Viernes, 25 de marzo de 2016

Es costumbre hacer figurines para recortar y colgar en un flanelógrafo. De esta forma los niños comienzan a aprender más animadamente con las ilustraciones, habituados como están a las películas que dominan sus mentes por la influencia de la televisión. La aparición de nuevas tecnologías gráficas ha elevado la dinámica de la enseñanza a través de los métodos modernos, los cuales incluyen, casi sin excepción, el recurrir a imágenes.

Pero el escritor bíblico, ajeno por completo a esta dinámica contemporánea nuestra, increpa contra tales mecanismos cuando se trata de expandir el anuncio del evangelio. Una clara enemistad entre el Dios revelado y las imágenes se pone de manifiesto en sus escritos. Incluso, como el caso de los querubines en el arca o la serpiente de bronce en el desierto, al buscar educar al pueblo en cierta temática, el método utilizado de las imágenes vino a ser inapropiado. De hecho, la serpiente de bronce fue quitada porque el pueblo tendía a adorar dicha imagen.

Esto no puede ser tomado como un ensayo y error de parte del Creador, más bien es una prueba objetiva de que la prohibición de hacerse imágenes tiene un propósito preventivo. El hecho mismo de que Dios es espíritu resalta la imposibilidad de imaginarlo como materia. De allí el énfasis de los escritores bíblicos en rechazar la idolatría (que viene a través de imágenes) y toda forma de veneración al Ser espiritual al que adoramos.

La fantasía del hombre pagano ha sido muy nutrida con figuras de animales, reptiles, con la imaginería de elementos de la naturaleza que se ha pretendido adorar como un símbolo de lo que es Dios. Pero la prohibición de tales métodos sigue ocupando un puesto principal en la enseñanza de las Escrituras, por lo cual el profeta Habacuc nos ha hablado en forma particular acerca de la inutilidad del ídolo para enseñar, mostrar o ilustrar la palabra de Dios.

¡Ay del que dice al palo: Despiértate; y a la piedra muda: Levántate! ¿Podrá él enseñar? He aquí él está cubierto de oro y plata, y no hay dentro de él aliento (Habacuk 2:19). El profeta no se está ocupando solamente del hecho de no hacerse imágenes para adorarlas o venerarlas, sino que ataca la didáctica presupuesta de un pueblo que pretendía enseñar la palabra de Dios a otros a partir de imágenes. Su pregunta retórica en torno a la pedagogía fue si aquella imagen de palo o piedra muda podría enseñar o instruir acerca de lo que la palabra divina nos dice.

La respuesta del texto es que resulta imposible alcanzar tal objetivo. El verbo hebreo utilizado para esta acción es uno que implica lanzar un disparo (como el de una flecha). Recordemos que esta lengua es altamente concreta y sus palabras nos refieren a hechos también concretos, como apuntar cuando se lanza un objeto. Yarah hace referencia por analogía al momento en que el maestro apunta con su dedo para mostrar un punto determinado cuando está enseñando una clase. De la misma manera, la retórica del profeta pregunta si el ídolo podrá indicar con su dedo el camino espiritual a seguir, si nos podrá enseñar (Yarah).

Se infiere por su retórica que será imposible que enseñe ninguna doctrina verdadera, o que nos indique una adoración correcta. El ídolo no puede enseñarle al hombre su deber ni cómo conseguir ayuda, por cuanto está mudo y carece de capacidad intelectual para hablar de la naturaleza de Dios. Pero de igual forma, la incapacidad del ídolo descansa en el hecho de que él es la contradicción del mensaje de Dios, quien ha prohibido a los hombres el rendirle tributo a las imágenes.

De allí que resulta imposible el alegato de que algunas personas que no saben leer ni escribir ilustren su espíritu por las imágenes mudas. La serpiente levantada en el desierto tenía un propósito simbólico de anunciar a Jesucristo, quien también sería levantado de acuerdo a sus propias palabras en el Nuevo Testamento. Sin embargo, la tendencia concupiscente humana fue mucho más lejos del acto simbólico y demostró el peligro del símbolo en la evocación de Dios. Asimismo, la manera de transmitir las enseñanzas en el Antiguo Testamento era repitiéndolas a los hijos, hablando de ellas en la casa, acostados y por el camino, escribiéndolas en los postes de la casa y en las portadas (Deuteronomio 6:9 y 11:20).

Dios ha podido exigir el dibujo pero prefirió la lengua escrita. Los analfabetas del momento se verían motivados a aprender a leer y escribir, como todavía acontece hoy día, cuando ciertas personas han hecho el esfuerzo en el aprendizaje de la lectura de su lengua materna con el fin de leer la palabra inspirada. Y si esto no fuere posible, entonces otra persona leerá para que escuche lo que la Biblia dice.

Aunque muchas personas intentan evitar la idolatría, todavía están sujetas a la enseñanza del mensaje del evangelio con imágenes. No olvidemos que el idólatra le atribuye a Dios características que no posee. Pero el Señor es nuestro Maestro, no las imágenes que nos hagamos de él o de los apóstoles o profetas, ni de los demás hombres de Dios. ¿No hubo analfabetismo en la época del Nuevo Testamento? Ciertamente que lo había, por cuanto muchos creyentes eran esclavos que no sabían ni leer ni escribir; sin embargo, no hay rastros de la enseñanza apostólica que refieran al hecho de acudir a las imágenes para ilustrar a estos iletrados. 

Más bien el Espíritu repartió diversidad de dones y a unos hizo maestros para que la iglesia no padeciera la ignorancia. Y Pablo le dijo a Timoteo que se ocupara en leer, en exhortar, en enseñar (1 Timoteo 4:13). La recomendación del profeta Habacuc es a no permitir que la imagen enseñe (sea de estatua, pintura o dibujo, o de cualquier otra índole), ya que eso es idolatría. A pesar de la mudez de una imagen, ella habla al transmitir una idea, al evocar un pensamiento, al simbolizar un evento o al ser el referente de una persona. Pero ¿qué cosa habla una imagen, en el sentido bíblico? Porque las imágenes han hablado vanidad, y los adivinos han visto mentira, y han hablado sueños vanos, en vano consuelan; por lo cual se fueron ellos como ovejas, fueron humillados porque no tuvieron pastor (Zacarías 10:2). La escultura no sirve de nada al que la esculpió y la estatua de fundición enseña mentira (Habacuc 2:18). Se nos ha mandado meditar en el libro de Dios (de la ley), de día y de noche, no se nos ha recomendado jamás hacer imágenes para evocar los relatos de la Biblia.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 10:20
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