Mi?rcoles, 09 de marzo de 2016

Hay contratos de muchos tipos, los más normales son los bilaterales, donde sujeto activo y sujeto pasivo llegan a un común acuerdo y firman el pacto. Sin embargo existe el legado, que es un contrato unilateral, donde la persona que lega no necesita el consentimiento del beneficiario. En la herencia existe una figura que permite aceptarla o rechazarla, se llama herencia a beneficio de inventario. Anteriormente la herencia era de obligatoria aceptación, como parece todavía ser en algunos países del mundo. El heredero tenía por fuerza que recibir la herencia, incluso cuando resultara con un pasivo superior a los activos.

Pero en el contexto bíblico sabemos que Dios ha hecho pactos con la humanidad a través de ciertos líderes que Él mismo ha levantado. En ocasiones uno lee que si se hace una cosa se recibirá una compensación, pero que si se realiza lo que no se debe, teniendo malas acciones, se recibirá un castigo. Ese sería un pacto condicionado en el hacer o no hacer, un pacto referido a la conducta. Pero el nuevo pacto de Dios con los hombres, anunciado desde antiguo, referido por muchos profetas tales como Isaías o Ezequiel, entre otros, no es condicionado. Ni siquiera existe el beneficio de inventario por cuanto, siendo un pacto de salvación, irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.

Un ser humano muerto en delitos y pecados no tiene potestad para cumplir requisito alguno, de manera que pueda participar en un pacto determinado; Dios, consciente de que la ley no salvaría a nadie, ha manifestado su gracia desde el mismo libro del Génesis, y en este tiempo podemos constatar que sigue vigente, porque el hombre es incapaz de guardar todos los mandatos de la ley. De esta forma, Jesucristo, habiendo cumplido con los requisitos que la ley ordenaba, se constituyó en la garantía de entrada a su nuevo pacto una vez que expió los pecados de su pueblo.

Pese a lo que la Escritura enseña hay muchos que confunden los mandatos condicionales de la Biblia como si fuesen parte del nuevo pacto de la sangre de Jesús. Una cosa es la corrección que como a hijos nos da el Padre, para que seamos conforme a la imagen del Hijo, y otra muy distinta es pretender que por medio de tal castigo nos hacemos miembros del nuevo pacto. Más bien, la Biblia enseña que si no somos disciplinados cuando cometemos los errores contra Dios seríamos bastardos y no hijos. Porque Dios a quien ama castiga, y azota a todo el que tiene por hijo.

De la misma forma se nos enseña que si pedimos una cosa conforme a la voluntad de Dios  nos la dará. También se nos ha dicho que si oramos con fe, no dudando, obtendremos aquello que hemos solicitado. Pero esas son situaciones condicionadas a un pedir correctamente y a un dar en consecuencia, nunca podrían ser elementos que nos incorporen o desincorporen del nuevo pacto hecho por Jesús. Llevar por analogía estos ejemplos hacia el concepto del pacto sería caer en una falacia por equívoco, dando un mismo sentido a un término que tiene varios.

Asimismo, la Biblia habla de las ramas que son podadas, haciendo referencia al Israel que fue cortado para que entraran los gentiles; incluso existe una amenaza de que si nos ensoberbecemos contra las ramas principales (Israel) podemos ser cortados. Pero eso es una clara referencia a dos pueblos, el judío y el gentil, como en una clara advertencia contra el antisemitismo. Nunca es una referencia a la salvación otorgada por Dios al hombre que ha predestinado por amor para su gloria eterna, por cuanto ese don es irrenunciable y sin arrepentimiento. Llevar el sentido de un texto hacia otro contexto es invocar la falacia por equívoco.

En última instancia Dios es quien hace el injerto de una rama en el olivo, no es la rama por sí sola la que se injerta. Recordemos que Juan habló de los que salieron de nosotros pero no eran de nosotros, y Pablo nos habló de la necesidad de que vengan pleitos y divisiones para que se manifieste quién es el que está aprobado. Dios habló de la parábola del sembrador y también nos refirió la del trigo y la cizaña. Pero es Dios quien conoce a los que son suyos, de manera que no pensemos que alguna oveja del buen pastor pueda perderse o ser arrebatada de sus manos. ¿Y de dónde salen las herejías, los herejes y los apóstatas? No salen de regiones distantes de la iglesia sino de ella misma. Pero no pensemos por un instante que esto es un fracaso de Dios sino más bien el cumplimiento de su designio. Estos herejes y apóstatas se levantan en fiel cumplimiento a la profecía bíblica, pero no porque hayan nacido de nuevo y se haya perdido el esfuerzo de Cristo en aplicar su sangre en sus vidas, sino porque son réprobos en cuanto a fe, de los cuales la condenación no se tarda.

Los que se entretienen con unos versos aislados de la Biblia para hacer su doctrina válida, aunque esté cargada de herejías, deberían leer unos versos más adelante del mismo libro que esgrimen para favorecer su torcida doctrina. Ahí mismo, en el capítulo once de la carta a los romanos, dice Pablo: y este será mi testamento (pacto) a ellos, cuando quitare sus pecados...cosa que es muy distinta de las ramas que hayan de ser cortadas, de la cizaña que arrancarán los ángeles en el día final, de los apóstatas que serán condenados por la eternidad, de las semillas que brotan pero que después se mueren porque no cayeron en buena tierra. Pero el apóstol continúa: Porque sin arrepentimiento son los dones y el llamado de Dios (Romanos 11: 27 y 29)

Si alguno todavía creyere que el nuevo pacto es condicionado a lo que haga el hombre, debería leer lo que se le escribe a Timoteo: si nosotros fuésemos infieles, Dios permanece fiel, porque Dios no puede negarse a Sí mismo (2 Timoteo 2:11). Con lo acá dicho aclaramos que el evangelio de la gracia no es una licencia para el libertinaje, sino que es una oposición absoluta al evangelio de las obras. Todos aquellos que estamos en esta gracia eterna e inmutable también estamos bajo la severidad del Padre que disciplina a sus hijos. De manera que podemos repetir con Pablo cuando dijo: ¿Cómo viviremos aún en el pecado?

Leer la parábola del sembrador nos puede dar luz para entender aquellos textos que se esgrimen a favor de un nuevo pacto condicionado, porque los que se vuelven atrás (como habla el libro de Hebreos) son los cristianos profesantes, los que se dicen a ellos mismos creyentes y no lo son. Como dice el libro de Apocalipsis, tú dices ser judío y no lo eres; esas son las semillas que cayeron en tierra mala y germinaron pero no echaron raíz fuerte y mueren sin fruto (sin el fruto de la confesión de la sana doctrina del evangelio). Pero la parábola del trigo y la cizaña también ayudará a comprender los textos esgrimidos en favor del otro evangelio. La historia de la oveja perdida o el relato del hijo pródigo servirían de ilustración para enfatizar el nuevo pacto sin condición alguna. La oveja perdida fue buscada y encontrada por el buen pastor (quien no salió a buscar a ninguna cabra extraviada), mientras el hijo pródigo siempre fue hijo y tuvo que padecer por su necedad en el mundo, junto a las pocilgas, hasta que emprendió su camino a casa.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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