Martes, 09 de junio de 2015

Es posible sugerir que no siempre que el verbo miseo (odiar) aparece en la Biblia tenga el sentido que denota el término. Tal vez alguien piense que si el sentido del vocablo enunciado es otro se abriría la posibilidad para decir que significa aquello que muchos desean signifique. En el caso referido en Romanos 9, miseo podría aparecer como amar menos. De esta forma Dios quedaría con excusa ante sus enemigos y aún ante sus amigos, los religiosos de nuestro tiempo (que bien podrían llamarse neo-fariseos).

Cuando hacemos pública una idea se suele dejar de lado una amplia gama de asuntos que se hubiese podido tratar en el desarrollo de lo expuesto. De allí la recurrencia al tema y la perseverancia en la interpretación textual, asunto nada sencillo. Interpretar es cribar, igualar con el rasero el sentido de las palabras, lo que implica hacer metáfora de la metáfora.

La versión en español de Lucas 14: 26 usa el término aborrecer, pero el vocablo griego sigue siendo el mismo: miseo, odiar. La mayoría de los textos en inglés usan hate, odiar, sin ningún tipo de prejuicio. Tal vez en la versión española hubo un cuidado extremo, que respeta el tono hiperbólico de ese texto. Bien pudiera miseo ser una hipérbole según el contexto de Lucas 14:26, pero, si somos consistentes con la gramática, el vocablo usado por el Espíritu Santo refiere al odio. El verso bíblico dice así: Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, madre, mujer, hijos, hermanos, hermanas y aun su propia vida, no puede ser mi discípulo.

Pudiéramos traer a colación otro texto que sirve para ayudar a reforzar la idea de la hipérbole desde otra perspectiva. Jesús nos manda a amar a nuestros enemigos, a bendecir a los que nos maldicen. Pero también dice que si hacemos los favores que ellos nos piden amontonaremos ascuas de fuego sobre sus cabezas. Significa que les pondremos la cabeza caliente a los enemigos. Entonces uno puede preguntarse si la razón de amarlos es más bien hacerlos enfadar y molestarlos al máximo, y si por exponerles nuestro amor a pesar de su odio los estamos fastidiando.

La gramática, el contexto y la Escritura son las claves de la interpretación bíblica. Precisamente, la gramática (y dentro de ella el léxico que la representa) me indica cuando una palabra evoca una metáfora, una hipérbole, una sinonimia, una analogía, una alegoría y muchas otras figuras del lenguaje. De no ser así, estaríamos perdidos al leer, al hablar y al escuchar, ya que la lengua no solamente denota sino también connota.

Dios establece normas pero no se somete a sus órdenes, a diferencia de cualquier legislador terreno. Por ejemplo, en el plano de las leyes físicas, la ley de la gravedad no  fue un impedimento para que Jesucristo caminara sobre el mar o ascendiera a los cielos.  En relación a la ley de la muerte del cuerpo, ella no fue suficiente para impedir que el Señor resucitara. En el plano moral, Dios no sufre por causa del diablo, a quien ha creado para el día malo, ni se ve afectado por sus blasfemias. Se dice que soporta con paciencia (¿un giro antropomórfico de lenguaje?) a los vasos de ira preparados para el día de su ira (Romanos 9). En cambio, nosotros sí sufrimos por causa de Satanás, padecemos enfermedades en el cuerpo que nos pueden llevar al sepulcro, nos hundimos en las aguas si intentamos caminar en ellas. En el plano moral somos vulnerables al pecado, nuestras miserias nos dan congoja y en ocasiones brota en nosotros el deseo de la venganza.

Pero nosotros tenemos la orden de amar a nuestros enemigos, de cuidar nuestra casa sin tomar venganza.  Pero Dios puede odiar libremente porque no tiene ante quién rendir cuentas. El que Dios odie no lo hace pecador, ya que pecar es errar el blanco y Dios, por ser perfecto, no puede equivocarse; además, pecar significa también ir contra los decretos de Dios -y sabemos que Dios no actúa contra Él mismo.

Por otro lado, el que cuidemos de nuestros familiares cercanos no hace que amemos sus blasfemias; y si odiamos lo que hacen, ese odio no nos conduce a la venganza de sus ironías que nos lanzan cada vez que intentamos vivir conforme al evangelio. Cuando Jesús dijo la frase que refiere Lucas, hablaba con una multitud. No sabemos si es la misma que le seguía desde que aconteció el milagro de los panes y los peces. Juan narró de una multitud y catalogó a muchos de ellos como discípulos, que se retiraron murmurando por cuanto Jesús hablaba una palabra dura de oír (Juan 6). A este grupo que lo seguía, de acuerdo al relato de Lucas, Jesús les dejó el duro mandato de odiar a sus familiares y su propia vida, una oposición a dos valores muy apreciados por la humanidad. De seguro hay una hipérbole, una exageración comparable a lo que le dijo al joven rico: vende todo lo que tiene y dalo a los pobres (sabemos por otros contextos que las buenas obras no llevan al reino de los cielos, pero tal parece que Jesús le daba a entender a ese joven que haciendo tal cosa sería recompensado. No por eso diremos que Jesús mintió, ni tenemos que escribir tratados que expliquen cada término expuesto. Por esa vía podríamos incurrir en una patología mental por culpa del metalenguaje).

