Domingo, 04 de octubre de 2015

Los cabellos de nuestra cabeza están todos contados, expresión equivalente a un pajarillo no cae a tierra sin la voluntad de vuestro Padre. Aquello que nos parece fútil y contingente ha venido a ser en la Escritura asunto necesario por la importancia que el Creador le otorga. Detrás de estos ejemplos se deja ver la más absoluta soberanía divina manejando lo que nos parece más superfluo con la misma delicadeza que los pensamientos de un rey, a los que el Señor inclina a lo que quiere.

De manera que Dios hace de acuerdo a su voluntad, tanto en los ejércitos del cielo como en medio de los habitantes de la tierra, sin que nadie pueda detener su mano por un instante para preguntarle ¿Qué haces? La pretensión de hablar del azar como si fuese real no es más que una ilusión del lenguaje; es un eufemismo discurrir acerca de la suerte como si se tratase de una fuerza independiente que actúa sobre los hombres y su historia. El desconocimiento de todos los elementos naturales que intervienen en el lanzamiento de los dados ha hecho que se llame suerte, chance, azar, a los factores desconocidos. Para el Omnisciente Dios nada ocurre por fortuna sino todo por necesidad.

Quitemos la ignorancia de la mente humana y desaparecerá el azar, dado que los más diminutos incidentes, si bien parecen triviales, son gobernados con la eficacia de la sabiduría de Dios. La predestinación no es otra cosa que el imperio de la necesidad, es todo aquello que ocurre porque es necesario que acontezca. Esa necesidad obedece al orden establecido por el Creador que nada asume como contingente. El hombre actúa en la libertad de las letras de su guión, como Judas que entregó al Señor según lo que estaba escrito de ellos dos.

Nosotros fuimos creados con tiempo por lo cual vemos los eventos en un orden sintáctico siguiéndose unos a otros. Los discípulos oraron en la barca exclamando Señor, que perecemos, pero aquel peligro inminente como el clamor de los seguidores de Jesús estuvo en el programa divino para nuestra enseñanza y para provecho de ellos, entre tantas cosas que ahora desconocemos. Por eso David escribió que nadie puede huir de la presencia de Dios, porque también la Biblia  dice que en Él vivimos, nos movemos y somos.

¿Qué podemos esperar de aquél que es capaz de contar todas las estrellas de los cielos y de llamar a cada una de ellas por su nombre? Isaías le canta al Dios soberano con su pluma:  ¿Quién midió las aguas con su puño, y aderezó los cielos con su palmo, y con tres dedos allegó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza, y con peso los collados? ¿Quién enseñó al espíritu de Jehová, o le aconsejo enseñándole? ¿A quién demandó consejo para ser avisado? ¿Quién le enseñó el camino del juicio, o le enseñó ciencia, o le mostró la senda de la prudencia? (Isaías 40: 12-14).

Conocemos por las Escrituras que las perversas acciones de los enemigos están en absoluto control de Dios, de ese mismo que aún al enemigo hace estar en paz con nosotros. El creyente no debe andar en caminos de malos ni bajo el consejo de sus angustias. Lo que el impío teme eso le viene, por esa razón huye muchas veces sin que nadie lo persiga, de manera que resulta insensato seguir sus consejos. Recordemos al afamado rey de Asiria cortando cabezas de reinos, haciendo lo que Jehová dispuso que hiciera. El no lo sabía pero en su ímpetu creyó que lo que ejecutaba era por su propia inspiración, de manera que se subió en soberbia su pensamiento hasta que fue castigado.  Isaías se pregunta en forma irónica si el hacha podrá gloriarse contra el que con ella corta. ¿Tal vez la sierra se ensordecerá contra el que con ella corta? Y agrega: como si el bordón se levantase contra los que lo levantan (Isaías 10: 15).

Extraordinarias y valiosas declaraciones de la Escritura contra todo aquel que pretenda encontrar libre albedrío en el corazón humano para ayudar en lo más mínimo a su Creador o para sugerirle que haga de otra manera. Nadie puede levantarse en su presencia para decirle qué haces, nadie resiste a su voluntad. Entonces, el impío se pregunta: ¿por qué Dios inculpa? Ya que nadie es capaz de hacer lo contrario de lo que ha decidido. Aún al impío hizo Dios para el día malo, de manera que endurece al que quiere endurecer. Esta es la razón por la cual se nos ha ordenado no dar lo santo a los perros ni echar las perlas a los cerdos.

Los devotos del libre albedrío han sido comparados con el hacha o con la sierra, o tal vez con el bordón, como si estos tres objetos tuviesen la libertad de reclamar a quien los sostiene. ¿Quién es el maldito, aquel que Roma maldice por no creer en el libre albedrío o el que le añade o le quita a la Palabra de Dios? Porque si alguno viene con un evangelio diferente sea anatema, dice Pablo en una de sus cartas.  

No hay ningún punto medio entre el espíritu y la materia, como no lo hay entre alma y cuerpo. El hecho de que exista una conexión entre estos elementos separados nos maravilla pero no nos permite mezclarlos. La materia no puede percibir ni sentir, sino es el alma la que asume estas funciones en el cuerpo. Pero así como el cuerpo está muerto sin el alma el espíritu humano lo estaría si no recibiese del Espíritu de Dios la vida eterna. Hay un conocimiento espiritual divino que ha sido implantado en el alma del que ha nacido de nuevo, ya que el hombre en su estado natural no puede percibir las cosas espirituales de Dios. Es necesario nacer de nuevo, pero esto no acontece por voluntad humana sino de Dios. Ciertamente espíritu hay en el hombre, e inspiración del Omnipotente los hace que entiendan (Job 32:8).

Así como el cuerpo es pasivo sin el alma, el alma humana es pasiva sin el espíritu. Esto concuerda con el precepto bíblico que dice: el alma que pecare, esa morirá. El hombre natural murió en el Edén por intermedio de su cabeza federal Adán. Declarado muerto en sus delitos y pecados necesita ser vivificado, pero para esto solo Dios es suficiente. Resulta una enorme mentira decirle a la gente que Jesucristo ya pagó por el pecado que pueda atormentarle, ya que el Hijo de Dios no hizo un trabajo potencial sino actual. No existe una salvación en potencia que aguarda a la humanidad para que la tome, sino una salvación que fue consumada en la cruz para todos aquellos que Jesucristo representó en el madero. El puso su vida por muchos, por sus ovejas, por su iglesia, por sus amigos. Reiteramos que el Hijo de Dios no rogó por el mundo la noche previa a su expiación, queriéndonos decir que no cargó el pecado del mundo por el cual no rogó (Juan 17:9).

Aquello que hemos estimado de menor valor ha sido considerado por Dios de alta estima. Los cabellos de nuestra cabeza, los pájaros que caen al suelo, los días de nuestra existencia, todo ello tiene valor ante los ojos de Dios. A los justos les será dado lo que desean, les serán añadidas todas las cosas que necesiten y todas las circunstancias les ayudan a bien. Porque el que ha dado vida a un espíritu muerto no escatimará ningún otro obsequio que sin dudas será inferior a su salvación. No obstante, nosotros suspiramos por las cosas que pueden ser de menos estima que la vida eterna, pero nuestro Padre sabe que aun esas cosas necesitamos.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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