Martes, 19 de abril de 2016

Si la humanidad fue declarada muerta en sus delitos y pecados, Dios ha venido a ser el que da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen (Romanos 4:17). Pero no todos de entre los muertos han sido revividos sino solo una manada pequeña. Sin embargo, sumados uno a uno dan como resultado una gran multitud repartida entre lenguas, tribus y naciones. Abraham no se debilitó en la fe ni consideró su cuerpo ya muerto (siendo como de cien años), ni tomó en cuenta la matriz muerta de Sara, sino que creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser llamado padre de la fe y amigo de Dios.

El éxito de la fe de Abraham no consistió en tener fe porque sí, sino en el depositario de esa confianza. Sabía que Dios era soberano y por lo tanto tenía todo el poder para cumplir aquello que había prometido. Este principio invierte la relación de la fe, la cual no debe descansar en nuestra debilidad para alcanzar las metas sino en la confianza en el autor y consumador de ella. Y este creer de Abraham le fue imputado por justicia, así como a todo aquel que es llamado a creer que Dios levantó de entre los muertos a Jesucristo nuestro Señor.

Pero la humanidad toda cayó en Adán y está en principio totalmente caída en su naturaleza. No hay nada bueno que Dios pueda mirar, sino piel muerta con huesos de muertos. En la declaratoria de muerte, cada ser humano llega a ser contado sin justicia, para no ser tenido como heredero del reino divino. Sin embargo, dado que Jesucristo fue hecho justicia de Dios para todos aquellos que representó en el madero, el acta de los decretos que nos era contraria fue clavada en la cruz.

Eso es lo que entendemos como darle vida a los muertos, y esa vida quiere decir que no habrá una muerte segunda. Nuestro cuerpo se deteriora y llega a morir, pero el espíritu ha sido vivificado de una forma en que no gustará más nunca la muerte. Mal pudiera Jesucristo ofrecer vida a los muertos para después dejarlos en sus delitos y pecados, como sugieren los universalistas. Estos creen que Jesús murió por toda la humanidad, sin excepción, de tal forma que vivificó potencialmente a todos. Con esa vivificación se pretende que cada ser humano decida si acepta o no aquella salvación potencial que se dice Jesús consiguió en el calvario.

Esta enseñanza no está ajustada a la Escritura. Al contrario, viola toda la doctrina de Cristo. Sabemos que solamente acuden ante el Señor aquellos que son llevados por el Padre; que no todo el que le dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; que muchos (y no todos) son los llamados, y pocos los escogidos. Que Jesús no rogó por el mundo la noche previa a su crucifixión, sino que agradeció solamente por los que el Padre le había dado. Que Jesús puso su vida solamente por las ovejas, no por los cabritos. Que como el etíope no puede mudar la piel ni el leopardo sus manchas, así tampoco podrá una cabra convertirse en oveja.

La elección de Jacob fue incondicional, no estuvo fundamentada en sus obras. La elección de Esaú para un fin contrario al de su hermano tampoco se basó en obras previstas, pues no habían hecho ni bien ni mal y ya habían sido escogidos para fines distintos. El destino de Esaú no es un asunto judicial sino libre elección de Dios como soberano; pero esa actitud de Dios exhibida en la Escritura molesta al hombre natural, cuando considera que Dios es injusto por haber elegido a Esaú sin mirar sus futuras obras. Por esta razón reclama con su puño alzado contra el Creador: ¿Por qué, pues, inculpa? Pues ¿quién ha resistido a su voluntad?

Pablo, en su carta a los romanos, expone la justificación que es por la fe en Jesucristo. Pero dice el apóstol que cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo; mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida (Romanos 5:10). Fijémonos que hemos sido reconciliados, por lo tanto seremos salvos por la vida de Cristo. Si la humanidad toda fue reconciliada con Dios ya es toda ella salva por la vida de Cristo. Pero eso no es lo que se implica de la carta del apóstol, sino que el amor de Dios fue mostrado a aquellos por quienes Cristo murió (Romanos 5:8).

El que hayamos sido justificados en la cruz implica que habremos de creer por la fe, que Jesucristo derramó su sangre en beneficio de su pueblo. Los que todavía no han creído lo harán en el tiempo que Dios indique, ya que el que ordenó el fin ordenó también los medios. Nadie podrá ser salvo sino a través del evangelio de Jesucristo. No se puede ser salvo utilizando un evangelio diferente, por medio de un Cristo que expió la culpa universal y propició una salvación en potencia. El evangelio anatema es el espurio que promueven los falsos maestros que escuchan doctrinas extrañas.

Cuando nosotros estábamos muertos en pecados, Dios nos dio vida abundante con Cristo, por cuya gracia somos salvos, por la fe, que es un regalo de Dios. Pero no es de todos la fe (2 Tesalonicenses 3:2), aunque sí es un regalo de Dios (Efesios 2:8). ¿Por qué Jesús hablaba en parábolas ante ciertas personas? Para que no entendieran, de acuerdo a sus propias palabras. De manera que es falso el que haya venido a salvar a todos, sin excepción. Por otro lado también dijo que unos eran del diablo, por lo cual no podían entender su palabra. A otros dijo que estaban incapacitados para creer en él porque no eran de sus ovejas. Es decir, la condición de oveja preexiste al creer, por lo cual también dijo que había venido a buscar las ovejas perdidas de la casa de Israel.

Un muerto no es capaz de ver la medicina, así como uno que tiene odio al Dios de la Escritura está incapacitado para desearlo y buscarlo. Por eso se escribió que no hay quien busque a Dios (Romanos 3:11).  Esta es la razón por la cual se necesita la vida que da el Padre, pero solo la da a quienes ha querido desde la eternidad. Hablar de un amor universal es una mentira e implica torcer la Escritura. Dios, en su soberanía, ha declarado que ha hecho al malo, para el día malo (Proverbios 16:4). En realidad el Dios de las Escrituras da vida a los muertos que Él desea darles vida.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 11:07
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