Viernes, 08 de mayo de 2015

La relación que impone  el verbo copulativo entre el sujeto y su predicado nominal es precisamente un nexo de identidad entre ambos. Si decimos: Juan es bueno, ha de comprenderse que bueno es una cualidad esencial del sujeto gramatical Juan. Lo mismo sería decir: Bueno es Juan, si bien la semántica del texto nos conduciría por el foco del enunciado, donde el énfasis del sintagma gramatical se manifiesta por anticipar al sujeto referencial. El griego del Nuevo Testamento nos habla con un enunciado nominal por la presencia del verbo copulativo (ser y estar), cuando leemos: En el principio era el verbo, y el verbo era con Dios, y  el verbo era Dios ... καὶ Θεὸς ἦν ὁ λόγος.

Lo subrayado traduce literalmente: Dios era el verbo. Pero los llamados Testigos de Jehová sostienen que allí dice literalmente: el verbo era un Dios. Esto lo usan como argumento en contra de la identidad eterna de Jesucristo con el Padre, aunque se equivocan al pretender una literalidad que no es referencial pese a que se pretenda como gramatical. De hecho, en Juan 1:6 se menciona el nombre de Juan (el Bautista) y de igual forma aparece sin el artículo definido el. Pero sería incongruente con la semántica del enunciado contextual suponer que había muchos Juanes el Bautista referidos por el evangelista. Si seguimos la interpretación de los llamados Testigos de Jehová, deberíamos decir que en Juan 1:6 se traduciría: Hubo un hombre enviado de Dios el cual se llama un Juan. Dado que el vocablo Juan está en el caso nominativo singular sin el artículo definido se debería traducir como un Juan.

Este absurdo continuaría a lo largo del evangelio porque el vocablo Dios aparece las más de las veces sin artículo definido, de manera que si seguimos la lógica interpretativa que para Juan 1:1 se empeñan en defender los llamados Testigos habrá muchos Dioses. Primero está el Dios de Juan 1:1 pero continuaríamos con muchos un Dios, así como se dice de un Juan. Si un Juan sugiere que existen otros Juanes (el Bautista), el politeísmo sería bárbaro siguiendo la gramaticalidad de los Testigos para Juan 1:1. El texto del Dios monoteísta pasaría a ser una declaración de politeísmo absoluto en las Escrituras.

Cristo no fue hecho un Dios sino que era y es Dios en esencia. El mismo es llamado Jehová, Dios con nosotros, el Todopoderoso, Dios sobre todos, el Altísimo, el Dios viviente, entre tantos nombres. De manera que el vocablo Dios  al final del verso en Juan 1:1 aparece como parte del predicado nominal del sujeto el verbo: Θεὸς ἦν ὁ λόγος, Dios era el verbo. Por esa razón los creyentes cristianos debemos confesar a Jesucristo como Señor (Romanos 10:9 y 1 Corintios 12:3). Cuando se traduce al griego el Antiguo Testamento, el vocablo para Jehová es el mismo KURIOS usado para el Señor.

El autor del Apocalipsis llama a Jesús el primero y el último (El Alfa y la Omega) que recuerda a Isaías 44:6: Así ha dicho Jehová, Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los Ejércitos: Yo soy el primero y yo soy el último, y fuera de mí no hay Dios. Si Jesucristo no fuese el mismo Dios no se entendería cómo el profeta Isaías habló de él en esta manera: ... vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime; y el borde de sus vestiduras llenaba el templo. Por encima de él había serafines ... El uno proclamaba al otro diciendo: ¡Santo, santo, santo es Jehová de los Ejércitos! ¡Toda la tierra está llena de su gloria! (Isaías 6:1-3). Y Juan hizo referencia a este pasaje cuando escribió: Estas cosas dijo Isaías porque vio su gloria y habló acerca de él (Juan 12:41).

Pero Jesucristo recibe alabanza de los hombres y de los ángeles, adoración que se debe solamente a Dios (véase: Mateo 14:33, Juan 9:38, Hebreos 1:6, Apocalipsis 5:11-13, entre otros textos). Si tal hace es porque él es Dios, es porque es verdad lo que dijo Juan: que el verbo era Dios. Podríamos anexar otra referencia relevante en este tema, ya para concluir con la clara idea de la divinidad del Señor. Los profetas hablaron y esperaron a un Mesías que era el mismo Jehová: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies (Salmo 110:1). De manera que no esperaron solamente a un hijo de David en tanto descendencia humana, sino al mismo Señor. ¿No fue Job quien anunció que vería a Dios, su Redentor que vive? ¿Quién era ese Redentor esperado por Job? Veamos lo que dice la Escritura: Pero yo sé que mi Redentor vive, y que al final se levantará sobre el polvo (Job 19:25). ¿Cómo supo que ese Dios a quien vería era el mismo que se levantaría del polvo de la muerte? Porque fue Jesucristo el que resucitó, el mismo Dios a quien Job llamó su Redentor y Dios: Y después que hayan deshecho esta mi piel, ¡en mi carne he de ver a Dios!  (verso 26 del mimo capítulo).

La referencia semántica de Juan 1:1 nos obliga a entender por el foco del vocablo, por su aparición a principio de la frase enunciada, que el autor desea resaltar la substancialidad de aquel verbo. Esa substancia no es otra que Dios, el verbo era Dios, colocado en forma inversa: Dios era el verbo. Pero como quiera que gramaticalmente la expresión el verbo es el sujeto de esa frase, Dios pasa a ser junto con el verbo ser el predicado nominal: el verbo era Dios. Sin embargo, el énfasis semántico en la divinidad de aquel verbo viene precedido por la aparición en primer lugar del vocablo Dios, seguido del verbo y del sujeto. Es como si Juan hubiese querido decirnos, Dios era verdaderamente el verbo.

En aquel principio de todas las cosas estaba el verbo, era el verbo, de manera que no pudo ser una criatura de Dios que no compartiera el principio de todo o que no estuviera en el principio y origen de todo cuanto fue creado. Además, se dice más adelante que por él fueron hechas todas las cosas, y sin él, nada de lo que ha sido hecho fue hecho. Y si lo dicho acá parece poco, entonces finalizamos con lo expuesto en Deuteronomio 32:39, Ved ahora que yo, Yo Soy, y conmigo no hay más dioses. Yo hago morir y hago vivir; yo hiero y también sano; no hay quien pueda librar de mi mano. Si con Dios no hay más dioses, ¿cómo es posible que haya que traducirse que el verbo era un Dios? Pues siguiendo a Isaías, si no hay Dios antes ni después de Dios, ¿cómo entonces se habría de traducir que el verbo era un Dios, como si hubiesen otros?

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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