Martes, 06 de octubre de 2015

Un muñeco parece ingenuo, tal vez un recordatorio, algún instrumento apartado para aludir a la divinidad. Muchos se aferran a las figuras planas o tridimensionales, se inclinan ante ellas y las veneran. Dicen que eso ayuda a la mente a fijar la atención en quien representa. Entonces podemos ir concluyendo que los ídolos son representaciones físicas de entes espirituales.

El ídolo es una imagen que recuerda a una entidad espiritual, con nombre e historia. Jesús de Nazaret suele ser uno de tantos, el Sagrado Corazón de Jesús es otro que apunta a la misma persona. La humanidad es prolija en esta tarea y ha incrementado el número de las imágenes que venera y adora: San Benito, El Niño Jesús, la Virgen María, las Siete Potencias, Santa Bárbara, y un largo etcétera.

Hay otros tipos de imágenes que se mantienen en la abstracción de la mente, sin que por ello dejen de ser ídolos. La visión particular que se tenga de Dios puede generar una imagen individual errónea acerca del Señor de la Revelación.  La interpretación privada de la profecía ayuda a concebir a un Dios adaptable a la necesidad de la mente natural de la humanidad, porque justo es reconocer que cuando se va más allá de la revelación escrita se queda expuesto a la maldición del otro evangelio.

Si bien el ídolo no es nada sí que tiene por detrás a su representante. Todo aquel que sacrifica alabanza, veneración, adoración, ofrenda, incienso, procesión o tributo a los ídolos, a los demonios sacrifica y no a Dios (1 Corintios 10:20). Interesante escritura la de Pablo que aclara en forma definitiva dos cosas: 1- Que los demonios son los primeros beneficiarios de la honra a los ídolos; 2- Que Dios no recibe tal homenaje que se hace al ídolo. De manera que si alguien alega que cuando venera a una imagen de un santo, de un Cristo, está tratando de adorar a Dios, acá el apóstol ha mostrado categóricamente que no es a Dios a quien se sacrifica mediante el ídolo sino a los demonios. Agrega Pablo que él no quiere que tengamos comunión con los demonios.

En otro texto Pablo nos advierte de que en estos tiempos muchos se apartarán de la fe para escuchar doctrinas de demonios, de manera que estos seres espirituales de maldad están muy activos en el planeta. Cuando Jesús estuvo con sus discípulos se enfrentó a muchos demonios, liberó a los poseídos por esos espíritus del mal. Incluso en una oportunidad, hablando con Pedro, dijo: apártate de mi Satanás, porque me eres tropiezo. De esta manera daba a entender la sutil forma en que influyen los demonios en la mente de las personas.

Hoy día la humanidad ha abierto una puerta gigantesca a los demonios cuando la gente hace un signo dedicado a ellos, la señal del cuerno. Algunas personas sacan la lengua al estilo de un grupo de rock que invoca al enemigo de las almas en sus conciertos. De la misma manera hay quienes dicen a cada rato diablos o demonios como si eso fuese una expresión inocente que ayuda a descargar tensiones. Otros, en cambio, ven demonios hasta en la gripe de las personas y empiezan a reprenderlos, mostrando una gran ignorancia acerca de estos seres y sus actividades.

La Ouija es un juego que divierte a miles de personas y ha sido un instrumento de manifestación demoníaca para aquellos que tienen ansias por lo sobrenatural. El espiritismo es una costumbre ancestral muy desarrollada en la actualidad y son muchos los que acuden a sus sesiones con la intención de hablar con sus seres queridos que ya no están físicamente con ellos. Otros se dan a la astrología y devoran los horóscopos, en la pretensión de que de esa manera conocerán lo que el futuro les depara. Ni que decir de los que van a leerse las manos, el humo del tabaco o la borra del café. Muchos charlatanes sirven al demonio y los incautos caen presos de la influencia demoníaca recibiendo sus enseñanzas.

Justo es indicar que miembros de iglesias han acudido a videntes y a psíquicos, para consultar por sus angustias. La Escritura nos muestra un texto de un profeta que reprende al pueblo diciéndole: Y cuando os dijeren: Consultad a los que evocan a los muertos y a los adivinos, que susurran y murmuran, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos? (Isaías 8:19). El pueblo de Israel sacrificó a sus hijos e hijas a los demonios, y como lo hacían algunos pueblos paganos sacrificaron a los ídolos de Canaán (Salmo 106: 38). Los feligreses que así actúan parecen seguir al extraño demostrando que no son ovejas propias del buen pastor.

Sabemos de mandatarios que cargan en sus manos objetos ensalmados para que les den suerte y protección, mientras otros practican sesiones de ocultismo en lo secreto de sus palacios. Estas prácticas no son exclusivas de la gente de poco conocimiento científico sino que está extendida en todos los renglones sociales e intelectuales del planeta. En una oportunidad un profeta tuvo que advertirle a un rey lo siguiente: Así dice Jehová: ¿Acaso no hay Dios en Israel, que tú envías a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón? Por tanto, del lecho en que subiste no descenderás, sino que de cierto morirás (2 Reyes 1:6).

Son cuantiosas las admoniciones contra el pueblo rebelde a los consejos de la palabra revelada de Dios, por eso conviene tener claro que la Biblia nos advierte contra los ídolos, pues si bien declara que esas esculturas o dibujos son nada, quienes están detrás de ellos son los demonios. ¿Sacrificará usted a los demonios? La maldición del cielo no se hará esperar, pues Dios considera abominable tales prácticas. No deis lugar al diablo, decía Pablo, guardaos de los ídolos, agregaba Juan.

La cita aclaratoria del apóstol en cuanto al sacrificio nada inocente ante los ídolos dice más en su contexto: Antes digo que lo que los Gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios: y no querría que vosotros fueseis partícipes con los demonios. No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios: no podéis ser partícipes de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios. ¿O provocaremos a celo al Señor? ¿Somos más fuertes que Él? (1 Corintios 10: 20-22). Los demonios y el Señor son excluyentes, sin mezcla, de manera que Pablo no quiere que haya algún creyente confundido. De lo contrario, provocaría a celos al Señor y la consecuencia sería de lamentar.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 9:33
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