Martes, 17 de mayo de 2016

Y pasando a Frigia y a la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo predicar la palabra en Asia (Hechos 16:6). Y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia; pero el Espíritu no se lo permitió (verso 7). ¿Cuánta gente no murió en Asia, o en Bitinia, sin llegar a conocer el mensaje del evangelio, solamente porque el Espíritu no lo permitió? Esto es una buena reflexión para aquellos que a la ligera aseguran que Jesucristo murió por todos los seres humanos, sin excepción.

La contraparte de lo expuesto nos muestra a Dios favoreciendo a una nación en particular, si bien tiempo después abrió su camino para el resto de la humanidad. Sin embargo, aún dentro de esa extensión puso límites, porque sigue hablando de escogidos, de acuerdo al propósito de su voluntad. Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová; el pueblo a quien Él escogió como heredad para sí (Salmo 33:12).

Pensemos, si Dios hubiese querido la salvación oportuna para toda la humanidad, hubiese enviado a unos ángeles con cuyo poder habrían predicado desde las nubes y todo ojo pondría atención al mensaje. Pero venido Jesucristo encomendó a sus discípulos ir primero a la casa de Israel y después al resto del mundo. Hubo una apertura para el mundo gentil (los no judíos), para el resto de las gentes; mas incluso ahora muchos se quejan de que Dios haya propuesto la salvación de la manera que lo hizo.

El juicio a Dios se asoma como mandato del alma humana caída, sosteniendo que cualquier nación o lengua puede tener una noción distinta de la divinidad, si bien todos apuntan a un mismo objetivo. Pero el anuncio del evangelio declara lo contrario, que Dios se mostró en la persona de Cristo, que se hace necesario conocerlo en su vida y en su trabajo específico de la cruz.

La definición que Dios se hace de Sí mismo es que Jehová uno es. Es decir, se invita de entrada al monoteísmo, para dejar a un lado la idolatría, el servicio a la multiplicidad de dioses creados por la necesidad humana. El gran problema para muchos religiosos ha consistido en soportar a un Creador que ha hecho todas las cosas, incluyendo al malo para el día malo.

Sí, el hecho de que Dios asume que ha hecho todo cuanto existe lo hace el autor del mal. Pero Él lo ha dicho, que no hay nada malo que ocurra en la ciudad que Él no haya hecho (Amós 3:6). A no ser que la gente busque una paráfrasis del texto, el mismo es sumamente plano y revelador.

Pese a tanta información que emana de la Escritura, la gente prefiere aferrarse a su idea fosilizada de un Cristo colgado en un madero, muriendo por cada uno de los pecadores del planeta. Si eso ocurrió de esa manera en que lo imaginan, no habría ninguna condenación para todos aquellos que mueren sin Cristo. Aunque suene paradójico, la muerte de Jesús redime a todos aquellos a quienes representó en el madero. Si Jesús murió por todos, sin excepción, todos sin excepción serán salvos.

Pero Jesucristo no hizo posible la salvación, no murió en potencia para salvar hipotéticamente a todos aquellos que se alleguen voluntariamente. El hombre natural ha sido declarado muerto en sus delitos y pecados, como alguien que aborrece a Dios y que no busca lo bueno; de manera que mal podría Dios dejar la salvación en las manos de los muertos que ni ven, ni saben, ni quieren.

Que formo la luz, y creo las tinieblas; que hago la paz y que creo el mal. Yo soy el Señor, que hago todo esto (Isaías 45:7). Dios anunció por el profeta Jeremías que nos daría un corazón y un camino, que nosotros lo temeríamos a Él todos los días, para bien nuestro y de nuestros hijos. Es Dios quien coloca Su temor en nuestro corazón, de manera que no huyamos de su lado (Jeremías 32:39-40).

Así que Él ordena la predicación de su evangelio por todo el mundo, para beneficio de los que escucharán con gozo porque son sus elegidos. No sabemos quiénes lo son, pero estamos ciertos de que hay suficientes como para cosechar la esperanza sembrada. Cualquiera que cree en el Hijo tiene vida eterna, y será resucitado en el día postrero.

