S?bado, 01 de agosto de 2015

Si antes de la fundación del mundo Dios escogió a los que iba a salvar, también escogió en el mismo tiempo a quienes iba a condenar. Esto se dice de Jacob y de Esaú, que no habían hecho ni bien ni mal y ya Dios los había escogido para dos fines diferentes. De esta forma se deja sentado el hecho de que la salvación es por obra de quien elige y no del elegido, para que nadie se gloríe en su presencia.

Este argumento exaltó hasta lo sumo al objetor de Dios, por lo cual le dice que como nadie puede resistir su voluntad ninguna persona debería ser condenada. El objetor argumenta a partir de la condenación de Esaú que como no pudo resistir el designio divino establecido desde antes de la fundación del mundo (es decir, desde antes de que Esaú fuese hecho) no debería ser rechazado por Dios. La condenación de Esaú, por consecuencia, estaría basada en la injusticia de Dios.

La respuesta que la Biblia presenta como un dictamen del Espíritu Santo es que el objetor no es nadie para discutir con el Creador. Lo presentó comparable a una olla de barro en manos del alfarero, de manera que su mismo destino fue diseñado y pincelado por el Todopoderoso. Esta es la única respuesta que da la Escritura, todo lo que se diga torciendo lo que allí se afirma viene a ser una manera de protesta contra lo revelado.

Hay quienes en nombre de ese Dios soberano argumentan que Esaú se condenó a sí mismo por sus pecados. Eso es justificar su condenación y al mismo tiempo darle la razón al objetor que acusa a Dios. Sería como responderle que Dios no es injusto porque Esaú se condenó por sus pecados. Bien, ese es un argumento parcial, no válido del todo. Es cierto que el pecado humano es lo que aparta al hombre de Dios, pero no es menos cierto que Dios reclama para Sí mismo la voluntad de condenar a Esaú.

Dios ha dicho que Él endurece a quien quiere endurecer. No dice que Él endurece a los malos y no a los buenos, porque no hay justo ni aún uno. Todos los que son justificados lo son por la voluntad y placer de la voluntad de Dios. El endurecimiento que Dios hace implica que Él es activo y el hombre un sujeto pasivo de la voluntad del Altísimo. Jesús daba gracias al Padre porque había escondido los asuntos del evangelio o del reino de Dios a muchas personas y las había revelado solamente a algunos. Estos a quienes les ha sido revelado han sido los que escogió desde antes de la fundación del mundo, cuyos nombres escribió desde entonces en el libro de la vida.

Hay una elección incondicional y una condenación incondicional, de acuerdo a lo que nos dice Romanos 9:19-20. El objetor que muestra Pablo rechaza la doctrina de la elección y condenación incondicional, de allí que argumenta que Dios no es justo ya que ninguno de los  reprobados podrá resistir la voluntad activa de Dios. Lo que nos muestra esta doctrina es que Dios no toma en cuenta la premisa de la responsabilidad moral del hombre para condenar, asunto que desespera al objetor. Los que se oponen a la enseñanza de Jesucristo asumen que existe la compatibilidad entre la libertad de elección del hombre y la elección condicionada de Dios.

Los electos son los únicos que van a creer, pero se les anuncia el evangelio a todos los que oyen por cuanto dentro de ellos están los que Dios eligió. Por otra parte existe la razón de dar mayor condenación a los que oyendo rechazan el anuncio. Esto que parece locura es precisamente lo que Pablo denominó la locura de la predicación, con la cual Dios salva a los que quiere salvar. Sí, Dios hizo los dos tipos de vasos del relato, uno para honra y otro para deshonra. No se trata de que de la masa contaminada hizo los dos vasos, sino que antes de contaminarse así lo ideó. Esto es lo que significa antes de que hiciesen bien o mal, antes de que naciesen.

