Martes, 11 de agosto de 2015

El primer Adán en el Edén cayó como cabeza federal de toda la humanidad, con la consecuencia de la muerte espiritual. Toda la humanidad se hizo susceptible de pecar y así lo ha hecho sin detenerse, por lo que los infantes que nacen y mueren llevan la impronta de la herencia de su padre humano. Se llama pecado original el primer pecado que contaminó a todos en su naturaleza, por lo cual la muerte física existe como una señal del castigo divino. Lo más grave es la muerte segunda, la eterna, pues tampoco hay forma ni manera de evitarla por vía humana  y sus consecuencias son funestas.

El segundo Adán es Jesucristo, quien vino en forma de hombre sin pecado y pudo pagar el rescate de la redención de su pueblo, tal como le fue encomendado. En consecuencia, pudo decir en la cruz que todo estaba ya consumado (tetelestai), todo se había perfeccionado y llegado a su fin. Su misión concluyó satisfactoriamente para beneficio de los escogidos del Padre.

Pablo nos habla de dos grupos generales representados por los dos Adanes. En primer lugar, el Adán en Edén trajo la muerte a todos (sin excepción), incluyó en la naturaleza del ser humano la tendencia pecaminosa que destruye el alma. El generó la maldición a la tierra y el sinsabor en el vivir bajo la influencia de las acechanzas del diablo. Su culpa fue enorme y se extendió aún más allá de la muerte física, con la condenación eterna. El segundo Adán vino a redimir de todo ese lote humano a su propio lote. Esto es muy importante entenderlo para evitar caer en la falacia en que caen muchos, que incluye a grandes teólogos. Muchos han argumentado el error de que Cristo redimió toda la raza humana -sin excepción- lo cual conduce a la blasfemia de inferir que gran parte de los redimidos están ahora condenados eternamente.

Y esa es la falacia que debemos evitar, porque la Escritura no se contradice. En Romanos 5 Pablo explica la relación entre los dos grupos y los dos Adanes. Como dijimos, el primer Adán generó la desgracia del pecado para toda la humanidad sin excepción. Pero el segundo Adán redimió a todos los que son elegidos del Padre. Esto se entiende por el contexto del texto señalado y por referencia a otros libros de la Biblia. Por ejemplo, Jesús, la noche antes de morir, rogaba al Padre por los que le había dado. Específicamente dejó por fuera a un gran lote llamado mundo; él dijo: no ruego por el mundo (Juan 17:9). De manera que al día siguiente cuando expiaba los pecados de su pueblo (Mateo 1:21) consumó su obra en la cruz dejando a Judas Iscariote por fuera, al ladrón que le injuriaba, a Caín, a Faraón, a los réprobos en cuanto a fe, de los cuales la condenación no se tarda, que fueron ordenados para la condenación. Dejó por fuera a los moradores de la tierra que adorarán a la bestia, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8 y 17:8).

Por un delito reinó la muerte (Romanos 5:17), por causa de uno solo (el primer Adán), pero reinarán en vida los que (un determinado grupo) reciben la abundancia de gracia, y de dones y de justicia, por causa de Jesucristo (el segundo Adán). Y aquí viene el texto que ha sido tropiezo para muchos por la derivación falaz que hacen con su interpretación privada. Recordemos que la interpretación privada se opone a la pública, y esta última es la que el Espíritu Santo hace al exigirnos comparar Escritura con Escritura, de acuerdo a la sintaxis del texto y al contexto. Así que, de la manera que por un delito vino la culpa a todos los hombres para condenación, así por una justicia vino la gracia a todos los hombres para justificación de vida (Romanos 5:18).

Pablo nos había hablado en el verso 14 del segundo Adán, cuando dijo que Adán era figura del que había de venir (Jesucristo). Una figura es un modelo, un tipo de algo o alguien, por lo que en nuestro caso el primer Adán era figura del segundo. Notemos que el verso 18 tiene dos segmentos semejantes (todos los hombres) pero con contextos diferentes. Por un lado el grupo que pertenece al primer Adán, el cual ciertamente es universal en forma absoluta. Todos pecaron, dijo el apóstol, y están destituidos de la gloria de Dios; de este grupo no quedó justo ni aún uno, ni quien busque a Dios ni quien haga lo bueno (Romanos 3). De manera que la justificación es gratuita y no por las obras de la ley sino por la fe; bien sabemos que la salvación, la gracia y la fe no son de nosotros sino un regalo de Dios (Efesios 2:8). En tal sentido no puede haber ninguna jactancia, ya que el hombre muerto en delitos y pecados cuando es rescatado para ir a Jesucristo no lo hace de sí mismo sino por obra del Espíritu, en virtud del nuevo nacimiento que es absolutamente de Dios (Juan 1 y 3).

El otro grupo también es señalado con las mismas palabras que el primero, pero con referencia distinta. Estos son todos los hombres que fueron justificados en la cruz del calvario. Imposible que los dos segmentos lingüísticos tengan el mismo referente, porque se produciría la falacia de suponer que hay condenados que fueron redimidos. Esto equivaldría a pisotear la sangre de Cristo, a tenerla por inmunda, ya que se haría ineficaz si uno solo de ellos fuese arrebatado de las manos de Cristo y de las manos del Padre (ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese). Nadie podrá arrebatarlos de mis manos ni de las manos de mi Padre, el cual es mayor que todos (Juan 10:28-29).

Pero el que conozca un poco de teoría de conjuntos se dará cuenta fácilmente de lo simple y plano del texto. Un conjunto general contaminado y condenado a muerte espiritual por el pecado. Estos son llamados todos los hombres para condenación porque la Escritura dice que éramos por naturaleza hijos de la ira, lo mismo que los demás. Dentro de ese conjunto se puede hacer otro conjunto que incluiría a todos los hombres para justificación. Por supuesto, el segundo conjunto está incluido en el primer conjunto, de manera que tendrá elementos del primero pero no incluirá todos los elementos de ese conjunto. De lo contrario sería un solo grupo de personas, y eso no es lo que sucede según la Escritura, que toda la humanidad haya sido redimida en forma universal y absoluta.

Así como Jesucristo ha venido a ser la piedra de tropiezo para los que fueron destinados a tal fin, muchos textos de la Escritura también son traspiés de los que han de perderse. La teoría de conjuntos nos sirve para ilustrar los dos grupos que tienen fines diferentes. El primer conjunto representa a toda la raza del primer Adán, pero el segundo conjunto incluye elementos del primero, pero representa a los que pertenecen al segundo Adán (Jesucristo, el que habría de venir). Como vemos, no hay enredo en la interpretación, más bien ella es simple y plana, pero para los que no tienen oídos para oír ni ojos para ver todo les parece abstruso.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 15:48
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