Viernes, 05 de junio de 2015

Pasemos a razonar un poco acerca del significado del vocablo Miseo, que en griego se usa para referir el odio. El verbo griego μισέω (Miseo) tiene el significado de odiar, detestar y perseguir con odio. Una persona misógena es la que odia a las mujeres, un misántropo odia al hombre o a la humanidad. En la traducción al español se usó un eufemismo, un término más suave que el del sentido original, ya que aborrecer supone que se tiene aversión a alguien o algo, como cuando un animal abandona el nido y se dice que aborrece los huevos o las crías. Sabemos que eso no es lo mismo que odiar.

En inglés, la mayoría de las  versiones de la Biblia son fieles al original griego, al colocar el verbo to hate (odiar). Pero algunos teólogos pretenden mejorar la fama de Dios diciéndonos en sus escritos que Dios no odia a nadie sino que ama menos. Esto es en realidad errático, roza la blasfemia por cuanto busca cambiar el sentido de la Escritura añadiendo una interpretación privada. Uno puede preguntarle a los que así hablan si ellos quisieran que Dios los amara con el menor amor sentido por Judas Iscariote. Pues si Dios amó menos al hijo de perdición, en realidad también lo salvó un poco menos.

Cuando leemos que Dios conoce a los que son suyos, que a los que antes conoció a esos también predestinó, que José no conoció a María, su mujer, hasta que dio a luz al niño, que Adán conoció de nuevo a Eva y por ello tuvieron otro hijo, que Jesucristo -quien por ser Dios todo lo conoce- dijo que a muchos les dirá en el día final nunca os conocí, o cuando el Padre dijo que a los israelitas solamente había conocido de entre los pueblos de la tierra, estamos ante la presencia de otro sentido del verbo conocer. En todos estos casos se hace referencia al hecho de tener comunión íntima, lo cual ha de interpretarse como amar.

Resulta muy claro el hecho de que si Jesucristo dirá un día que nunca conoció a un grupo de personas, no se estará refiriendo a conocer como averiguar por el ejercicio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas (DRAE). No se trata de que Jesús no entienda o no sepa algo, o no sabía nunca quiénes eran estos que se irían al infierno, más bien se trata de que nunca tuvo comunión con ellos, de que nunca los amó.

El problema de traducir miseo como amar menos, es bastante grave. Hay un autor cristiano que propuso un ejercicio por demás interesante, el de colocar la expresión amar menos cada vez que aparezca el verbo miseo en el griego de la Biblia. Este autor se llama Marc D. Carpenter[1] y ha explicado el absurdo que implicaría suponer siquiera que eso fuese posible. Veamos algunos ejemplos de los textos bíblicos mal traducidos:

A Jacob amé, pero a Esaú amé menos; (porque de Dios no se podría decir que odia). Entonces Dios no odiaría a los que obran iniquidad, a los malvados que hacen violencia, a los mentirosos, a los de corazón perverso, a los orgullosos de corazón. En Mateo 10: 21-22 se nos dice que seremos odiados por causa del nombre de Cristo (en español tradujeron aborrecidos, que suaviza el término griego miseo). Si aplicamos la tesis de que el odio del que Dios habla es amar menos, el texto quedaría así: Y seréis amados menos por causa de mi nombre. En Mateo 24: 9-10 leeríamos que seremos amados menos por todas las naciones por causa de Su nombre.

¿Cómo quedaría el texto de Juan 15:18-19, que habla del odio del mundo hacia nosotros? Si el mundo nos ama menos, sabed que a Mí me ha amado menos antes. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo. Pero como no sois del mundo, por cuando los escogí del mundo, por esto el mundo los ama menos a ustedes. Tal parece que el creyente no tiene mayores problemas en el mundo, ya que el mundo lo sigue amando, aunque un poco menos. Veamos a continuación el texto de Tito 3:3: Porque en otro tiempo nosotros también éramos insensatos, desobedientes, extraviados. Estábamos esclavizados por diversas pasiones y placeres, viviendo en malicia y en envidia. Éramos aborrecibles, odiándonos unos a otros (amándonos menos unos a otros). Curiosamente, en este verso se ha traducido correctamente el verbo presente, voz activa del participio nominativo plural del verbo miseo: μισουντες (misontes)

(odiándonos), no aborreciéndonos. Pero si seguimos el criterio errado de suponer que odiar es amar menos, ya vemos lo que sucede.

