Mi?rcoles, 02 de diciembre de 2015

Un Dios de amor también puede ser fuego consumidor. El amor eterno del Padre por sus elegidos no niega el odio eterno por sus reprobados. Pero en los elegidos existe un tiempo antes de recibir el llamado para creer en que la ira de Dios está también sobre ellos. Estos escogidos que no han recibido todavía el llamamiento divino caminan bajo la potestad del príncipe de los poderes del aire y desviados en sus pecados son objeto de la ira de Dios, aunque ellos son preservados para que lleguen a creer de acuerdo al tiempo de Su poder.

Jesucristo viene a ser un claro ejemplo del amor y la ira de Dios. Amado por su Padre eterno nunca le fue interrumpido el afecto divino, pero sometido a la carne en cuanto fue hecho pecado por nosotros su pueblo vino a ser abandonado por Dios. Padre, ¿por qué me has abandonado? Esta expresión angustiosa salió de su boca en la hora amarga de su crucifixión. Bajo el tormento cruel del Imperio Romano y del castigo de la cruz padeció en medio de malhechores bajo la injuria de la multitud a quien había servido. Este hombre ningún mal había hecho, como lo confirmó su propio juzgador, Poncio Pilatos. Sin embargo, por causa de la justicia de Dios llevó nuestras iniquidades y en ese instante el Padre apartó su vista de él.

El abandono al Hijo vino a ser un castigo propio de lo que hace y hará Dios con los reprobados en cuanto a la fe. Más allá del martirio de los clavos traspasando la carne de sus manos y horadando sus pies, por encima del dolor agudo de las espinas clavadas en la corona de su cabeza y con el maltrato de su piel y carne por los azotes recibidos, el Señor sufrió el dolor emocional del abandono del Padre. Todo esto por soportar los pecados de su pueblo (Mateo 1:21).

No nos debe sorprender que los elegidos de Dios también padezcan bajo su ira mientras no han conocido aún el evangelio de salvación. La buena noticia les llega un día pero mientras tanto soportan la ira del Altísimo por culpa de la desviación en sus pecados y transgresiones. El príncipe de las potestades del aire los gobierna por igual junto a los que son eternamente reprobados, pero en virtud de la elección son amados y preservados por Dios como lo fue Jesucristo. El que Cristo haya sido Dios y hombre no es ninguna paradoja, asimismo tampoco lo es el que haya sido amado eternamente y olvidado por un momento en la cruz.

De igual forma nosotros, los que hemos creído, reconocemos que hubo un tiempo en que también le decíamos no a Dios. Nosotros odiamos toda forma de impiedad (a pesar de seguir cometiendo errores a diario), llegamos a aborrecer a los impíos en su odio contra Dios, pero amamos aún a nuestros enemigos. Son dos cosas que pueden acontecer sin que haya oposición o contradicción entre ellas. Uno puede odiar la impiedad cometida por un hijo, puede incluso llegar a aborrecerlo por causa de su maldad, pero no deja de amarlo en razón del amor filial inquebrantable que conserva.

Ciertamente es grande el misterio de la piedad, como incomprensibles los actos de Dios e inquebrantable su consejo. ¿Quién entendió la mente del Señor? ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos! (Romanos 11:33). Por un lado David escribió:  ¿No tengo en odio, oh Jehová, a los que te aborrecen, y me conmuevo contra tus enemigos? Los aborrezco con perfecto odio; los tengo por enemigos (Salmo 139:21-22), pero Mateo registró lo que el Señor nos encomendó: steis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Mas yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen (Mateo 5:43-44).

No en vano la Escritura nos exhorta diciéndonos  airaos, pero no pequéis. No se ponga el sol sobre vuestro enojo.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 4:27
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