Martes, 28 de julio de 2015

¿Sabía usted que la Iglesia Católica ha alterado la Biblia? Sí, hay una desobediencia expresa al mandato divino de no añadir ni disminuir la palabra que le había dado el Señor a los que fungieran como sus seguidores. En el conjunto llamado Los Diez Mandamientos encontramos el mandato de no adorar imágenes y de no inclinarse ante ellas, pero la Iglesia Católica ha interpretado que como en el Arca de la Alianza se hicieron querubines así también en la iglesia se permite elevar el espíritu hacia Dios a través de las figuras hechas con arte.  Pero nada es capaz de representar al Ser Absoluto, el cual es Espíritu (Juan 4:24), ya que los hombres se desviaron dándole honra a la criatura antes que al Creador: Y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, y de aves, y de animales de cuatro pies, y de serpientes (Romanos 1:23).

Los querubines en el Arca tuvieron su propósito de ser un símbolo de los guardianes del Edén, entre otros conceptos. Sabemos que Dios es el Legislador del universo pero no legisla para Él. Siendo libre de sus mandatos puede ordenar a su criatura no hacer imagen ni ninguna semejanza de nada, no vaya a ser que la adore. Asimismo puede hacer la excepción a la regla ordenando hacer los querubines en el Arca. De igual forma ha ordenado no matar, pero a Josué le dijo que tenía que acabar con la gente en la tierra que le sería dada. Mal pudiéramos guiarnos por las excepciones de la norma y olvidar la ley usando la excepción como excusa.

La prueba ineludible de que la norma general no fue abrogada por las excepciones es que Pablo nos recuerda en el Nuevo Testamento el peligro de servir a las imágenes o al culto voluntario (Colosenses 2:20-23), cuando en 1 Corintios 10:19-20 nos habla del servicio prestado a los demonios a través de la idolatría. El culto voluntario es una adoración de invención humana no autorizada por Dios. Sabemos que hay imágenes mentales que los llamados creyentes se hacen de Dios, pues hay quienes piensan en Dios como un ser de amor y de misericordia, olvidando que es fuego consumidor; hay quienes lo suponen el Gran Arquitecto del Universo, un título que también es dado a Lucifer por sus seguidores.

El mandato de no hacernos imagen ni semejanza de Dios implica no solo no construir estatuillas o no hacer dibujos relacionados con el Ser Supremo, sino también no hacernos imágenes mentales de Él. Por esta vía muchos se extraviaron configurando un Cristo a imagen y semejanza de lo que suponen es mejor para el hombre en general. Adorar a Dios en espíritu y en verdad implica conocer su palabra y comprender quién es Él.  No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.  No te inclinarás a ellas, ni las honrarás (Exodo 20: 3-5).

Sabemos que Dios nunca aparece como imagen, ni acepta que se le ore a los santos. El cuento de la veneración es un sofisma que intenta solapar el hecho de la adoración idolátrica. Cuando se busca el vocablo adorar uno encuentra que parte de la definición dada es venerar; de manera que al venerar una imagen se le está dando un lugar preponderante en la vida del que venera. Esto hace que la veneración sea parte del proceso de adoración, por lo que intentar ocultar un concepto en el otro no resulta convincente.

¿Le da usted una importancia desmedida a María, la madre de Jesús? Ya eso es un principio de idolatría. Por otro lado, en la Biblia no se incita jamás a venerar a la virgen como si eso agradase al Señor. Dios no tiene madre, pero la Iglesia Católica habla de ello con propiedad. Se basa en el Concilio de Efeso cuando se declaró que María era Teotokos (madre de Dios), en el año 431 de nuestra era.  Ahora tanto los católicos romanos como los anglicanos y luteranos hablan de la veneración y honra a María, la madre de Dios. Más allá de que se haya hecho tal declaración ningún concilio tiene la potestad de alterar la Escritura. Cuando María le dijo al Señor que se ocupara del vino de una boda éste le respondió en forma muy categórica, como para dejarnos una lección: Mujer, ¿qué tengo yo contigo? En otras palabras, Jesús indicó que no estaba atado a los deseos de María, la que era su madre terrenal (jamás divina).

