Jueves, 14 de abril de 2016

El que es del mundo ama las cosas del mundo, un principio clave de pertenencia al grupo. No pueden andar dos sin estar de acuerdo, asimismo el mundo ama lo suyo y aborrece lo que le es ajeno. La espada de Jesús es aquella que nos coloca en enemistad con ese mundo que él no amó y por lo tanto no rogó al Padre por él. De esta forma sabemos que no estamos en paz con la gente que tiene su morada en ese territorio en el que se odia a Dios. Sabemos que hay muchas formas de hacer una divinidad, a imagen y semejanza humana, como bien lo ha enseñado la historia. Pero el dios de este siglo es uno muy distinto al Dios del pueblo por el cual murió Jesucristo.

Si pensamos acerca de lo que es el evangelio entenderemos la razón por la cual se define como la buena noticia de una promesa incondicional hecha por Dios para un pueblo escogido. Dios ha prometido salvar a su pueblo en la base de la sangre expiatoria y la justicia atribuida a Jesucristo. Un Dios todopoderoso es capaz de cumplir a cabalidad lo que ha prometido, pues no se ha perdido una palabra de todas las buenas palabras que el Señor vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han venido, no se ha perdido de ellas ni una (Josué 23:14).

Nosotros no dependemos de un dios adivino, sino del que conoce todas las cosas porque las ha ordenado para cumplir su propósito. El dios adivino es aquel que necesita averiguar el futuro en la mente de las criaturas, porque no es capaz de ordenar ni un evento con certeza dado que nada le es cierto. Me acordaré del futuro que leí en los corazones de los hombres, porque yo soy el Adivino, y no hay otro Adivino semejante a mí. Yo me copio las ideas de los corazones humanos y las digo a mis profetas, y digo que mi adivinación se mantendrá porque el hombre es fiel manteniendo sus cometidos. Haré todo lo que el hombre deseare (lo bueno lo haré yo mismo y lo malo lo permitiré). Yo adiviné, por lo tanto sucederá; lo copié y también acontecerá. Así leerá el que niega la absoluta soberanía de Dios y argumenta que Dios conoce porque averigua el futuro incierto de los hombres. En cambio, nosotros leemos tal cual está escrito en Isaías 46:9-11: Acordaos de las cosas pasadas desde el siglo, porque yo soy Dios, y no hay más Dios; y nada hay a mí semejante. Que anuncio lo por venir desde el principio: y desde antiguamente, lo que aún no era hecho. Que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quisiere. Que llamo desde el oriente al ave de rapiña, y de tierra lejana al varón de mi consejo. Yo hablé, por eso lo haré venir; lo pensé, y también lo haré.

Sabemos que Dios es capaz de cumplir sus promesas por cuanto es un Dios soberano. De no serlo, la buena noticia sería tan mala como para los no escogidos. El control total de todas las cosas es la garantía del fiel cumplimiento de lo prometido. Son cuantiosos los textos de la Escritura que anuncian el control absoluto que tiene el Creador sobre su creación. Un salmista lo expresó de la siguiente manera: Nuestro Dios está en los cielos, todo lo que quiso ha hecho (Salmo 115: 3). Incluso cuando se echan suertes, las mismas están decididas por parte del Señor (Proverbios 16:33); también el corazón del mandatario está en las manos de Jehová, a todo lo que quiere lo inclina (Proverbios 21:1).

Los que creen en el dios adivino rechazan la soberanía absoluta de su dios, en función del respeto por el libre albedrío. Sin libertad, dicen y aseguran, no hay culpabilidad. Sin embargo, esa ilusión se desvanece con la simple lectura de los textos inspirados. Por ejemplo, en Romanos 9 uno aprecia que la libertad humana es un mito religioso. Jacob y Esaú no habían hecho ni bien ni mal y ya su destino estaba decidido por la voluntad inquebrantable de Dios. Ese Dios bíblico no tuvo que mirar en los corazones de nadie para escoger el destino de esas dos criaturas; sin embargo, la reacción en cadena que se genera por esos escritos anuncia una gran verdad.

La razón humana rechaza asentir que Dios condenó a Esaú sin mirar sus malas o buenas obras. El rechazo no se da por la salvación de Jacob, porque es visto como un acto de misericordia (aunque fraguado en base a las buenas obras). El reclamo y la acusación acerca de la injusticia de Dios se presenta por la manera en que es tratado Esaú, sin tomar en cuenta sus obras. Precisamente esa objeción natural del ser humano valida la revelación escrita, que Dios operó en Esaú su propia condenación. Por supuesto, esto suena tan irreverente ante la libertad humana que se invierte la carreta para colocarla delante del caballo: afirmar lo que dice Romanos 9 sería inconsecuente con un Dios justo. Y ésta ha venido a ser una piedra de tranca para muchos que estudian la Biblia y tropiezan con la más férrea voluntad divina. De esta forma siguen argumentando que ésta es una palabra dura de oír.

Nada nuevo bajo el sol, la misma queja de algunos discípulos que se retiraron murmurando por las palabras duras de oír de Jesucristo: que nadie viene a él si no le fuere dado del Padre. Idéntica queja la del objetor bíblico de Romanos 9, ¿Por qué, pues, Dios inculpa? Pues ¿quién puede resistir a su voluntad?  Las respuestas para ambos reclamos fueron las siguientes: Jesús le dijo a sus otros discípulos ¿queréis vosotros iros también? Y el Espíritu manifestó a través de Pablo que el alfarero tiene potestad sobre el barro y la masa que ha formado, para hacer vasos para honra y vasos para deshonra. Que tanto lo uno como lo otro redunda en la gloria de Dios, la que habla de su misericordia y la que atestigua de su ira y poder.

La doctrina de la soberanía absoluta de Dios está conectada con el evangelio que habla de la predestinación. Si no se cree que Dios es soberano tampoco se puede creer que en realidad será apto para cumplir sus promesas. Y al dudar del cumplimiento de esas promesas, ¿cómo se podrá creer en el evangelio? Tal vez se podrá creer en el otro evangelio, el que anuncia al dios adivino que respeta el libre albedrío de los religiosos del mundo.

La naturaleza de Dios pregona su fidelidad a sus promesas no condicionadas; si el anuncio de las buenas nuevas ha sido consignado es porque son una buena noticia para todo aquel que es incluido. Dado que Dios conoce a los que son suyos, todo aquel que tiene el Espíritu de Cristo es de él. De sus ovejas dijo que nadie podría arrebatarlas ni de sus manos ni de las manos del Padre; mayor seguridad que esa promesa no es posible conseguirla. Y el que cree en él sabe que es poderoso para guardar bajo seguridad a todos cuantos ha amado. Porque Él no es un dios adivino, sino uno que hace todas las cosas posibles y ciertas.

César Paredes

[email protected]

destino.blogcindario.com


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 10:00
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios