S?bado, 02 de abril de 2016

Frente a la pureza doctrinal declarada en la Biblia, muchos de los que se confiesan cristianos voltean la mirada como si estuviesen sorprendidos. ¿Será posible tanta crudeza en ese Dios que habla por medio de profetas? En realidad nunca han oído una prédica de esos textos sorprendentes, aunque sí una que otra interpretación intencionada de sus pastores. ¿Qué será eso de que de la boca de Jehová sale lo bueno y lo malo? O tal vez este otro texto, ¿Habrá acontecido algo malo en la ciudad que Jehová no haya hecho? Para eso tienen sus intérpretes en los cuales confían, ellos se encargan de suavizar la textura de lo que se escucha y hacer se convierte en permitir, de la misma forma en que odiar pasa a ser amar menos.

Solo de esta manera pueden soportar que se lea que Dios odió a Esaú sin mirar en sus obras; solo que se pueda leer que Dios amó menos a Esaú pero que nunca lo odió.  Sin embargo, con esa torcedura semántica debería hacerse justicia a los otros textos que usan el mismo verbo odiar. Por ejemplo, el mundo os odiará porque a mí me ha odiado, se leería como el mundo os amará menos porque a mí me ha amado menos. Un exabrupto lingüístico creado por algunos mal intencionados heréticos que prefirieron torcer las Escrituras antes que no altercar con Dios.

Creer en la verdad es el único camino para ser libres, como lo dijera Jesucristo. Pero hay gente que se resiste a ciertas partes de la Escritura porque la consideran dura de oír, de manera que murmuran entre ellos diciendo que Jesús murió por todos, sin excepción, que la diferencia entre aceptar y rechazar la gracia la pone el ser humano. Interesante que un ser declarado muerto en sus delitos y pecados tenga la potestad de buscar a Dios, cuando no hay justo ni aún uno, no hay quien entienda y no hay quien busque a Dios. Pero para las fábulas hay apoyo de otras fábulas; se ha dicho que Dios despierta las almas con una gracia habilitante para que el hombre en sus plenos poderes y con libre albedrío pueda decidir si acepta o no el sacrificio de expiación de Jesucristo. De esta forma, el Dios soberano queda arruinado en sus intenciones de salvar a toda la humanidad, sin excepción, pero agradecido por aquellos que no dejaron en absoluto ridículo a Su Hijo.

De acuerdo al contexto de 2 Tesalonicenses 2:10-12, el Dios de la Biblia envía una operación de error (poder engañoso, dice el original griego) a aquellos que no quisieron creer a la verdad, pero se complacieron con la mentira. Es que hay gente que se complace con las fábulas artificiosas por cuanto no soportan la verdad en forma total. Ellos son capaces de tolerar medias verdades, de entretenerse con alegorías espirituales, suponiendo que Dios por ser bueno ama a todos por igual.  La operación de error enviada les impedirá en forma definitiva llegar a creer en aquello que antes no quisieron. Una gran desilusión los embargará por conducto de aquella Escritura que rechazaron por ser muy fuerte, ya que ahora los señala con las siguientes palabras: para que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, antes se complacieron en la injusticia.

Se pone de manifiesto que los que son salvos aman la verdad, pero los que no son salvos la rechazan (de acuerdo al misterio de la iniquidad). Dios es quien hace que estos últimos crean la mentira, so pena de alejarlos para siempre de Su presencia. Este contexto de la carta a los Tesalonicenses muestra con énfasis lo que sucede con los que no aman la verdad. Estas son personas que siempre están oyendo todo viento de doctrina, instruidos por demonios (siguiendo sus enseñanzas) y torciendo aunque sea por momentos la Escritura. Suponen que la torcedura no se notará tanto, pero Dios conoce a los que son suyos y rechaza a los que no lo son.

Y ese poder engañoso viene con grandes señales y prodigios para seducir a las almas inconstantes, para gratificar a los espíritus sedientos de fábulas, de tal forma que crean con facilidad la mentira. Eso está en su naturaleza por cuanto no aman la verdad, sino que se complacen con el engaño. Estos son los que creen en los psíquicos, en los vaticinios de los astrólogos, en las fórmulas de los hechiceros, en las palabras teológicas de los religiosos herejes. Si el Cristo enunciado por los apóstoles les parece duro de seguir, ellos siguen a otro Cristo con igual nombre, con igual Biblia, con alegres cantos de adoración, para sentirse cómodos con la doctrina que han tejido en torno a una salvación universal y potencial. 

Es evidente el alto grado de tolerancia por los errores doctrinales, los cuales son considerados como otra manera de pensar y de interpretar. La diferencia les llega a parecer de grado pero no de género; suponen que tienen tendencias interpretativas pero nunca una oposición a la verdad. Eso es lo que se alega para justificar torcer las Escrituras para su propia perdición. Se comienza tejiendo una dicotomía entre corazón y mente, se dice que aunque no se entienda en la mente se ama con el corazón. Semejante disparate no concuerda con un Dios que es el Logos inmutable, el principio de toda inteligencia y razón. Después se continúa con el argumento de que la teología es un asunto intelectual fuerte, pero no propio de las masas populares. Como si en la iglesia hubiese hermanos y hermanitos, unos que entienden y otros que jamás aprenden. Al suponer tal distinción se arguye que lo que importa es amar a Dios con el corazón, no entenderlo con la mente.

Quienes así piensan han olvidado que Jesús dijo que del corazón del hombre salen los malos pensamientos y muchas otras cosas. Fijémonos que del corazón salen los pensamientos, de manera que no hay tal diferencia entre corazón y mente, desde la perspectiva bíblica. Por sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, dice un texto, porque de él mana la vida. Cuando se hace distinción semántica entre  estos dos términos, se involucran ambos órganos en una misma misión: amar al Señor con todo tu corazón y con toda tu mente.

Por eso enfatizamos que la pureza de la doctrina es un fruto esencial de la salvación. No es posible tener a Cristo en el corazón y seguir al extraño con la mente (Juan 10:1-5), o viceversa. Si la salvación no dependiese en su totalidad del Señor, nadie sería salvo. Pero para los que argumentan que sería posible una salvación compartida entre Dios y hombre, en el supuesto negado la gloria sería compartida entre el Creador y la criatura. Sin embargo, Dios ha hablado a través del profeta Isaías y ha dicho que a otro no dará su gloria. Es decir, no comparte lo que es exclusivo de Él con más nadie. Los que no profesan una pureza doctrinal no están solamente distorsionando el evangelio sino que se rebelan contra él.

No puede existir la excusa de un mal entendimiento doctrinal, pues el Espíritu de Cristo conduce a toda verdad a los que son Suyos. Es por ello que se habla de rebeldía en la doctrina, como bien lo reseñara Juan en una de sus cartas. Cualquiera que se rebela, y no permanece en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que permanece en la doctrina de Cristo, el tal tiene al Padre y al Hijo (2 Juan 1:9). En los versos subsiguientes el apóstol concluye su tesis diciéndonos: Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en vuestra casa, ni le digáis: ¡bienvenido! Porque el que le dice bienvenido, participa con sus malas obras.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 11:50
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