Lunes, 08 de agosto de 2016

¿Cómo podemos estar seguros de nuestra perseverancia hasta el fin? Es cierto que la Biblia dice que quien perseverare hasta el fin será salvo, pero esto no implica un azar. Más bien refiere a una realidad práctica que el cristiano debe considerar para estar firme. Es decir, no que la obra del creyente se anteponga a la predestinación de Dios, sino que la firmeza viene del carácter de quien predestina. Si Dios predestinó también llamó, y a los que llamó también justificó y glorificó.

Claro que Dios nos conoció desde antes, pero el verbo conocer en la Biblia toma muchas veces el sentido de tener comunión con, amar, cohabitar. De esta forma se ha escrito que Adán conoció a Eva su mujer y tuvieron otro hijo; es decir, ya se conocían, obviamente, porque tenían un hijo antes. Lo mismo se dice de José, quien no conoció a María su mujer hasta que dio a luz el niño. Jesucristo dirá un día a un grupo numeroso de personas nunca os conocí, por lo cual los envía al castigo eterno. Pero es obvio que si los reconoce y sabe quienes son significa que los conocía en el plano cognoscitivo, simplemente se agrega la carga semántica de que nunca tuvo ningún tipo de relación amistosa con ellos.

Podríamos sostener que si alguno persevera hasta el fin es únicamente porque Dios lo conoció o amó desde antes de la fundación del mundo. Ese conocer divino de la comunión con los amados es lo que garantiza la perseverancia. De ese conocer parte la predestinación, del seno del amor de Dios: En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros ... (1 Juan 3:16). Por lo hasta ahora dicho creemos que nuestra perseverancia es antes que nada una preservación divina. En otros términos, el que persevera es aquel que ha sido preservado por Dios para la gloria eterna. ¿Quién nos puede separar del amor de Dios? Estamos escondidos en sus manos, guardados también en las manos del Hijo; con esta doblez de nudo todavía se añade un tercer elemento de solidaridad con los hijos de Dios, el Espíritu de Cristo que mora en nosotros. El nos ha sido dado como arras o garantía de nuestra redención final, por lo cual es imposible que en esa simbiosis de la nueva naturaleza el Espíritu de Dios vaya a la condenación eterna. Más bien nos guía a toda verdad, se contrista con nosotros y nos requiere celosamente. ¿Habrá alguien capaz de superar el poder del Espíritu Santo?

La Biblia agrega que ninguna cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús. Nosotros somos creación de Dios, por lo cual se dice en ese texto que ni siquiera nosotros mismos (como cosa creada o barro formado) tenemos la capacidad para separarnos de ese inconmensurable amor. Hay muchos textos que nos dicen una y otra vez que caminamos hacia la patria celestial, sin que haya ningún poder para arrastrarnos a sitio contrario.

En Mateo y Marcos Jesucristo nos advierte acerca de los falsos profetas, los pseudo Cristos, que aparecerán en los tiempos finales. Habrá muchos engañadores que intentarán arrebatar presas fáciles y así lo harán. Pero estos falsos hermanos jamás podrán engañar con sus enseñanzas o prodigios mentirosos a ninguno de los creyentes verdaderos. La Biblia nos dice que el Señor se expresó de esta forma: intentarán engañar, si fuere posible, aún a los escogidos (Mateo 24:23-24 y Marcos 13:21-22). Los más sutiles engaños de los falsos maestros serán dardos torcidos e inútiles para penetrar la mente del que ha sido escogido por Dios. Esto garantiza la perseverancia que no es otra cosa sino la preservación de Dios.

También nos dice la Biblia que desde la época apostólica está operando el misterio de la iniquidad, pero que en los tiempos en que habrá de manifestarse aquel inicuo, cuyo advenimiento es por obra de Satanás, éste engañará con grande potencia, señales y milagros mentirosos, en los que perecen (por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos). Es decir, el engaño traído por el maligno recae en los que perecen, pues éstos no están calificados para perseverar hasta el fin porque no son salvos. ¿Y quién puede serlo? Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios, de manera que de Él depende la salvación, ya que Él es quien ha escogido desde antes de la fundación del mundo a su pueblo. Esta acción no fue hecha en virtud de nuestras obras sino en virtud de su gracia. Ciertamente Él tiene misericordia de quien quiere tenerla, pero endurece activamente a quien quiere endurecer. ¿Por qué, pues, inculpa? ¿Quién puede resistir a su voluntad? Esas preguntas las hace cualquiera que objete el proceder divino señalado en las Escrituras, pero la respuesta la ha dado el Espíritu en la inspiración de la palabra: ¿Quién eres tú para discutir con Dios? En otros términos, somos ollas de barro incapaces de decirle al alfarero por qué nos ha hecho de una u otra manera.

Pero el texto que habla acerca de la operación de mentira del misterio de la iniquidad nos agrega que Dios les envía operación de error, para que crean a la mentira (2 Tesalonicenses 2:7-11). Pensemos lo siguiente, si Dios es quien predestina porque nos ha amado con amor eterno, si Él es quien nos guarda en sus manos y en las manos del Hijo, si ha prometido que los falsos maestros y los falsos profetas que tratan de engañarnos no podrán hacerlo en ninguna manera, si Jesucristo ha declarado que ninguna de sus ovejas se irá tras el extraño, ¿cómo va a ser posible que Dios nos envíe a nosotros alguna operación de error? Nunca jamás será eso posible, por lo cual la Escritura ha sido clara en decir que aquella operación de mentira caerá sobre los que perecen, en aquellos cuya condenación no se tarda porque para eso también fueron destinados.

Nuestra perseverancia hasta el fin está garantizada en aquél que consumará nuestra fe, de manera que jamás puede suceder que Jesucristo redima a un elegido y luego le envíe el poder engañoso para que lo arrastre hacia el infierno eterno. Eso no es ni lógico ni lo que se infiere de la Escritura. Al contrario, Jesús ha dicho que nadie arrebatará de las manos del Padre ni de las manos del Hijo a ninguna de sus ovejas. Esto es lo que se entiende por gracia preservadora de Dios en relación con su pueblo. Es imposible que una oveja se vaya tras la voz del extraño, de acuerdo a la declaración del Señor recogida en el evangelio de Juan, capítulo 10, versos 1 al 5.

Ahora bien, esta absoluta certeza produce en nosotros el ánimo suficiente para querer asirnos de la promesa. No hay tal cosa como una preferencia hacia el mal, ya que cometiendo pecados nos sentimos miserables. Así le sucedió al apóstol Pablo, cuando hacía lo malo que no quería hacer y dejaba de hacer lo bueno que deseaba hacer. Se sintió miserable pero reconoció que Jesucristo era suficiente para guardarlo. Sabemos que los del falso evangelio hablan de ese Pablo como si fuera Saulo, pero eso es imposible por cuanto Saulo no estaba redimido y por lo tanto no tenía ninguna aflicción porque hiciera lo malo. Por el contrario, Saulo se gozaba de perseguir a la iglesia, como lo hizo con Esteban el apóstol llevado hasta el martirio.

Este tipo de certeza que descansa en el autor de la fe no puede desvanecerse. Ella constituye la esperanza para continuar por el camino trazado por el Padre, queriendo estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor que andar en este cuerpo de muerte. Pero como dijera el apóstol, por causa de los hermanos todavía nos mantenemos con el deseo de permanecer en este mundo. Mas ciertamente, el morir es ganancia.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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