Jehová ha dicho que Él no comparte su gloria con esculturas (Isaías 42:8), que la quema de incienso es idolatría (Isaías 66:3). La Biblia señala como indecoroso el que se le ore a dioses de leña y piedra (Jeremías 2:27), o que se venere a la reina del cielo, una divinidad pagana que habían adoptado los israelitas (Jeremías 44:17, 19,25). ¿No ha declarado la Iglesia Católica a María reina del cielo? En realidad hay un fuego inútil en los altares (Malaquías 1:10) y por culpa del engaño se hacen vanas repeticiones cuando se ora en violación del mandato expreso de Jesús (Mateo 6:7).

El libro de Job tiene escrito este clarificado texto: Ahora pues da voces, si habrá quien te responda; ¿Y á cuál de los santos te volverás? (Job 5:1). El problema es que no hay seres humanos vivientes que respondan ante las oraciones de la gente, ya que se ha establecido que los hombres mueran una sola vez y después de esto el juicio. La Escritura ha sido enfática en condenar la idolatría como una práctica peligrosa y nada inocente. Ella dice que los que sacrifican a los ídolos a los demonios sacrifican. Es decir, detrás de la imagen de adoración o veneración hay uno o muchos demonios que reciben la devoción dada al ídolo.

Fue Pablo quien desarrolló la tesis del sacrificio de alabanza o veneración a los demonios; él nos dijo que si bien un ídolo es nada (no puede caminar ni oír ni responder), lo que se les sacrifica sí que es de mucho peligro. Ese sacrificio puede ser quemarle incienso, cantarle, venerarlo, adorarlo, darle un lugar especial, tenerlo presente en las oraciones como si ellos fuesen servidores de Dios. El peligro de tal sacrificio radica en que se le rinde tributo a los demonios y no es bueno beber la copa del Señor y la copa de los demonios. ¿No es eso lo que hacen los católicos cuando oran a sus ídolos y sus sacerdotes beben la pretendida copa del Señor bebiendo la copa de los demonios? (1 Corintios 10:19-33).

¿De qué sirve la escultura que esculpió el que la hizo? ¿la estatua de fundición, que enseña mentira, para que haciendo imágenes mudas confíe el hacedor en su obra? ¡Ay del que dice al palo; Despiértate; y a la piedra muda: Levántate! ¿Podrá él enseñar? He aquí él está cubierto de oro y plata, y no hay dentro de él espíritu (Habacuc 2:18-19). En realidad la Biblia habla con mucha claridad pero hay quien silencia sus textos para que no denuncie sus prácticas. Jesucristo murió una sola vez y quitó para siempre los pecados de su pueblo, pero los sacerdotes católicos (se incluyen los pastores luteranos) toman la cena del Señor como si fuese un nuevo sacrificio por los pecados. Ellos sostienen que el cuerpo y la sangre de Cristo están presentes en el pan y el vino, no aceptan que sea un símbolo de su memoria sino que creen en un sacrificio parcial que se repite una y otra vez.

Los sacerdotes del Antiguo Testamento ofrecían un sacrificio en tanto era un tipo de Cristo, que no quitaba definitivamente el pecado, de allí que lo tenían que hacer una y otra vez, año tras año. El hecho de que Jesucristo tuvo que venir a morir por los pecados de su pueblo implica que aquel viejo sacrificio no había quitado definitivamente esos pecados. Pero el escritor del Nuevo Testamento supo que Jesucristo vino y quitó definitivamente el pecado de sus ovejas, de manera que habló diciendo que ese trabajo se hizo de una vez y para siempre. El mismo Señor lo argumentó en la cruz cuando dijo: Consumado es.

Negar ese hecho es una blasfemia, lo que equivale a ofrecer una y otra vez un sacrifico incompleto. El Señor hizo un total sacrificio por todos los pecados de su pueblo por lo cual se dice que Jesucristo murió una sola vez. Esto implica que el Señor se ofreció una sola vez y para siempre como el Cordero de Dios, que no hay necesidad de sacrificarse de nuevo como si la única vez hubiese sido insuficiente. ¿Fue Jesucristo castigado lo suficiente por los pecados de su pueblo? Si no lo fue entonces no hubo perdón definitivo, pero si lo fue no hace falta más expiación. 

El sacrificio de Jesucristo logró la salvación definitiva de sus ovejas, en tanto Jesús fue hecho fiador. Los sacerdotes antiguos fueron muy variados porque a causa de la muerte no podían permanecer en el sacerdocio perpetuamente. Pero Jesús permanece para siempre, con un sacerdocio inmutable, por lo cual salva eternamente a los que por Él se allegan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Este pontífice nos convenía, santo, inocente, limpio, apartado de los pecadores y hecho más sublime que los cielos. Que no tiene necesidad cada día, como los otros sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus pecados, y luego por los del pueblo: porque esto lo hizo una sola vez, ofreciéndose a sí mismo (Hebreos 7:27).

