Jueves, 20 de agosto de 2015

Pedro nos ha relatado tres casos de rescate en unos párrafos de su segunda carta. El primero de ellos es el más polémico, referido a los falsos maestros que vendrán negando al Despotes (Amo, Dueño) que funge como su propietario en el mercado donde compra (agorasanta). El segundo caso es el del llamado justo Lot, quien fue liberado a la fuerza por Dios, el Todopoderoso. El tercer caso es el de los piadosos que son librados de la tentación y prueba por el Señor. En 2 Pedro 2:1-12 tenemos una interesante lectura de estas liberaciones que no se presentan juntas por casualidad sino por el interés del apóstol y del Espíritu en que hagamos la comparación.

Resulta indudable que con el primer caso uno puede preguntarse si la salvación se pierde, si Dios tiene o no el poder de preservar lo que es suyo, si el hombre tiene tal fuerza como para escapar de las manos del Padre y del Hijo. La respuesta teológica es una absoluta negación a tal pretensión, muy a pesar de que muchos sugieran que el texto asegura lo contrario. ¿Quiénes son estos falsos maestros que introducirán herejías destructoras? La esencia de ellos es la negación del Despotes, de su amo y señor.

Como en el mercado griego se hacía la compra venta de esclavos Pedro hace una alusión a tal evento. Compara a los falsos profetas con esclavos adquiridos por un amo, del cual dicen estar prestos a servir. Si ellos enseñan doctrinas a nombre de su señor es porque dicen que le son fieles. Pero como ellos introducen herejías destructoras están negando al amo que dicen haberlos comprado. Ahora bien, en el ágora griego se compraban muchas cosas y se pagaba un rescate o precio por el objeto adquirido. Esta compraventa que el Despotes hizo por los falsos maestros tuvo un precio, pero el apóstol no lo menciona.

Es interesante saber que cada vez que en las Escrituras aparece la referencia a la compra que el Señor Jesucristo hizo de su pueblo aparece mencionado el precio. Este pago no es otro que su sangre derramada en la cruz. Pero como los falsos maestros son unos imitadores (pseudo cristianos, pseudo hijos, pseudo discípulos), la compraventa no se realizó con el elemento básico del contrato, el precio. La sangre de Cristo quedó por fuera como pago de esta negociación, lo que nos sugiere que no hubo compraventa sino que es solamente una imagen presentada por el apóstol para darnos a entender que el amo de todo es Dios.

Pareciera que el apóstol juega a la ironía en su relato, dejándonos claro que los falsos maestros vendrán negando al amo al que pertenecen. Como contrapartida relata el caso de Lot, quien afligía su alma diariamente, a pesar de vivir en Sodoma y de habitar en medio de la concupiscencia de tan perversa ciudad. Pedro dice que Dios libró su alma afligida, abrumada por la conducta nefanda de los malvados. Acá el término empleado para la liberación no es agorasanta (que expresa la acción de la simple adquisición hecha en el mercado griego) sino rúomai, un verbo que indica la fuerza para arrastrar y preservar. Significa empujar hacia uno mismo, asimilar, retener. No podía ser menor la acción para preservar al justo Lot del castigo venido a Sodoma, ya que Dios impidió que Lot negara su misericordia y señorío.

El apóstol después de colocar estos dos casos por contraste, el de los falsos maestros que niegan al amo que es su dueño y el del justo Lot, quien fue efectivamente rescatado y arrastrado fuera del castigo, presenta su tercer caso que incluye a los piadosos. Los piadosos son los reverentes, los cuales son también librados de toda altivez y contradicción contra el Señor. El vocablo usado por Pedro es kuríos, Señor. Ya no es Despotes, el amo de los falsos maestros, ni es Dios, el libertador de Lot, sino el Cordero de Dios que pagó con su sangre el rescate de su pueblo.

