados pero dentro de los muchos llamados son pocos los escogidos. Sabemos que Judas Iscariote era diablo, por lo tanto la sangre de Cristo no fue derramada por él en la cruz. El Faraón de Egipto también fue levantado para que Dios mostrase en él su gloria por intermedio de su ira y justicia.  La sangre de Cristo no fue derramada tampoco por él. ¿Y qué de aquellos moradores de la tierra que adoran a la bestia y se inclinan ante su imagen? Sus nombres no fueron escritos en el libro de la vida del Cordero desde la fundación del mundo, por lo tanto la sangre de Jesucristo no fue derramada por ellos.

¿Y qué de aquellos que Jesucristo les dijo que no podían entender su palabra porque no eran de sus ovejas? ¿No dijo Jesucristo que ponía su vida por las ovejas? Entonces no puso su vida por los que nos son ovejas. Por cierto, él pondrá a los cabritos a su izquierda y los enviará a la perdición eterna. ¿Qué pasó con la gente del diluvio? ¿Por qué Dios no los salvó como hizo con Noé y su corta familia? Pero nadie habla por ellos porque eso es materia ancestral, sin embargo los falsos creyentes salen a la palestra a defender en abstracto a la humanidad después de Cristo. Eso hace altamente sospechoso el ardid de la defensa.

Estamos de acuerdo con lo que dice la Escritura respecto a los que confiesan un falso evangelio. Ellos deben ser anatema, esto es, malditos. No son benditos del Padre los que proclaman o asumen un evangelio diferente al que es predicado por Jesucristo, los profetas y los apóstoles. Y esta es la razón fundamental por la cual el Señor les dirá en el día final que nunca los conoció, porque nunca tuvo comunión con ellos por cuanto no eran benditos del Padre. De manera que es asunto muy serio eso de proclamar o asumir un evangelio diferente al de las Escrituras, y poco importa que ese nuevo evangelio parezca más humanista, inclusivo y benevolente.

Los que confiesan otro evangelio son los mismos que transgreden y no permanecen en la doctrina de Cristo, que son señalados como que no tienen a Dios (2 Juan 9). Confesar otro evangelio es decir que Dios quiere salvar a todos sin excepción, cuando Él mismo ha dicho que hizo al malo para el día malo (Proverbios 16:4). Es también refutar la Escritura cuando declara que Dios al que quiere endurecer endurece (Romanos 9: 18), así como se tuercen igualmente  las palabras de Jesús cuando declaró que no rogaba por el mundo (Juan 17:9). Una cosa es preguntarse si Dios es injusto por tal actuación, pero otra cosa es acusarlo de injusticia. Los que se preguntan acerca del proceder de Dios pueden atenerse a la respuesta del Espíritu a través de Pablo: ¿Y tú quién eres para que alterques con Dios?  Con esa reprensión podemos pasar a la humildad y aceptar como lo hizo Jesucristo con la voluntad del Padre: Sí, Padre, porque así te agradó (Mateo 11:26).

Todo aquel que ignora la justicia de Dios coloca la suya propia en sustitución; estos son los que no comprenden que Jesucristo hizo todo en la cruz y lo llevó a la perfección, de manera que salvó positivamente a su pueblo, tal como lo anunciara el ángel a José (Mateo 1:21). Aquellos se espantan con la posibilidad de que Jesús no haya muerto por ellos, por lo tanto procuran agregar un poco más a la justicia divina: ahora dicen que ellos creyeron voluntariamente, que su condición espiritual no era de absoluta muerte sino que tuvieron la potestad de decir sí o decir no, gracias a la fábula del libre albedrío. Pero terrible cosa es caminar por el sendero de muerte (Proverbios 14:12).

Aunque el verdadero evangelio sea duro para muchos no podemos andar diciendo paz, paz, cuando no hay paz (Jeremías 6:14). El ladrón en la cruz estaba en un camino diferente al del evangelio del reino, pero quiso el Espíritu Santo renovarlo para vida eterna y el Señor murió por él en la cruz. Todo esto es parte del camino del Padre que ha hecho como quiere. No sabemos si usted habrá de esperar hasta el fin de sus días para ver si le tocará la suerte del ladrón arrepentido, lo que sí es cierto es que anunciamos el mensaje de esperanza para los que han sido escogidos por el Padre. Estos creerán oportunamente en el tiempo señalado.

Pero así como el Señor llamó a su pueblo a salir de Babilonia, de la misma manera clamamos para que salgan del falso evangelio. El que tiene oídos para oír oirá sin duda y manifestará su sed de vida eterna, para beber del agua de vida que es Jesucristo. El ha dicho que al que libertare será verdaderamente libre y pasará de muerte a vida. Este es por tanto un anuncio de esperanza.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 16:35
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