Viernes, 08 de abril de 2016

Muchas personas han pasado por iglesias espurias, lo que el Apocalipsis denomina Sinagogas de Satanás. El hecho de que allí hayan tenido la posibilidad de leer una Biblia los ha hecho reflexionar, para después salir huyendo de esos sitios babilónicos. ¿Son buenos esos sitios por el hecho de que en esos lugares se lee la Biblia? Esto recuerda el relato de Pablo, cuando siendo Saulo de Tarso estuvo a los pies de Gamaliel. Gamaliel era un maestro de la ley, uno muy célebre en su tiempo, un doctor que sirvió de maestro al futuro apóstol de los gentiles.

Jesucristo afirmó que el Padre podía levantar de unas piedras hijos de Abraham, de manera que no por esa razón una piedra es una productora general de descendientes del patriarca bíblico. Si la fe viene por el oír la palabra de Dios, cualquier Biblia que la contenga puede ser de utilidad para que el Espíritu Santo haga su obra. El que una institución tenga la Biblia y permita usarla no la valida como una academia bíblica, así tampoco se validarán aquellas sinagogas que mantienen en sus bancas el libro sagrado.

Se ha argumentado que muchas personas que creen un evangelio diferente son animadas ganadores de almas. Uno recuerda lo que dice el evangelio, que los fariseos caminaban la tierra en busca de un prosélito (seguidor o converso) y lo hacían doblemente merecedor del infierno. De acuerdo al relato presentado en el libro de Job, Satanás venía de recorrer la tierra cuando tuvo el diálogo con Dios. El también es un ganador de almas, por lo que presentar tales credenciales no genera una actitud probatoria en el reino de los cielos.

Quizás, dentro de las iglesias reformadas o evangélicas, no se mantenga el criterio abierto de que la salvación se obtiene por hacer buenas obras. Sin embargo, cuando alguien objeta la doctrina errónea que muchos profesan se puede escuchar el alegato de las buenas obras como defensa. Por ejemplo, se excusa a los que tienen erróneas doctrinas con el argumento de que son fervorosos en la oración, que aman el hacer vigilias y ayunos, dados a la alabanza, celosos de Dios. Son como los viejos judíos descritos por Pablo en su carta a los romanos, en el capítulo diez.

Estas personas que andan en una doctrina diferente siempre están dispuestas a hablar de Dios, demostrando que tienen en su memoria textos grabados de la Escritura. Tal vez exhiben una conducta aparentemente irreprochable, además de que asisten a sus sinagogas domingo tras domingo. Pero sabemos que no se puede decir de nadie que haya sido salvo por sus buenas obras, ya que la salvación es por gracia:  Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra (Romanos 11:6).

¿No es la justificación un regalo? El amor de Dios para con sus escogidos se manifestó no por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia, nos salvó por el lavamiento de la regeneración, y de la renovación del Espíritu Santo (Tito 3:5). Acordémonos de los fariseos, que eran fervientes en la oración, dando gracias a Dios porque no eran como los otros hombres (hablaban de los ladrones, injustos y adúlteros), además ayunaban cada sábado y daban diezmos de acuerdo a la ley de Moisés.

De verdad que la carne reproduce obras sobre obras, las cuales son indignas de ser tomadas por meritorias de ofrendar a Dios. Si los judíos descritos en Romanos 10:1-3 estaban perdidos (puesto que la oración de Pablo por ellos era para salvación), la razón de su extravío radicaba en el hecho de que no conocían la justicia de Cristo. Al ignorar esa justicia intentaban establecer la suya propia, la cual conocemos por la descripción que Jesús hiciera de ellos en los evangelios. 

Una persona que está perdida, a pesar de su entrega religiosa a lo que ella denomina el evangelio, cualquier converso que haga será doblemente merecedor del infierno (Mateo 23:15). La razón descansa en que aquella persona antes de ser conversa estaba perdida, si no fuese así no se hubiese convertido; pero el hecho de que se haya convertido a una religión que no salva, a un evangelio anatema, la hace merecedora de nuevo del infierno de fuego. Por partida doble demuestra su extravío, por lo que no en vano la Escritura recomienda al que es pueblo de Dios salir de allí, huyendo de Babilonia. De manera que no hay excusa para suponer que por el hecho de que se tiene una Biblia, de que se la conoce y memoriza, de que se la predica en los púlpitos o en las calles, se encuentra tal persona en el camino de la redención. Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero su fin es camino de muerte.

La Biblia enfatiza la importancia de ocuparse de la doctrina, Jesús afirmó que enseñaba la doctrina del Padre, Juan advirtió que quien no permanezca en la doctrina de Cristo no tiene ni al Padre ni al Hijo. ¿Cómo puede la gente acudir a los centros espirituales religiosos denominados cristianos y desentenderse de la doctrina? Ellos se gozan en los cánticos de alabanzas, caen a veces en éxtasis religioso, memorizan textos de la Escritura para darse ánimo sicológico. Si están en algún conflicto de vida entonces repiten una y otra vez todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Pese a ser un texto de la Biblia lo sacan de contexto y lo repiten para darse ánimo. De hecho, al tener una doctrina diferente son ignorados por Dios y todo lo que aprenden se les cuenta por basura.

Pablo afirmó de sí mismo que todo lo que había adquirido antes de su encuentro con el Señor lo tenía como pérdida, como basura o como estiércol. Si Pablo tuvo que decir esa sentencia sobre sí mismo, a pesar de que él había estudiado a los pies de Gamaliel, cuánto más estos otros que siguen a los pietistas que les seducen el alma, para que se vuelvan sus prosélitos en las mal denominadas iglesias cristianas. No se puede servir a dos señores, no es posible seguir al Dios de la Biblia y al mismo tiempo a un Cristo diferente del que ella enseña. Muchos falsos profetas han salido por el mundo, muchos falsos maestros, guías ciegos de ciegos, de manera que conviene examinar los espíritus para ver si son de Dios.

César Paredes

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Publicado por elegidos @ 4:08
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