Jesucristo hizo muchas promesas, una de ellas dice que nos dará vida eterna, que jamás pereceremos, que nadie nos podrá arrebatar de sus manos ni de las manos de su Padre. De igual manera nos recuerda que ha sido el Padre quien nos ha entregado en sus manos, el cual es mayor que todos; esta seguridad impide que ninguno pueda ser arrebatado de las manos del Señor (Juan 10:28-29).

Quiso Dios salvar al mundo por medio de la locura de la predicación, deshaciendo lo que es con lo que no es; para trampa del poderoso, para auxilio del menesteroso. Sin hacer acepción de personas (en cuanto a color, condición social, etnia, lengua o edad), pero con la discreción que lo caracteriza como Todopoderoso, decretó desde la eternidad un plan para rescatar a los que quiso elegir desde el principio de los tiempos. Es en función de su soberanía y de su gloria que ha hecho todo cuanto existe, sin que podamos exigirle rendición de cuentas.

A muchos religiosos les parece antipático que Dios se muestre de una manera distinta a como ellos lo han imaginado. Estos religiosos tienen la Escritura en sus manos pero la interpretan en forma privada; cambiando el sentido plano del texto lo hacen decir aquello que les conviene. Y como no quisieron tener en cuenta a Dios (pues para eso mismo también fueron destinados), es Dios quien les envía una operación de error, para que crean a la mentira y sean condenados todos los que no creyeron a la verdad. Es decir, la verdad revelada que torcieron para su propia perdición ha venido a ser su afrenta por la cual pagarán con sus almas (2 Tesalonicenses 2:11-12).

Pedro escribió con suma claridad lo que le fue revelado de parte de Dios, que nosotros no seremos confundidos por haber creído en Jesucristo. Este ha venido a ser un honor para nosotros, pero para otros (los que son incrédulos a la palabra divina) se ha convertido Cristo en una piedra de tropiezo, de escándalo. Pero aclara el apóstol, que ese grupo de personas que desobedecen la palabra por no creerla fueron destinados para eso mismo (1 Pedro 2:7-8).

Es en este punto en que el religioso se levanta junto con el totalmente incrédulo y expone su ira contra ese Dios revelado, diciéndole que por qué razón inculpa, ya que nadie es libre de resistir a su voluntad. A ellos les parece injusto que Dios haya hecho una elección para fines diversos con los seres humanos, a quienes Él creó. El concepto de soberanía divina pasa a ser resistido con denuedo por los que esgrimen el ejercicio del libre albedrío, una fantasía teológica que se construyeron para ellos mismos.

De principio a fin la Biblia muestra la soberanía de Dios; desde el momento en que dijo que en el principio creó Dios los cielos y la tierra, se muestra que no nos consultó si estábamos de acuerdo en ser creados. Pero si uno continúa leyendo, la Biblia enseña en la extensión de sus páginas que Dios nunca ha abandonado su atributo de soberano. Decir como aseguran los jesuitas, con Luis de Molina al frente, que Dios se despoja por un momento de esa soberanía para darle libertad al hombre, a fin de que decida su destino, es fantasear con el engaño. ¿No dijo Pedro que hay quienes tuercen la Escritura para su propia perdición? He allí una manera de torcer el sentido del texto, para hacerlo decir aquello que agrada a la condición humana.

No debería asombrarnos relatos como el del libro de los Hechos, en el cual el Espíritu prohíbe predicar la palabra en un momento determinado y en una zona específica. Dios hace como quiere y no se cansa de mostrar su soberanía en todas sus acciones. Para eso es Dios, sin que tenga nadie que le diga epa, ¿qué haces?  Con todo, Isaías escribió que este era el día de salvación, el tiempo aceptable; que si oyen hoy su voz no endurezcan el corazón. Se deja así la responsabilidad en el corazón humano, más allá de que sea Dios quien haya decidido todo de antemano.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 13:21
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