Domingo, 17 de mayo de 2015

El lobo mejor disfrazado es aquel que logra dispersar el rebaño, destruir algunas ovejas y amargarle la vida a las más pequeñas. Destruir las ovejas  es quitarles la paz, enturbiar su doctrina y hacerles repetir blasfemias. Si esto sucede en el aprisco uno tiene que preguntarse si aquellas ovejas eran de verdad ovinos o simples cabritos disfrazados. Pero muchos falsos profetas se acercan vestidos con traje de lana, aunque por dentro son lobos rapaces (Mateo 7:15).

En el redil cohabitan cabras y ovejas, como la cizaña que crece junto al trigo. En el aprisco el lobo busca raptar, seducir y reeducar. Estos son depredadores del espíritu que causan mucho daño, que perturban la armonía de la doctrina bíblica. Se dice que hay un solo Dios, pero muchos caminos para llegar a él; que hay un solo Dios, pero que tiene diferentes nombres. Los musulmanes, judíos y cristianos rinden tributo al Dios de Abraham, de manera que en esencia buscarían lo mismo. Cuando alguien se acerca a un dios hindú, en realidad busca al Dios supremo; Buda es apenas otro nombre para venerar entre tantos encontrados por la humanidad sedienta de Dios.

Esto es llamado en teología sincretismo religioso, una convergencia teológica de los diversos caminos humanos que intenta dar respuesta al enigma llamado divinidad. El chamán es llamado sacerdote porque trabaja con elementos que podrían relacionarlo con el ser supremo. Pero la Biblia resulta antipática y separatista porque habla de un solo Dios a quien hay que adorar en espíritu y en verdad (Juan 4:24). Afirma la Escritura que quienes no adoran al verdadero Dios reverencian a su dios y padre el diablo (Juan 8:44).

Sin embargo, la mentira atrae a veces más que la verdad; el ser humano parece apreciar más las falacias que los argumentos verdaderos. Muchos ni siquiera se preocupan por ser salvos, al sostener que no tienen a quien rendir cuenta, que el concepto pecado les parece un disparate. Otros, un poco más avezados, se preocupan por su salvación. A este grupo se dirige el lobo en piel de oveja, explicando que uno se hace salvo cuando le pide a Jesús que sea su salvador personal. Es un asunto de pedir y de disposición del corazón; se trata de una salvación que depende de la obra humana, sin la cual Dios no podría obrar. El Buen Caballero no irrumpiría jamás en un corazón cerrado e indispuesto. El lobo ha hablado y su enseñanza ha sido aprendida: la salvación no es posible si el hombre no la requiere.

Nada más democrático y demagógico que este principio de enseñanza arminiano, tan popular en las iglesias que se llaman a sí mismas cristianas. La soberanía de Dios queda depuesta al servicio del libre albedrío humano: el hombre escoge o rechaza el regalo de Dios. Esto es un cuento romántico del espíritu, una fábula con la que se presenta el lobo. Pero el lobo que asusta a las ovejas y las trastorna está obligado a comer solo cabras disfrazadas. Ese es el destino del lobo, si recordamos la frase conclusiva de Jesús respecto a sus ovejas que le son propias: que ellas están guardadas en sus manos y en las manos de su Padre, y nadie las puede arrebatar de ese lugar (Juan 10:29).

La Biblia refuta el engaño del lobo diciendo que uno se hace salvo por la gracia soberana de Dios. El Padre eligió a su pueblo -de acuerdo al beneplácito de su voluntad-, por lo cual envió a su Hijo para salvarlo. Este Cordero ya estaba preparado desde antes de la fundación del mundo para tal fin (1 Pedro 1:20). El Hijo nos dio vida por su muerte en la cruz, nos resucitó quitando de nosotros el aguijón del pecado que es la muerte; el Espíritu nos vivificó en la regeneración, por lo cual somos nuevas criaturas.  Este sencillo esquema bíblico nos enseña que la salvación de Dios no depende de ningún trabajo humano.

Así como el Cordero de Dios estuvo preparado desde antes de la fundación del mundo, los elegidos del Padre también lo fuimos desde esa misma época. Como el Padre no pierde ninguno de sus hijos, ni siquiera un elegido verá la muerte eterna. La única condición para ser salvos es que hayamos sido escogidos por Dios, lo cual se manifestará en el tiempo bajo el llamado que nos haga (pues a los que antes amó -conoció- también predestinó, llamó, justificó y glorificó -Romanos 8: 29-30).

Dado que las ovejas oímos la voz del Buen Pastor, entendemos el engaño del lobo predicador, del encantador falaz cuyo discurso proviene del pozo del abismo. Lo entendemos pero no lo compartimos, antes bien lo denunciamos colocando su contraparte bíblica: según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad (Efesios 1:4-5). No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé (Juan 15:16).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 3:49
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