Jueves, 23 de julio de 2015

Nuestro estándar de justicia no sirve del todo para valorar en forma absoluta si Dios es o no es justo. Sin embargo, con Abraham podemos afirmar que el Juez de toda la tierra hará lo que habrá de ser justo. Las razones de la justicia de Dios pudieran no ser bien comprendidas por la mente humana, pero el hecho de que uno de sus principales atributos es la soberanía nos coloca por fuerza en el lugar de la humildad. ¿Quién puede resistir la voluntad de Dios? Con todo, hay quienes pretenden decir cosas en contra exhibiéndose a sí mismos como el ejemplo de quienes objetan la soberanía divina.

Lo que olvidan quienes así actúan es que aún al malo hizo Dios para el día malo. De manera que sus parlamentos forman parte del guión preparado para ellos, para que acumulen faltas sobre faltas. El ser humano pretende colocarse como medida de todas las cosas porque creyéndose el centro del universo los hombres han crecido en soberbia frente al Dios invisible. Lo que Dios ha revelado de Sí mismo ha sido ignorado por la gran mayoría de las personas de todos los tiempos; su creación exige un diseñador divino, pero la humanidad le ha dado tributo a los animales y a las cosas de la naturaleza pretendiendo que estos son imagen de quien nos ha creado.  La revelación escrita ha sido torcida para forzar una interpretación privada, aquello que es público vino a ser un secreto para manipular a la raza humana en su ignorancia espiritual.

De allí que una doctrina esencial expuesta a lo largo de la Escritura haya servido como instrumento para acusar a Dios de injusticia. Se dice que el que no hace acepción de personas no puede discriminar al ser humano escogiendo a unos para vida eterna y a otros para condenación eterna. Los que acusan a Dios de injusto esgrimen la Escritura contra Escritura, para reinterpretar los textos y darles un nuevo sentido.

Si Jacob y Esaú fueron iguales en el vientre de su madre no lo son en relación a su destino. El Dios que hizo una misma masa para todos nosotros conformó con ella vasos de honra y vasos de deshonra, basado en su prerrogativa de Creador soberano. En realidad dijo Dios que tendría misericordia de quien quisiera tener misericordia, pero endurecería al que quisiera endurecer (Exodo 33:19). Muchos han protestado esta prerrogativa divina, por lo cual acusan a Dios de injusto diciendo que como nadie puede resistir a su voluntad nadie debería ser condenado. Los que no soportan el enunciado bíblico quisieran arrancar sus letras de la Biblia para colocar otras más acomodadas a su cultura teológica.

Pero los decretos de Dios no pueden ser considerados como un acto de injusticia sino como el resultado de su cualidad soberana. Dios no le debe a nadie para tener que pagarle, más bien su criatura pensante le debe la vida, la moral resquebrajada por su pecado, el daño que ha hecho a la tierra, la adoración que merece el Creador de todo cuanto existe. El que Dios haya elegido a algunos para salvación no es una respuesta de justicia o injusticia sino un favor no merecido para con las criaturas rescatadas. Por eso se habla de la gracia que salva, si bien por medio de la justicia satisfecha Dios se reconcilió con quienes quiso reconciliarse. Esta es la razón por la cual Jesús dijo que le era lícito hacer con lo que era suyo lo que quisiese (Mateo 20:15); de manera que si El da gracia a algunos y no a todos no hay error en El por no estar obligado con ninguno.

Pero el hombre se desespera de solo pensar que su destino no está en su propia voluntad sino en la de Dios. Eso no le gusta, más bien acepta ir a condenación eterna siempre y cuando sea él mismo el que lo decida. Este razonar viaja en contra de lo estipulado en los escritos bíblicos, ya que Jacob y Esaú no habían hecho ni bien ni mal para merecer salvación o condenación, pero Dios los escogió con esos parámetros aún antes de haber nacido.

Sabemos que nada detiene la voluntad libre del Creador, que hace como quiere. Si escogió a alguien para salvarlo lo hizo desde antes de la fundación del mundo, época en la cual lo anotó en el libro de la vida (Apocalipsis 13:8 y 17:8;). Por cierto, fue Jesús quien le dijo a un grupo de sus discípulos que no se alegraran porque los demonios se le sujetaban en su nombre sino porque sus nombres estuvieran escritos en los cielos. Ese mismo Señor dijo que nadie podía ir hacia él a no ser que le fuere dado del Padre (Juan 6:44) y el mismo Padre lo llevare hacia a Cristo. No se trata de que Dios ruega para que acepten al Hijo, sino del Dios soberano que da vida a una criatura muerta en sus delitos y pecados y la redime en forma total. 

Como nadie puede ser justo por sí mismo para estar en pie ante el Dios de la creación, el Hijo se encarnó y habitó entre nosotros para dar su vida en rescate por muchos. El ha venido a ser la justicia de Dios, la propiciación por nuestros pecados, de manera que Dios apaciguó su ira y podemos acercarnos confiadamente hasta el trono de la gracia. No hay otra justicia posible que nos haga aceptos ante el Padre de las luces, por lo cual quien no tenga esta justicia no tendrá parte en el reino.

Jesús tuvo una misión muy específica que cumplió a cabalidad en la cruz; él dijo que todo estaba ya consumado, de manera que no es posible añadir o quitar nada a su obra expiatoria. Su vida la puso por su pueblo (Mateo 1:21), por sus ovejas de quienes es el buen pastor (Juan 10), pero no por el mundo por el cual no rogó la noche antes de ser sacrificado (Juan 17). Los que osan afirmar que Jesús murió en expiación por toda la humanidad, sin excepción, niegan el evangelio y proponen un evangelio diferente. Estos son los que tuercen la Escritura para decir que si hay predestinación eso sería injusticia divina, pero como no pueden negarla del todo alegan que se hizo bajo el fundamento de mirar la buena disposición del corazón humano.

Estos que declaran a Dios injusto, cuando aceptan la doctrina de la predestinación alegan que Dios miró en el tiempo para ver quiénes lo aceptarían y quiénes lo rechazarían, de manera que por eso escogió a Jacob y rechazó a Esaú. Pero nada más lejos de la realidad bíblica que esa asunción, ya que la salvación es por gracia y no por obras, para que nadie se gloríe. Dios no pudo ver nada bueno en una criatura muerta en sus delitos y pecados, más bien dijo que no había justo ni uno solo ni quien hiciera lo bueno. La justicia humana ha sido considerada por Él como trapo de inmundicia, de manera que no existe atractivo en el hombre para que Dios lo redima como si fuese una deuda que tuviera que pagar.

La naturaleza humana está enemistada con Dios y la humanidad odia al Hijo tal como se presenta en la Biblia. De allí que haya confeccionado un dios a su medida, un hijo de acuerdo a sus expectativas, un sistema expiatorio que satisfaga la participación del hombre en su redención. Al que le parezca que la salvación está descrita en la Biblia que la escudriñe, ya que ella habla claramente de Jesús. Pero ese Jesús dijo un día que la gente no quería ir a él para tener vida. Tal vez muchos quieren ir a otro Jesús, pues hay muchos falsos Cristos que se presentan en su nombre, así como existe otro evangelio anunciado por falsos maestros y una religión espuria declarada bajo maldición.

Dios es justo, pero no quiso salvar a toda la humanidad porque nunca estuvo obligado a ello. Amístate ahora con Él y por eso te vendrá paz.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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