Pero en este texto se introduce una alocución que refuerza la ironía inicial, o el cinismo de los falsos maestros al suponerse sin dueño (porque al negarlo suponen estar libres). Si los falsos maestros niegan con su práctica la pertenencia a su amo, con los piadosos sucede lo contrario. Sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio (2 Pedro 2:9). El término usado es el mismo que utilizó para referir la liberación de Lot, rúomai. La ironía se ve en el agregado del escritor bíblico, no es solamente que el Señor libra a los piadosos, sino que sabe hacerlo.

El saber hacer del Señor se contrapone con el hacer sin saber aparente del Despotes para con los falsos maestros. Estos dicen que su amo los adquirió pero se la pasan negando al tal señor (negando, un adjetivo verbal por estar en participio presente) lo cual implica continuidad en la acción. En cambio, Pedro dice que el Señor (kuríos) sí que sabe guardar de tentación y de prueba a los piadosos, a los que le reverencian. ¿Por qué éstos son reverentes y no niegan su doctrina? Porque el Señor sabe guardarlos de caer en la herejía destructora de los falsos maestros.

Si el Señor sabe guardar a estos creyentes, como también supo hacerlo con el justo Lot, ¿por qué razón no guardó a los falsos maestros de su caída? No porque no supiera hacerlo, sino porque aquellos fueron reservados para ser castigados en el día del juicio. Estos falsos creyentes son retenidos en custodia (Tereo), preservados para el día malo y su condenación no se tarda, para lo cual también fueron destinados.

Los falsos maestros son comparados con los falsos profetas antiguos y en su conjunto son como bestias brutas naturalmente nacidas para presa y destrucción, que hablan mal de cosas que no entienden y perecerán en su propia corrupción. Como dato curioso el apóstol resalta el hecho de que ellos prometen libertad a sus prosélitos, prometen salvación, pero ellos mismos no han sido liberados sino que son  esclavos de corrupción. Queda claro que ellos no fueron redimidos con la sangre del Cordero inmolado porque no hubiesen sido esclavos de corrupción ni hubiesen caído en las herejías destructoras. Simplemente, los falsos maestros niegan lo que dicen ser y con su práctica de torcer las Escrituras confirman que no eran de nosotros, aunque salieron de nosotros; ellos dicen haber sido rescatados pero lo niegan continuamente con su práctica porque en realidad el precio de sus almas no fue pagado en la cruz.

Una analogía tomada de la diplomacia puede servir para ilustrar la relación de los falsos profetas con el Despotes. Supongamos una persona que se hace pasar por embajador de un gobierno, presentando documentos falsos y hablando en nombre del gobernante. Cuando es descubierta en razón de errores cometidos, los que lo acusan pueden decirle que él o ella representa muy mal a quien los envió. Con esta frase se les da a entender que están actuando en contraposición a los principios del gobierno que supuestamente los envía. Aunque la frase haya dicho que representan mal al gobierno que los envió, no asegura que tal cosa sea de esa manera sino que irónicamente afirma lo contrario: que no fueron en realidad enviados por el gobierno al que dicen pertenecer.

Son tres rescates y un Señor porque Dios desde la creación es el Amo absoluto del universo. De Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan (Salmo 24:1). Esto fue dicho mucho antes de que Su Hijo muriera en la cruz, de manera que Él adquirió el mundo al hacerlo sin que tuviese que pagar rescate alguno. Como Dios Todopoderoso salvó al justo Lot del castigo de Sodoma, pero Su Hijo redimió a su pueblo de sus pecados, a los que él llama piadosos o reverentes. Aquel Señor Despotes es el Amo de todo cuanto existe, el que hizo incluso al malo para el día malo. Dueño absoluto de todo cuanto ha creado no tiene necesidad de pagar rescate por nada, por lo tanto es dueño aún de los falsos maestros. Como Su justicia es tan alta y nadie puede pagarla, envió a Su Hijo para que se diera en rescate por muchos. El precio de la paz alcanzada fue elevado, el sacrificio del Unigénito en el madero. De los que el Padre le dio al Hijo para que redimiera ninguno se ha perdido, todos ellos son guardados en sus manos y en las manos de su Padre. Por lo tanto, los falsos maestros no fueron redimidos sino reservados para la condenación eterna.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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