Martes, 08 de marzo de 2016

Pablo nos asegura que algunos creyentes habían sido rescatados de diversos pecados pero que deberían dejar tal práctica. El hablaba de la injusticia, que violaba el principio que lleva a cada uno a dar lo que le corresponde o pertenece al otro. Tanto griegos como romanos se habían esmerado por definir este concepto en sus leyes; las luchas por las tierras llevó a sus grandes oradores a discutir públicamente para proponer un criterio justo en la repartición de los terrenos para cultivo y vivienda. La justicia sería un principio moral, de razón, de equidad, aquello que debe hacerse según el derecho o la razón. La iglesia de Corinto fue una congregación problemática y el apóstol les dijo que dentro de ella había algunas personas que anteriormente habían sido muy injustas.

A éstos les dice que los injustos no heredarán el Reino de Dios. Uno no puede pasar por alto este concepto, como si ser injusto fuese un pecado simple que no condena eternamente a la persona. Ese es el inicio de la lista del apóstol, le añade otros pecados a los que estamos acostumbrados a valorar como peores. Fornicarios, idólatras, adúlteros, afeminados, homosexuales, ladrones, avaros, borrachos, maldicientes y estafadores (1 Corintios 6:9-11). De la fornicación sabemos que es el conjunto de relaciones sexuales que se tiene fuera del matrimonio, πόρνος (pornos) es el hombre que se vende como prostituto; de esa raíz deriva pornografía, y también por extensión se obtiene la idea de todo hecho de corrupción. El adúltero es μοιχός (moichós), que a veces significa un apóstata, es también aquel que tiene sexo con personas casadas o siendo casado tiene sexo con otra persona que no es su cónyuge. El afeminado es el μαλακός (malachós), el hombre suave, fino, pero que tiene gestos y ademanes propios de las mujeres. El homosexual es llamado ἀρσενοκοίτης (arsenokoites), una palabra que proviene de arsén (varón) y koités (coito, relación sexual), para indicar al sodomita que se va a la cama con varón. Estos tres pecados sexuales impiden que se herede el Reino de los cielos, pero el apóstol le dice a la iglesia que algunos de ellos eran estas cosas: fornicarios, adúlteros, afeminados y sodomitas-homosexuales. En el entendido de que por analogía entran sus similares, ya en el capítulo 1 de su carta a los romanos, Pablo hablaba del castigo de Dios haciendo que las mujeres abandonaran el uso natural de los hombres, entregándose unas con otras para hacer lo que no conviene.

Añade el apóstol a su lista a los avaros, los que claman tener más de lo que deben (los πλεονέκται - pleonectai). Una persona avara hace ganancias de las guerras, de las pérdidas de los demás; el avaro da en préstamo con un interés que lo enriquece, y la iglesia de Corinto también se componía de este tipo de personas que en otro tiempo habían sido libradas de tan terrible pecado. Los ladrones son los κλέπται (kleptai), los cleptómanos, aquellos que tienen la costumbre de robar, de apoderarse de lo ajeno. Curiosamente lo que la Biblia llama pecado la sicología denomina enfermedad, porque el que hurta puede ser disculpado como maniático de apoderamiento de lo ajeno, el que le prende fuego a la abuelita se le llama ahora pirómano (maniático del fuego), el borracho ha pasado a ser alcohólico, un adicto al alcohol que puede curarse sin que se tome en cuenta su pecado. Asimismo el sodomita es una persona que ha elegido una tercera opción sexual, de manera que la Escritura queda relegada como si fuese un libro obsoleto, de un contenido retrógrada.

Los borrachos (μέθυσοι - methusoi) son los que acostumbraban a mezclar bebidas intoxicantes en los oficios religiosos. Recordemos que Pablo habla que algunos venían a la cena del Señor a beber vivo y emborracharse, lo cual era un absoluto desorden. Por extensión ha de entenderse que todo aquello que intoxique el cuerpo en forma voluntaria viene a ser rechazado por el Espíritu de Dios como algo indigno para un creyente. Los λοίδορος - loidoros, son los abusivos, en especial los que gritan abusivamente, o los llamados maldicientes. Una persona que abusa tiende por igual a ser grosera, y llega en ocasiones a gritar o a decir mal de las personas. Esta práctica también los deja por fuera del Reino de Dios, y la iglesia contenía a muchos que habían estado anteriormente con esta mala costumbre. Gran lucha la de aquellos cristianos para que no volvieran sus malas prácticas, si bien en Corinto había un gran desorden en todo sentido, como uno puede enterarse al leer las dos cartas a la iglesia que allí había. Finalmente estaban los ἅρπαγες (hárpagues), que eran los estafadores. Estos también robaban pero lo hacían de otra forma también bochornosa, a través de la extorsión (obtener una cosa mediante el uso de la violencia) y la estafa (el darle a una persona menos de lo que se le debe, por intermedio del engaño). Es la rapiña, el robo o saqueo con violencia las más de las veces, mismo vocablo que se usa para describir a ciertas aves que roban los polluelos de otras, que atacan sin misericordia a sus presas.

Pablo dice que esto eran algunos, refiriéndose a la lista de los injustos en la iglesia, mas ya habían sido lavados, mas ya habían sido santificados y justificados en el nombre del Señor Jesús, y en el Espíritu del Dios nuestro. (1 Corintios 6:9-11). Esta es la grandeza de la sangre de Cristo, que limpia de todo pecado perdonable (menos de la blasfemia contra el Espíritu Santo). En otra carta el apóstol advierte que el que hurtaba ya no hurte más, sino que trabaje para que tenga que dar al que padece necesidad. Por analogía se entiende que el que haya practicado alguno de estos pecados tampoco lo haga más, para no contristar al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuimos sellados para el día de la redención (Efesios 4:28-32). Y si alguno ha cometido una falta contra su hermano, todos somos llamados a perdonarnos unos a otros, de la manera en que Dios nos perdonó en Cristo.

La magnitud del perdón divino se deja ver a  través de la magnitud del bochorno de los pecados descritos en ambas cartas, pues si Dios incorporó a la iglesia a antiguos sodomitas, estafadores, adúlteros, mentirosos, fornicarios, avaros, hechiceros, maldicientes, amargados, gritones, maliciosos, rapaces, gente de boca corrompida, ahora nos toca a nosotros demostrar el cambio que opera el Espíritu en nuestras vidas, batallando contra la carne para hacer morir sus obras en nosotros. Pero de igual forma abarcando el perdón de unos con otros para demostrar el amor que debe reinar en nuestros corazones.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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