En una ocasión, cuando Jesús llamaba a un hombre para hacerlo su discípulo, le fue dicho que esperara hasta enterrar a su padre. El Señor le respondió que dejara que los muertos (espirituales) enterraran a sus muertos (físicos y espirituales). Le estaba diciendo que su padre iría al infierno, sin suavidad alguna. El joven prospecto tenía que renunciar al sentimiento familiar casi patológico en el que la cultura de todos los tiempos nos ha educado. Ese fue un buen comienzo para el futuro alumno de Jesús, y es un ejemplo de lo que se podría interpretar de Lucas 14:26. Nadie puede reclamar derechos de amor por sus seres o cosas queridas si pretende seguir al Señor; el solo hecho de comprender el odio de Dios para Esaú hace resaltar el enorme amor de Dios por Jacob. Desde esta perspectiva la hipérbole de Lucas 14:26 deja de serlo, y comprendemos lo que dijo David: ¿no odio, oh Dios, a los que te odian? (Salmo 139: 21-22).

Dios en su soberanía condenó a Esaú aún antes de hacer lo malo o lo bueno. Contra esta declaración muchos se levantan, lo hizo Roma, lo secundó Molina, se opusieron los jesuitas y hasta el servicial Arminio se colocó por esa declaración a los pies de una novedosa doctrina de demonios. Arminio siguió la tesis de Luis de Molina, la que hablaba del justo medio, de un espacio donde Dios se despoja de su soberanía, a fin de que el hombre decida su destino en forma libre. Esto parece lógico, pero es una fábula teológica sin base en la Escritura.

Decir que por lo hiperbólico del texto de Lucas habrá que traducir miseo como amar menos, despojará al pasaje de su sentido y lo colocará con un valor diferente. Si alguno no ama menos a su padre, madre, ... no puede ser mi discípulo. Sabemos que esa posibilidad no respetaría la semántica del texto, de acuerdo al contexto en que Jesús hablaba a las multitudes. Por otro lado, aquella gente acostumbrada a los milagros de Jesús era incrédula, cuyos familiares también eran incrédulos. Como al joven rico, las palabras del Señor terminaron asustándolos y de seguro se fueron. A lo mejor también les pareció dura de oír como a todos les parece duro de oír el que Dios haya odiado a Esaú aún antes de hacer bien o mal. Esta es la verdadera razón de cambiar el sentido del texto, y amparados en textos similares que escandalizan y ponen mal a Dios ante la muchedumbre del mundo (incluidos teólogos calvinistas, arminianos y católicos), se dice que Dios amó menos a Esaú que a Jacob. ¿Quién puede sugerir que es mejor que Dios lo ame menos a que lo odie? Eso no lo pensó ni Esaú, ni Judas ni Faraón, más allá de que nunca se hubiesen dado cuenta de la importancia del amor divino.

Jesús dijo que no vino a traer la paz sino la espada en la tierra, pero también expuso que nos daba su paz en forma diferente a como el mundo la da. Mi paz os dejo, mi paz os doy. Vino a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, a la nuera contra su suegra, y enfatizó que los enemigos del hombre estarían en su propia casa. ¿Acaso no es una gran verdad para muchos creyentes? Eso, por cierto, no tiene nada de hiperbólico. Lo peor de todo es que el autor de esa declaración de enemistad no es el diablo, como muchos quisieran, sino el propio Jesús. Poco importa que use a Satanás como su ministro para ejecutar sus planes, él reclama la autoría de todo cuanto acontece en su creación. El dijo: Yo no vine para traer la paz sino la espada.

La hipérbole dice más de lo que las palabras denotan, es una exageración pero puede también ser una disminución del sentido del texto. Trabaja en ambos lados, por sentido de contraste. ὑπέρ - βάλλειν, (hyper balein) es lanzar por encima de, en nuestro caso por encima de lo que denotan las palabras. Significa que debemos buscar su connotación (a partir del contexto y aún de la ironía con la cual se habla, que por cierto Jesús usó en muchas ocasiones). Unos israelitas fueron a la tierra prometida y regresaron diciendo que ellos eran como langostas frente a los gigantes de aquellos lugares. Esa es una hipérbole, por disminución. La de Lucas 14 es por exageración, pero jamás podríamos alterar el sentido literal y denotativo de sus vocablos, de manera que miseo continúa siendo odio, muy a pesar de que Strong haya tratado de darle un sentido arminiano al término. La ideología es perniciosa porque añade interpretación privada a la Escritura, en cambio, si tratamos de ser objetivos con los datos históricos de los que disponemos, el contexto resulta de gran ayuda.

No se puede describir cada detalle de los términos y sus contextos porque haríamos imposible la comunicación, y ya eso sería otro tipo de hipérbole, no solo referida a la palabra o a los vocablos sino al discurso.  La existencia del sentido hiperbólico en Lucas 14:26 no da derecho a Luis de Molina, ni a ninguno de sus seguidores para añadir que Dios haya amado menos a Esaú. Simplemente lo odió, como odia a todos los hacedores de iniquidad que Él mismo hizo para el día de su ira. Preguntarse la razón por la cual Dios inculpa a quien no puede resistir su voluntad, puede resultar más sensato que cambiar el sentido del término. De todas formas, la respuesta sigue en la Escritura.

Ciertamente, el vocablo miseo lleva su complejidad por la alharaca ideológica que suscita.  Agregamos que no siempre las cosas son lo que parecen, ni todo el tiempo hay blanco o negro en la descripción de los objetos, pues con regularidad encontramos matices. De todas formas, la tarea interpretativa es de todos, de todos los que leen las Escrituras y tratan de encontrar en ella la vida eterna y el testimonio de Jesucristo. Por contrapartida concluimos que amar es nuestra tarea, mucho mejor que odiar. Lo que se nos encomendó odiar vino dado en un contexto muy particular, que tiene sus matices en la tarea de la interpretación. La hipérbole no me pide que cambie el sentido del étimo, sino que revalorice el significado del mensaje; si cambiare el étimo, ¿cómo descubriría la hipérbole?

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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