Viernes, 23 de octubre de 2015

El sinergismo se define como el trabajo conjunto entre Dios y el hombre; es un vocablo compuesto de la preposición griega sin (con) y del verbo griego ergo, que significa trabajar. En cambio, la expresión monergismo tiene el sentido contrario: trabajar solo. En teología reformada estos dos términos son muy usados para referirse a la postura teológica de la gracia absoluta de Dios (la cual es monergista) y la posición pelagiana y arminiana (por ende también católico romana) de la colaboración del hombre en el proceso de salvación. En este último sentido, el hombre quiere y Dios lo ayuda gracias al eje conductor del libre albedrío que actúa como estímulo para que Dios responda en consecuencia.

Por supuesto, esta tesis sinergista nos plantea por fuerza el subjetivismo. Es el sujeto el que anhela a Dios y es él quien decide en última instancia por medio de la fe, para que la gracia baje del cielo y lo cobije. El sistema sinergístico invierte la proposición lógico bíblica y coloca la gracia dependiente de la fe.  En esta antibíblica visión la fe se convierte en una virtud del hombre (poco importa que esté caído, pues para Pelagio el hombre no cayó en forma total sino parcial) con la cual pretende agradar a Dios para persuadirlo a responder favorablemente.

Si el hombre coloca su fuerza en la fe entonces la salvación le llega. Vemos la manera hábil de torcer el planteamiento de la Escritura, ya que en este sistema no es menester que el hombre coloque su confianza en Jesucristo sino en su fe en él. Estamos en un sistema cuyo foco es antropocéntrico y que ha dejado a Dios en segundo plano. El Dios soberano ha depuesto voluntariamente su soberanía en pro de su caballerosidad y respeto por el ficticio libre albedrío humano. La razón estriba en que la mente humana rechaza aceptar que él es una criatura sin capacidad de resistir en lo más mínimo a su Creador. Dentro del sinergismo es el hombre el que toma la decisión inicial y final y Dios se convierte en un colaborador de la buena voluntad de la humanidad.

Tanto es esto una realidad que el texto bíblico ha quedado pervertido y ahora se lee: paz en la tierra para los hombres de buena voluntad. Este esquema da luz verde a la manipulación sicológica de las emociones, ya que es la pasión la que mueve hacia la fe y hacia el creer. En consecuencia, aparecen los métodos para alcanzar la perfección y para agradar a Dios. El deseo de ganar almas pasa a ser otro estímulo para la hiper evangelización, al condicionar el ambiente físico en un teatro donde la música, la voz modulada del predicador, los gestos de los viejos creyentes colocados en actitud de oración, ejercen la influencia necesaria para generar la conversión.

Se puede asistir a cualquiera de estas mal llamadas iglesias para corroborar lo que decimos; allí se escucharán una y otra vez parlamentos semejantes al siguiente: mientras los hermanos oran en silencio voy a pedirle al pianista que toque la melodía en forma muy suave ... ¿qué pasará si Jesucristo viene esta noche o mañana? ¿Se quedará usted fuera de la salvación?  Cualquiera es libre de añadir lo que debe continuar en esta historia conocida. Un ambiente sicológico, con una prédica retóricamente motivada, mueve al oyente para levantarse y dar un paso al frente. Luego viene el Dios te bendiga, seguido de los otros movimientos de los asistentes que se levantan por efecto dominó. El ujier toma sus nombres y direcciones para que se continúe con el proceso de catequización.

La emoción ha vencido a la razón y poco importa la doctrina de Cristo, lo que interesa es la experiencia del nacido de nuevo, ya que éste es se mueve en un sistema subjetivista. La teología arminiana y semi pelagiana se resume en el precepto católico romano que dice ayúdate que yo te ayudaré. Ellos creen que esta es una declaración bíblica acerca de la voluntad de Dios, ignorando que la Biblia dice todo lo contrario: el hombre está muerto en sus delitos y pecados, por lo tanto no puede ayudarse a sí mismo en lo más mínimo. No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros; le amamos a él porque él nos amó primero; nadie puede venir a mí, si el Padre que me envió no lo trajere.

