Viernes, 14 de agosto de 2015

El Hijo de Dios vendría sin hermosura para que le deseemos, de manera que quien fuera enviado para salvar al mundo no tuvo atractivo alguno. Todavía hoy día sigue siendo objeto de burla, un loco, un desahuciado, un pacificador que no resolvió los problemas de su propia etnia. Sometidos al Imperio Romano los judíos se decepcionaron de su Mesías. El rey de reyes entraba montado en un asno y no en un regio caballo, fue coronado pero con espinas, interrogado y torturado por la gente del gobierno, sus alumnos que lo siguieron por más de tres años se escondieron atemorizados. Semejante líder vino a ser una piedra de tropiezo y roca de caída para muchas personas, a los que solamente les quedaba el recuerdo de sus sabias frases y las grandes señales milagrosas que demostraba poderes extraordinarios.

Tal vez era un hombre especial que había desarrollado algún talento interpretado como sobrenatural. Por cierto, los magos de hoy día intentan imitar sus señales para ridiculizar lo que fue el signo que lo identificaba como enviado del Padre. En los shows de televisión hay quienes con trucos caminan sobre las aguas, convierten una pepsicola en vino y multiplican la merienda de los niños. Sigue siendo el hazme reír entre muchas naciones.

Se nos pide creer en él para no ser avergonzados (Romanos 9:33) pero es una vergüenza ante el gran público del mundo el que sus seguidores lo confiesen. Que no era Hijo sino que fue creado, que estudió en el Tibet magia durante los años perdidos de su juventud, que fue un ilusionista e hipnotizador, son algunas de las advertencias que el mundo hace ante el celebrado Salvador. Gente que en un tiempo dijo seguirlo al final de sus días se apartan arrepentidos de haber invertido su energía en la creencia de las doctrinas del nuevo nacimiento, la vida eterna, el pecado y la existencia de los ángeles. Acentuada es la vehemencia con la que se dedican a desmentir lo que un día asumieron como verdad.

Este recuento forma parte de lo que se conoce como la apostasía de nuestro tiempo, una época en la que Sodoma y Gomorra se parecen en demasía a las ciudades y pueblos que firman acuerdos para legalizar sus viejas prácticas. No en vano ese mismo Mesías dejó dicho que antes de su segunda venida el ambiente sería como en los días de Lot, el que vivió en Sodoma. También mencionó a Noé, época en la que la gente llevaría una vida normal, casándose y dándose en casamiento. Muchos tropezarían y se entregarían unos a otros, en una delación y señalamiento por cuanto su comezón de oír los llevarían a las fábulas y los apartarían de la doctrina contenida en la Escritura.

Nuestra época sería como en los días de Noé cuando vino el diluvio advertido que la gente no creyó. Pero también eso se niega y se remarca como uno de los grandes mitos de la fe bíblica, muy a pesar de que la Geología tenga datos que dan luz verde al relato de la inundación del planeta. Un científico dedicado al tema, de nombre Walt Brown, ha explicado que la densidad de masa de los fósiles podría deberse a que los dinosaurios fueron sumergidos miles de años atrás, y que el tejido óseo y el ADN encontrado en sus restos no habría aparecido si ellos tuviesen millones de años de extinguidos.

La razón bíblica del diluvio del Génesis fue la situación moral que se presentó en el tiempo de Noé. Dice la Biblia que la tierra estaba llena de violencia, de manera que por lo visto hoy día podemos darnos cuenta de lo que significaba entonces esta aseveración. Dios prometió no volver a destruir el planeta con agua, pero el fuego será el elemento esencial para dar castigo a una humanidad sumida en su falta de ética. El derecho humano a la libre decisión de todo lo que lo conduzca a la felicidad ha permitido abrir las compuertas de la caja de Pandora. Ahora miles de males azotan la sociedad global y pareciera no haber freno ni límite para las perversiones humanas.

Por supuesto, aún en esto se acusa a la doctrina cristiana de estar anclada a la tradición y pegada al fundamentalismo. Pero la enseñanza de Jesús sigue a su líder y se muestra sin hermosura, para que la deseemos. Pese a ello, hay una convergencia entre iglesia y mundo, un acercamiento ecuménico que permite el sincretismo religioso pegado de la mano de los mitos de la ciencia, muy a pesar de que una gran parte de su literatura sea falsa. Ahora en el aula de clase lo que la Biblia enseña suele ser metafórico, nunca real del todo, porque asumir la veracidad de la Biblia suele avergonzar ante los sabios del mundo, militantes de su famosa falsa ciencia.

Lo curioso es que el mensaje en la época de Isaías no ha cambiado ni se adapta a la masa social ansiosa de nuevos impactos. La simpleza es sin igual, el Mesías aparecería como renuevo, como raíz de tierra seca, sin parecer ni hermosura. Sería despreciado y desechado entre los hombres, alguien de quien esconderíamos el rostro. Fue herido por nuestras rebeliones y el castigo de nuestra paz fue sobre él porque el Señor puso en él el pecado de nosotros.

Jesús estuvo angustiado y afligido sin abrir su boca, fue llevado como oveja al matadero, pero su generación ¿quién la contará? El fue herido por la rebelión de su pueblo (Isaías 53: 8), así como se dijo siglos más tarde, que quitaría el pecado de su pueblo (Mateo 1:21). El Señor obtuvo como resultado de su persona y de su obra mucho linaje y la voluntad de Dios en su mano prosperada. Del trabajo de su alma habría de ver para ser saciado, porque justificaría a muchos, llevando las iniquidades de ellos (Isaías 53: 11).

Esa es la esperanza del creyente por la cual se somete a escarnio público en todas las esferas de su vida. La fe que vence al mundo nos ha sido dada y es ejercitada día a día, cada vez que nos enfrentamos con las miradas escrutadoras de los que nos señalan como ilusos por creer un mensaje que tiene siglos anunciándose. A Noé tampoco le creyeron hasta que vino el diluvio que hoy día se niega, Lot fue llamado justo pese a haber vivido en una ciudad anegada de pecado. Cada oveja es llamada por su nombre para seguir al buen pastor que dio su vida por ellas, el rescate pagado por muchos. Aquel Jesús de la Biblia constituye una doble verdad, ser él piedra de tropiezo de los que lo rechazan y salvador de los escogidos. Como está escrito: He aquí pongo en Sión piedra de tropiezo, y roca de caída: Y todo aquel que en Él creyere, no será avergonzado (Romanos 9:33).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 8:31
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