Viernes, 26 de agosto de 2016

Muchos Cristos se han levantado en la historia humana, diciendo que hay diversas formas de salvarse del castigo venidero. Hay quienes desean como cierto el que haya un Jesús más humanista que divino, para lo cual interpretan privadamente la Escritura para su propia perdición. Se levantarán falsos Cristos, fue una de las sentencias de Jesucristo en medio de sus discípulos. Esta advertencia cobra mayor importancia en la medida en que el tiempo de la historia transcurre, no vaya a ser que muchos se perturben por lo que vean.

Pero se equivoca cualquiera que pretenda comprender las palabras de Jesús como si se refiriera exclusivamente a ciertos personajes que han dicho que ellos son el Cristo. Claro que hace referencia a éstos pero también se implica a las nuevas formas de percibir al Cristo revelado en las Escrituras. Tal vez no haya que pensar solamente en los Mesías que en estos dos últimos siglos hemos conocido por medio de la televisión, sino más bien cabe reconsiderar la teología que transforma al Jesús de la Biblia en un Jesús bíblico-humanista que espera por la voluntad de sus seguidores.

Ahora los Jesucristo que contemplamos son los que llevando el mismo nombre de Jesús de Nazaret, viniendo del hogar de José y María, habiendo hecho los milagros relatados en los evangelios, pronunciando las palabras tal cual la leemos en las Escrituras, dislocan un poco la teología doctrinal que profirió el Señor del evangelio. Sabemos que ninguna Escritura puede ser de interpretación privada por cuanto ella es de interpretación pública. Está abierta para que se interprete en un solo sentido, el que el Espíritu de Dios ha dado. Se desprende del texto y su contexto, de la gramática escrita, que la inspiración divina no es contradictoria con ella misma y mucho menos será contra la lógica.

Hay textos rectores en la Biblia, los cuales suponen que cualquier otro texto deberá ser interpretado con lo que éste diga. Por ejemplo, si Pablo escribió que Dios amó a Jacob antes de la fundación del mundo (antes de ser concebido y de que hiciera bien o mal), no puede interpretarse que Jacob fuera amado en virtud de sus actos. Si el mismo apóstol escribió que Esaú fue odiado por Dios desde antes de ser concebido y de que hiciese bien o mal, tampoco puede inferirse de ese contexto que la condenación de Esaú obedece a sus actos.

Por supuesto, el falso Cristo puede decirnos que Dios previó las buenas obras de Jacob y las malas acciones de Esaú; que Dios ya sabía del desprecio de Esaú por la primogenitura y de las ansias de su hermano Jacob por adquirirla. Ciertamente esto puede ser visto como válido a no ser que se descubra la intención de falsa causa del argumento. La falacia de atribuir a una causa un fenómeno cualquiera es tildado como un argumento irracional. Alguien toca el tambor porque ve que hay un eclipse de sol pero cuando pasa el eclipse atribuye al sonido del tambor el hecho de que ya todo esté despejado en los cielos. Eso es una falsa causa.

De la misma forma el que Dios haya salvado a Jacob sin mirar en sus méritos, es dejado a un lado para atribuir una falsa causa al trabajo divino. No se trata de que Jacob no haya ayudado sino que más bien Dios previó que él buscaría con ansias la primogenitura. Asimismo, Esaú se condenó por sí solo en la medida en que despreció la primogenitura que le había sido otorgada. Y es que estas interpretaciones sutiles de la Escritura demuestran el carácter humanista del Jesús que redime. Para los teólogos del falso evangelio basta solamente un pequeño desliz interpretativo para conformar su doctrina y empaquetarla en seminarios y templos donde pululan los ministros de Satanás.

Sabemos que el caballo hala la carreta por lo que no se debe colocar la carreta delante del caballo. Eso hacen los que colocan las obras buenas o malas de la humanidad delante de la predestinación de Dios, porque así lo aprecian como más justo y más respetuoso de los derechos humanos. Pero eso no es lo que la Escritura enseña, ya que ella afirma todo lo contrario. No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros...Nadie puede venir a mí si no le fuere dado del Padre...No ruego por el mundo, sino por los que me diste...No depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia...porque Dios al que quiere endurecer endurece.

Son abundantes los textos que nos mencionan reiteradamente que Dios no nos llamó en base a nuestras obras sino a su exclusivo propósito y gracia, la cual nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos (2 Timoteo 1:9, por ejemplo). En cambio, el falso Jesús decidió salvar a todos sin excepción pero no antes de los tiempos sino en el tiempo presente. El alega que hizo su parte en la cruz, que ahora le toca a cada uno de nosotros demostrar que anhelamos la primogenitura (la salvación).

Los teólogos del falso evangelio defienden sus tesis con argumentos que no están en las Escrituras. Por ejemplo, dicen que Dios en un acto soberano se despoja voluntariamente de su soberanía por un instante para que cada ser humano decida libremente si acepta a Su Hijo como Salvador. Esa es la tesis de Luis de Molina, el jesuita del siglo XVI con la cual Roma vendió la idea de una salvación universal. ¿Quién puede negar el carácter humanista e inclusivista de la tesis romana? Es cierto que tiene más atractivo para el hombre natural, ya que de esta manera salvación y condenación dependen de los méritos humanos.

Sabemos que Jacobo Arminio fue un maestro teólogo enviado por Roma para infiltrar los centros de la teología protestante naciente, de manera que como droga sembrada se esparció fácilmente en medio de la verdad. Hoy día ha dado su fruto a ciento y a quinientos, conociendo que el 87% del universo protestante asume tal doctrina como inspirada y emanada de la Biblia. Por eso nuestra lucha en predicar una vez más la doctrina apostólica y de Jesús, la misma que en la Escritura aparece como la exhibida por los profetas, para que tengamos presente que Jesús puede salvar eternamente a los que por él se allegan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.

¿Qué significa el verso de Hebreos 7:25? Sencillamente que si Jesús vive para interceder por quienes él murió no va a perder ninguna de sus ovejas. Ya que él es el autor y consumador de la fe, ninguno de los creyentes perecerá jamás. Pero esta seguridad no se presume en el Jesús del otro evangelio, pues éste salvando inicialmente a todos sin excepción deja la carga de la salvación final en los pecadores muertos en sus delitos y pecados.

Cualquiera que se rebela, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios: el que persevera en la doctrina de Cristo, el tal tiene al Padre y al Hijo (2 Juan 9). Juan escribió que la doctrina de Jesús es la clave para distinguir entre salvación y perdición. Si sigues al verdadero Jesús es porque crees en su persona y en su trabajo (Consumado es, dijo en la cruz). En cambio, el falso Cristo habla fábulas doctrinales con el argumento de que él murió por todos, sin excepción, en un intento de salvación en potencia, pero depende de la voluntad expresa de cada alma para que Jesús pueda entrar en su vida. La muerte de este falso Cristo fue un acto inútil que no aplacó la ira de Dios ni logró borrar los pecado de nadie en particular, pero que por inservible destina a todos los que lo siguen al mismo infierno de fuego que no se apaga nunca. Y Juan lo dijo muy claro: los que no perseveran en la doctrina de Cristo no tienen ni al Padre ni al Hijo.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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