Los que son católico-romanos no creen que Jesucristo hizo la completa remisión de pecados de su pueblo, de manera que necesitan del confesor para que les remita sus pecados una y otra vez. Estos tienen necesidad de los santos para que los ayuden en esa remisión de pecados, sin tener idea de lo que es la persona y el trabajo de Jesucristo.

Pero no son solo los católicos los que tergiversan expresamente el enunciado bíblico, también hay protestantes que  andan errados. Ellos son los que creen que Jesucristo murió por toda la humanidad, sin excepción; dicen que pese a su muerte en la cruz por esos seres muchos de ellos yacen en el lago de fuego. Nosotros sabemos que si el sacrificio de Cristo fue eficaz no puede ninguno de los que él representó en la cruz ser castigado de nuevo bajo la condena eterna. Mas los que creen como los otros sostienen que la muerte de cruz se hizo por toda la humanidad sin excepción, pero que depende de cada quien el aplicarse dicha redención. Si esto es cierto, nadie es salvo, ya que toda la humanidad incurrió en muerte espiritual por causa de sus delitos y pecados. Un muerto no tiene voluntad para decidir nada, necesita la vida que solamente da el Espíritu de Dios a quien el Padre quiere darla.

Ciertamente hay una desobediencia expresa al mandato de la palabra de Dios, al asumir que el sacrificio de Jesucristo fue insuficiente para redimir, o que fue un acto en potencia que no logró nada en actualidad. Si Cristo murió por todos, sin excepción, murió por Judas y por Faraón como por Caín y todos los que no están escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8 y 17:8). Su muerte habrá pasado a ser un fracaso para los millones de seres que se pierden en la eternidad de tinieblas por cuanto su sangre no sirvió como pago por el castigo de los pecados de todo el mundo. Porque si al sacrificio de Cristo hay que añadirle algo sería insuficiente en sí mismo.

Sabemos que la Escritura declara que Jesucristo hizo todo en forma perfecta, por lo cual dijo que todo había sido consumado. No hay nada que agregar porque lo pagó todo, de manera que ninguno de los suyos perecerá jamás. Jesucristo lo que hizo lo hizo una sola vez, ofreciéndose á sí mismo (Hebreos 7:27). Pero hay cánones católico-romanos que reflejan la decisión tomada en sus concilios como contraria a la Escritura. En cuanto a la Justificación, el Concilio de Trento anuncia: Si alguien niega el libre albedrío, sea anatema, (maldito) (Canon IV); referente a la Eucaristía, si alguien niega que Jesucristo está en cuerpo y sangre en la Eucaristía, diciendo que es apenas una figura o símbolo, sea anatema (Canon I). Este Cristo presente en la Eucaristía debe ser adorado con procesiones, de acuerdo al rito y costumbre de la iglesia, ha de ser adorado por el público, y quien diga que estos adoradores son idólatras, sea anatema (Canon VI). Si alguien dice que Cristo en la Eucaristía es dado simbólica o espiritualmente y no sacramentalmente, sea anatema (Canon VIII). En relación a la Penitencia, el Canon VI dice que quien negare el sacramento de la confesión como algo instituido necesario para la salvación, como un divino derecho observado por la iglesia, o quien dijere que la confesión (ante un sacerdote) es una invención humana, sea anatema. En cuanto a la Misa, si alguien niega que ella es un sacrificio ofrecido a Dios, como Cristo que nos es dado a comer, sea anatema (Canon I). Si alguien afirma que el sacrificio de la Misa es solamente de alabanza y acción de gracias, o una conmemoración del sacrificio consumado en la cruz, pero que no es un sacrificio propiciatorio, que no es tampoco ofrecido por los vivos y los muertos, sea anatema (Canon III).

A partir de este brevísimo resumen de los Cánones del Concilio de Trento (1563) sabemos que los católicos llaman a los creyentes malditos, pero después los quieren de vuelta como a sus hermanos separados. El Señor de la Biblia ha dicho que huyamos de Babilonia, nos llamó a salir de ella, no a reformarla. Por supuesto, solamente los que tienen oídos para oír se irán lejos de la abominación desoladora, de la cueva de las abominaciones de la tierra, porque la desobediencia expresa gobierna a los habitantes del mundo.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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