Dentro del subjetivismo de este sistema de sinergia aparece el team de alabanza. Ellos son los adoradores de oficio, que van de sinagoga en sinagoga y educan a los asistentes en la llamada adoración. La gente lee en pantallas elevadas los nuevos cánticos semanales y sigue el tono cuando los adoradores les ordenan. Es un nuevo oficio dominical que se introduce para mantener ocupados a los asistentes y para mostrar una variable extra de la organización eclesiástica contemporánea. Estos cantantes le apuestan al éxito discográfico, interpretan los modales de aquellos que aprendieron a imitar en la tv, exhiben lo que también puede llamarse un narcisismo espiritual. La verdad no hace libre a la gente porque no se conoce, lo que importa ahora es que la gente esté bien creyendo que adora al Dios vivo de las Escrituras, dado que lo que la Biblia enseña se encuentra eclipsado en este vasto mundo de religión experimental.

En estos momentos la brújula eclesiástica apunta a las masas, a las iglesias que crecen y se desbordan a sí mismas. No en vano nace una nueva sinagoga y se nombra un comité pro templo, porque hay que construir un nuevo edificio para que se demuestre que hay crecimiento espiritual. Nadie quiere quedar atrás en estas nuevas estrategias de mercado, yendo incluso cada vez más lejos de la simple venta de sermones y canciones cristianas hasta dar también en venta agua del Jordán, arena de Israel, o tal vez organizar un viaje a Tierra Santa para tener una experiencia más cercana con el entorno donde vivieron los primeros creyentes. El turismo espiritual sustituye la antigua venta de las bulas papales y la gente puede volver a bautizarse pero esta vez bajo las aguas en las que trabajaba Juan el Bautista.

Sabemos que estas cosas pasan dentro de un sistema sinergista donde el hombre hace la diferencia entre salvación y condenación. Pero en el sistema monergista solo Dios hace la obra y Él es quien da la fe y la lleva hasta sus más lejanas consecuencias.  La expresión gracia sola implica que somos salvos de la ira de Dios, del envío al infierno de fuego, en virtud de los méritos de Jesucristo y no porque se halle buena voluntad en el corazón humano. Este corazón humano ha sido definido por Dios como muerto en delitos y pecados, como perverso más que todas las cosas. Cuando la gracia de Dios llega adonde Él quiere que llegue el corazón de piedra es arrancado de en medio, para que sea sembrado uno de carne, de manera que andemos en sus estatutos con alegría.

Mientras el sinergismo confía sin límites en la naturaleza humana (por aquello de que el hombre es imagen de Dios), el monergismo que se encuentra en la Biblia nos recuerda que así como el etíope no puede mudar su piel ni el leopardo sus manchas, tampoco puede el hombre habituado a hacer el mal hacer el bien.

La democracia no existe en teología. Dios es soberano y Él solo gobierna, no su pueblo en la iglesia. Acostumbrada como está la masa a escuchar que la mayoría tiene la razón, que voz del pueblo es voz de Dios, también ha sido entrenada a oír falacias como si fuesen argumentos verdaderos. Se le ha dicho que pueden elegir, que la libertad es un requisito para que la culpa exista, que cada día hemos de tomar decisiones que acarrean consecuencias de por vida. Bien, sin caer en discusiones bizantinas podemos decir a simple vista que los valores sociales aprendidos no son válidos para hacerlos directrices en asuntos teológicos.

La teología importa, como importa la doctrina, pero la enseñanza bíblica no descansa en aforismos populares ni en concepciones erróneas, por más que hayamos invertido generaciones en aprenderlas. No podemos ir con un a priori hacia la lectura de la Escritura porque equivaldría a forzar la interpretación hacia la subjetividad, lo que Pedro llamó sabiamente hacer interpretación privada.

La Biblia enseña el monergismo, el trabajo de Cristo en la cruz bajo la sola dirección del Espíritu del Padre. La Escritura educa acerca de la gracia sola, nunca predica ni sugiere nada acerca de la herejía de la gracia común. Dios salva en razón de su misericordia, la cual tiene sobre aquellos a quienes Él ha querido amar desde la eternidad. Dios se compadece de quienes Él quiere compadecerse, pero igualmente endurece a quienes desea endurecer. Para esto nadie es suficiente ni puede decirle a Dios por qué razón actúa de esta manera. El es soberano y el concepto de soberanía también escapa a lo aprendido en las aulas de clase donde el ejemplo dado es la soberanía relativa de los pueblos. La soberanía de una nación termina donde comienza la soberanía de la otra nación. Estos ejemplos no ilustran en lo más mínimo acerca de la soberanía absoluta de Dios.

Por eso dijo Jesucristo, examinen las Escrituras porque ellas dan testimonio de mí y porque en ellas ustedes piensan que está la vida eterna.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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