Martes, 12 de abril de 2016

Fui buscado de los que no preguntaban por mí; fui hallado de los que no me buscaban. Dije a gente que no invocaba mi nombre: Heme aquí, heme aquí (Isaías 65:1).  Es decir, Dios escogió por decreto a quienes iba a salvar. Acá está declarando que no hay nadie que lo buscara y sin embargo los escogió para salvación. Esto tumba la tesis de los que hablan acerca de que Dios escoge en base a su omnisciencia (pre-visión) como si Él viera por adelantado que en la tierra hay gente que lo desea. Todo lo contrario, pese al rechazo del impío a todo lo que es la verdad divina, Dios tuvo comunión con sus elegidos, quiso y amó a un grupo de personas particularizadas, por el puro afecto de su voluntad.

José despertó de un sueño e hizo como le había ordenado el ángel, tomó su esposa pero no la conoció hasta que dio a luz el niño, al cual llamó Jesús (porque él salvará a su pueblo de sus pecados Mateo 1:24-25). Se pueden observar dos elementos relacionados con el verbo conocer: Uno de ellos es que José no sabía el nombre que el niño tendría, de manera que Dios se lo indicó a través del ángel. Es decir, Dios no tuvo que averiguarlo porque el mismo José no lo sabía. Por lo tanto, eso de que Dios mira el futuro para conocerlo no concuerda con lo escrito en este texto. El otro elemento es el significado del verbo conocer en las Escrituras. Existe el sentido referido al acto cognoscitivo, el hecho de informarse y llegar a saber algo. Pero, además de ese sentido, tenemos el otro no menos común que refiere a tener comunión con. José no conoció a María su mujer hasta que dio a luz el niño; fijémonos que ya era su esposa, que ya se habían casado, que llegó a saber que estaba embarazada, que tenía que colocarle el nombre Jesús al niño, y pese a toda esa información cognoscitiva se dice que no la conoció hasta que dio a luz el niño. Vemos que hay un conocer distinto, es el de tener comunión con.

Así sucedió con Adán, quien conoció de nuevo a Eva y tuvieron otro hijo. Jehová también dijo que había conocido solamente a un pueblo de entre todos los pueblos de la tierra. Siendo Él Dios ¿cómo es que conoció solamente a un pueblo? Porque se refiere el texto a tener comunión con, a amar a ese pueblo. De igual forma el Señor dirá en el día final a un gran número de personas que se aparten de él y enfatizará: nunca os conocí. Ah, pero si no los conoció, ¿cómo es que supo quiénes eran? Porque se refiere a no haber tenido comunión con ellos, a no haberlos amado nunca (Mateo 7:22).

El Señor conoce a los que son suyos, en ambos sentidos: Antes que todo, en el sentido de haber tenido comunión con ellos, de haberlos amado (1 Juan 3:16); además, en el sentido cognoscitivo del término, porque él sabe todas las cosas. Pero ¿cómo sabe Dios? ¿Hay conocimiento en el Altísimo? Esas son dos preguntas que la gente que odia a Dios se hace a menudo. Ciertamente, Dios sabe todas las cosas porque Él las ha creado para su propia gloria, aún al impío para el día malo (Proverbios 16:4).

Dios no necesita un túnel del tiempo para averiguar el futuro de su universo. Imaginemos lo que esa suposición trae consigo, un disparate teológico de una irracionalidad sin límites. Si Dios tuviese que mirar el futuro en la cabeza de los hombres, ¿cómo pudo hacer profecías? Primero que nada éstas serían una copia de lo que la humanidad pensó y planificó por sí sola. Por ejemplo, la crucifixión de Jesucristo fue un deseo humano, aún antes de que Dios pensara enviarles un salvador a la humanidad. No solo eso, sino que cada detalle que Dios le dictara a sus profetas fue planificado primero por los malévolos hombres que deseaban que el Creador les enviara un Salvador para después asesinarlo. Sin duda, la profecía bíblica sería el engaño mayor que la humanidad haya recibido.

Pero hay más en este disparate supuesto, porque Dios es un Ser con mucha suerte. Sí, todo lo que sus criaturas libres idearon y planificaron eso aconteció sin cambio alguno. Incluso aquellos que sostienen la multiplicidad de futuros tienen que ceder ante esta inconmensurable suerte divina, ya que a pesar de los futuros abiertos Dios supo cuál sería el único futuro que los humanos acogerían. Además, que los humanos mantuvieron tal futuro inquebrantable, todos en concierto (sin haberlo consultado unos con otros), de manera que lo que Dios profetizó siglos antes aconteciera a la letra (también inspirada primeramente en la mente de los hombres).