Porque algunos hombres han entrado encubiertamente sin temor ni reverencia de Dios; los cuales desde antes habían estado ordenados para esta condenación, convirtiendo la gracia de nuestro Dios en disolución... (Judas 4). Jesucristo es la piedra de tropiezo de aquellos que tropiezan en la Palabra, y no creen en aquello para lo cual fueron ordenados (1 Pedro 2:8). La reacción del objetor es lógica desde su naturaleza, pero el hecho de que haya propuesto su argumento de esa manera implica que la proposición bíblica lo molesta. La proposición bíblica no es distinta a como él la escuchó, porque Dios impone los dos destinos: la vida y la muerte eterna.

Más allá de lo insondable del camino de Dios (Romanos 11:33) quiso Él demostrar su poder y su ira en los que ha reprobado, mientras exhibe las riquezas de su misericordia a sus escogidos. Se entiende que si el alfarero es quien decide qué tipo de vaso hacer mal puede alguien suponer que el vaso se elige a sí mismo. Dios es quien tiene la potestad de hacer un vaso para honra y otro para deshonra, pero el objetor se levanta contra esta facultad.

Jesús no quiso orar por el mundo la noche antes de su expiación, de donde uno debe entender que no lo representó en la cruz. El vive para interceder por su pueblo, pero su misión en la tierra fue salvar a su pueblo de sus pecados. ¿Qué intención tienen aquellos que tratan de exculpar a Dios de la acusación? Simplemente dan a entender que se alinean con el objetor, que buscan decirle que Dios no es injusto porque Esaú se condenó a sí mismo, que Dios no tiene nada que ver con eso. En realidad su respuesta es esquizofrénica, dividida en el sentido. Aunque reconocen que Dios es soberano para elegir a los que envía a la vida eterna se cuidan de afirmar la otra parte de su elección activa, el endurecimiento de los reprobados.

Toda elección presupone una exclusión, de manera que solo por eso ya Dios se hace el autor de la condenación. Lo que sucede es que ese Dios se ha revelado como el que activamente endurece a los vasos de ira que preparó desde antes de la fundación del mundo (antes de que hiciesen bien o mal), por lo cual los que lo defienden intentan desvirtuar los textos para que no se piense mal de Él. Con ello están tratando de evitar que el objetor se enoje más de lo debido. Si intentan defender a Dios es porque lo consideran culpable, por ello prefieren tener su mente dividida antes que aceptar la verdad aunque les espante.

Insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos, pero los que se dicen creyentes también intentan romper sus coyundas y quitar sus cuerdas. Estos olvidan lo que la Biblia grita a voces acerca de la posición activa de Dios con el impío: Volvió el corazón de ellos para que aborreciesen a su pueblo, para que pensasen mal contra sus siervos (Salmo 105:25). El rey de Asiria tenía que cumplir el plan de Dios para castigar a determinado pueblo, muy a pesar de que él no lo pensaba de esa manera, pues su pensamiento era desarraigar y cortar no pocas naciones (Isaías 10:7).

Los que aducen que Dios previó quiénes creerían y quiénes lo rechazarían y que en consecuencia escogió, se equivocan al pensar que el conocimiento del Creador proviene de averiguar el futuro. ¿Hay conocimiento en el Altísimo? ¿Cómo sabe Dios? Simplemente Él conoce todas las cosas porque ideó un plan eterno e inmutable, de manera que nada falta a lo que ordena. Si conoce lo hace porque planificó el futuro; por otro lado ya declaró que no hay ni siquiera un justo en la humanidad caída. Dios no pudo ver corazones dispuestos a recibirlo, de allí que los que fueron escogidos lo fueron a pesar de su propia perversión (además de que lo hizo desde antes de que hiciesen bien o mal).

Antes de que el barro se dañara, antes de que entrase el primer pecado a la tierra, Dios tenía un plan con Su Hijo como Cordero. Había escogido un pueblo que sería expiado en su total culpa para redimirlo y conservarlo por siempre. Había igualmente escogido al mundo para mostrar su ira y su poder, de acuerdo al propósito de quien obra todas las cosas según el propósito de su voluntad. ¿Qué diremos a esto? La evidencia es abrumadora, pero se necesitan oídos para oír y ojos para ver.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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