La Escritura habla de Jesucristo como el Hijo de Dios: Amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con aceite de alegría, más que a tus compañeros (Hebreos 1:9). ¿Será que el Hijo amó la justicia y también amó menos la iniquidad? Al seguir ese criterio mentiroso de amar menos por odiar, el atributo de pecado a Dios salta a la vista: el Hijo de Dios ama menos la iniquidad (es decir, no la odia del todo, la ama un poco, le gusta un poco, por lo tanto se goza en ella un poco).

Se podría continuar con este ejercicio por mucho rato y cada vez que aparezca el término miseo se le puede colocar la traducción de amar menos. El resultado que ya hemos visto seguirá siendo alarmante. El que dice que está en la luz, pero ama menos a su hermano, está en tinieblas (1 Juan 2:9). Carpenter presenta un texto de la Biblia que es muy específico para el caso que acá se analiza. En 1 de Juan 3:13-15 se habla del contraste entre amor y odio. El que no ama a su hermano permanece en muerte. ¿Qué es no amar a su hermano? Es odiarlo (miseo), odit (como dice el latín de la Vulgata). A partir de este contexto podremos ver mejor que en Romanos 9 Pablo dijo que Dios amó a Jacob pero a Esaú odió, lo cual es lo mismo que amó a Jacob pero no amó a Esaú. El odiar a Esaú es igual a no amarlo, de manera que jamás se puede pretender que es una disminución del amor de Dios el enviar a alguien al infierno de fuego eterno. Simplemente es odio, por las razones sobradas que Él ha expuesto en las Escrituras.

¿Será que la Bestia apocalíptica amará un poco menos a la gran ramera, como para llevarla a la desolación e incendiarla? (Apocalipsis 17:16). De acuerdo a la noción blasfema que dice que el odio de Dios es en realidad que Dios ama menos, parece ser que Dios ama la idolatría. Una lectura de Amós 5:21-23 dará como resultado esta insolencia: que Dios ama la idolatría, los días festivos y las asambleas y sacrificios de los malvados. Los ama un poco menos que a los verdaderos creyentes, a pesar de que en el texto se diga que desprecia (odia) sus canciones y las melodías de sus instrumentos.

En conclusión, el odio es lo contrario del amor, no es un amar menos. Recordemos que tanto la elección como la reprobación es incondicional; no hay nada bueno en nosotros como para haber sido elegidos para salvación por el Padre desde antes de la fundación del mundo; no hubo nada malo en los que fueron endurecidos y condenados por Dios desde antes de la fundación del mundo. Él lo hizo todo en la eternidad pasada, antes de que hubiese pecado en su creación, no en la historia humana; es decir, no vio ni el bien ni el mal como pretexto, sino que lo hizo de acuerdo a su soberana voluntad (Romanos 9: 11).

Este es el Dios de las Escrituras, amado solamente por sus elegidos, odiado solamente por sus reprobados. El que objeta lo que la Escritura dice está demostrando que odia a Dios (no que lo ama menos o que lo ama poco), por lo tanto es un potencial réprobo en cuanto a fe. ¿Y tú quién eres, para que alterques con Dios? ¿Podrá la olla de barro decirle a su alfarero por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para ira y destrucción? La Palabra de Dios es tropiezo para los que están destinados a la condenación eterna, Jesucristo es la Roca en la cual se estorban los que andan caminando mal.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 10:29
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