Decíamos que el Señor conoce a los que son suyos (Juan 10:14-15), tanto como el Padre conoce al Hijo y el Hijo conoce al Padre. Y ese conocer dio pie a que el Cordero diera su vida por las ovejas (no por las cabras). Ah, pero no fue que Jesucristo vio un grupo de ovejas hechas por sí mismas y un grupo de cabras hechas por sí mismas, para después escoger a las primeras y dejar por fuera a las segundas. No, la Biblia enseña que Dios hizo todo cuanto quiso: a Jacob y a Esaú para fines diversos y opuestos, escogiéndolos aún antes de que hicieran bien o mal (Romanos 9).

Jesús pudo decir que también conocía a los que no son suyos, pero quiso hablar de ese conocer especial que va más allá de saber algo (http://www.outsidethecamp.org/romans58.htm). Este es un conocer íntimo, un amor entrañable, una comunión especial. Jesucristo, en tanto buen pastor, ama a sus ovejas y es amado por ellas, en la misma medida en que ama al Padre y es amado por Él. Y Jesucristo nunca amó a ninguno de los que son entregados al infierno de condenación, por lo tanto tampoco amó a Esaú jamás. El verbo griego empleado para referirse a la relación de Dios con Esaú es miseo, el cual significa odiar, aborrecer, detestar. En ningún momento dicho verbo puede significar amar menos, ni en la Biblia ni en ningún otro libro de la literatura griega clásica. Es una aberración teológica mal intencionada la que colocan algunos filólogos en sus diccionarios, al sugerir que pudiera traducirse igualmente como amar menos. Usted solamente podría transcribir amar menos cada vez que vea el verbo griego miseo en la Biblia, o en cualquier otro libro clásico, y encontrará el sinsabor de la sinrazón.

En Mateo 7:23 Jesucristo está confirmando esta cualidad divina tan ignorada en los púlpitos de las sinagogas de Satanás, que Dios también odia y lo hace desde la eternidad con los vasos preparados para ira y destrucción. A este grupo de personas les dirá que nunca los conoció, es decir, que nunca los amó. ¿Por qué, pues, inculpa? Pues, ¿quién ha resistido a su voluntad? El que quiera la respuesta la puede encontrar en Romanos 9, donde el Espíritu recomienda no altercar con Dios. La potestad del alfarero sobre el barro que él mismo creó y formó no tiene límites. Ilusoria resulta la fábula teológica de la libertad humana, una mentira que data desde el Génesis, cuando la serpiente le promete a Eva que serían como dioses. Esa es la mentira de Pelagio (siglo V d.C.), recogida por la iglesia institucional y refrendada por el Concilio de Trento, siglo XVI, en uno de sus cánones: maldito todo aquel que niega el libre albedrío.

Bien, los que creen en el libre albedrío están en concierto con Roma, con el misterio babilónico, con la madre de las rameras. Pero lamentablemente están en desconcierto con las Sagradas Escrituras que contiene la carta a los romanos, a los Efesios, y todos los demás escritos que en ella hay y que refrendan una y otra vez el derecho del alfarero sobre el barro. Al mismo tiempo, la Biblia resalta que el hombre natural no es nada y es como menos que nada, que está muerto en sus delitos y pecados, que no quiere a Dios ni lo busca, de manera que mal pudiera llamarse libre o soberano.

Conocer en la Biblia implica, además del acto cognoscitivo, un sentido distinto, el de llegar a tener comunión con. Compare Génesis 4:1, el cual dice que Adán conoció a Eva, su mujer, y tuvieron un hijo al que pusieron por nombre Caín, con el texto de Génesis 4:25, el cual dice: Y conoció de nuevo Adán a su esposa, la cual dio a luz un hijo, y llamó su nombre Set: Porque Dios (dijo ella) me ha sustituido otro hijo en lugar de Abel, a quien mató Caín.  Es evidente que conocer no siempre resulta en un acto cognoscitivo, sino como lo demuestra este caso en un llegar a tener comunión íntima con alguien. Es preferible recibir la maldición de Roma con sus concilios y sus cánones que recibir la maldición de las Escrituras, la que dice que sea maldito (anatema) todo aquel que predique otro evangelio. ¿Cuál evangelio oyes? ¿El del libre albedrío o el de la soberanía absoluta de Dios?

César Paredes

[email protected]     

destino.blogcindario.com

 

 

 


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 11:07
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios