Lunes, 04 de mayo de 2015

Nadie puede ser salvo por otra vía que no sea el evangelio anunciado en las Escrituras. Por esta exclusividad el poder del evangelio es absoluto e indiscutible. El ser humano no tiene alternativa desde la óptica evangélica, ya que se le coloca una sola posibilidad para elegir. Sin embargo, esta elección lo es en la medida en que el hombre es responsable de lo que hace, pero en un plano metafísico ni siquiera puede ejercer su voluntad quebrantada. Muerto en delitos y pecados, según la declaración inequívoca de la palabra de Dios, el ser humano no tiene esperanza de rescate alguno.

Pese a esta situación crítica, Dios quiso en su misericordia pasar por alto el pecado de muchos, pero bajo el precio de su propia justicia. Para este fin escogió a su Hijo como el Cordero que vendría a este mundo para exhibir su amor, a fin de que sea salvo cada creyente. Por esta razón, ningún ser humano puede ser salvo sin este conocimiento mínimo del evangelio, ya que el mismo es lo que más glorifica a Dios en el plano de la salvación. En ningún texto de las Escrituras existe apoyo a la falaz idea de que el redimido puede permanecer ignorante del evangelio que lo redime, como si fuese posible salvarse por otros medios ajenos al dictamen del Dios de la creación.

El conocimiento del evangelio es tan importante que la Biblia así lo declara: ¡Reuníos y venid! ¡Acercaos, todos los sobrevivientes de entre las naciones! No tienen conocimiento los que cargan un ídolo de madera y ruegan a un dios que no puede salvar (Isaías 45:20). ¿Y qué dice el Nuevo Testamento? Pero el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye la palabra y la entiende, el que de veras lleva fruto y produce, uno a ciento, otro a sesenta, y otro a treinta por uno (Mateo 13:23). De manera que es necesario tener conocimiento, oír la palabra y entenderla.

El poder del evangelio se centra en el hecho de creer en el Hijo, ya que todo el que en él cree será resucitado en el día postrero para vida eterna. El poder de la buena noticia también radica en el hecho de que somos enseñados por Dios (Juan 6:45-47), pues el que ha oído y ha aprendido del Padre va a Cristo. Cuando el creyente conoce la verdad, la verdad lo hace libre. Ese conocimiento no termina jamás, pues la vida eterna consiste en conocer al Padre, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien él ha enviado (Juan 17: 3). Y si alguno piensa que es posible otra alternativa oiga lo que enseña la Escritura: Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Hechos 4:12).

Dios envió a su Hijo, no a alguien que se haga pasar por su Hijo. Esto es vital entenderlo, porque han salido falsos profetas que anuncian la mentira como verdad: que los que no han escuchado de Jesucristo habrán oído de otro dios y eso les es suficiente, ya que Dios mira los corazones de los hombres y ve si hay quien le anhela. Un engaño mortal y extendido como la cizaña, una vana esperanza para el corazón afligido. El justo ha de vivir por la fe, pero la fe en el Hijo de Dios; por eso la Escritura dice: ¿cómo oirán si no hay quién les predique? ¿Cómo predicarán si no fueren enviados? Porque si la salvación viniese de cualquier parte el anuncio del evangelio no sería obligado, mas el poder de Dios para salvación descansa en su buena noticia: que Cristo murió por el pecado de su pueblo y fue hecho la justicia de Dios.

Abraham no pudo gloriarse en las obras, porque entonces se le hubiera considerado su salario como una obligación y no como gracia. Pero el que cree en aquel que justifica al impío, se considera su fe como justicia, y será llamado bienaventurado porque Dios le ha conferido justicia sin obras: feliz aquel cuyas iniquidades son perdonadas y cuyos pecados son cubiertos. Feliz aquél a quien el Señor jamás le tomará en cuenta su pecado (Romanos 4:1-8).

El evangelio implica el conocimiento de una doctrina adecuada, la cual es imposible de ignorar por cuanto ignorarla implicaría desobedecerla. El creyente fue en un tiempo esclavo del pecado, pero su cambio consistió en haber obedecido de corazón aquella forma de enseñanza a la cual se entregó. El cambio operado por el evangelio evidenció que al haber sido liberado del pecado se convirtió en siervo de la justicia. ¿Y qué le sucede a aquella persona que ignora este evangelio? Le acontece que ha quedado perdida como el resto del mundo, porque aunque tenga celo de Dios busca establecer su propia justicia, pues no se somete a la justicia de Dios que es Jesucristo ya que su celo no es conforme a ciencia (conocimiento) (Romanos 10:1-3).

Sucede que el evangelio está encubierto en los que perecen, ya que el dios de este mundo les dejó ciego su entendimiento, de manera que la luz del evangelio no les resplandece. Para ellos no hay buena noticia, por eso se han inventado muchos otros evangelios. ¿Hay alguno que protesta porque no le haya llegado esta luz del buen anuncio de Dios? He aquí ahora el tiempo aceptable, el día de salvación. No nos proclamamos a nosotros como modelo, sino a Jesucristo imagen de Dios con el evangelio de su gloria.

El evangelio de las obras no tiene poder de salvación alguno, ya que quien está bajo las obras de la Ley está bajo maldición: maldito todo aquel que no continúa haciendo todas las cosas escritas en el libro de la Ley. Más bien, el justo por la fe vivirá (que no por las obras de la Ley). Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, haciéndose maldición por nosotros, como está escrito: maldito es todo aquel colgado de un madero (Gálatas 3:10-13). Por causa del poder del evangelio contamos todas las cosas como pérdida, como si fuesen nada, por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús el Señor. Asimismo damos gracias a Dios por haber sido escogidos desde el principio para salvación, por haber sido llamados por el evangelio, por haber conocido las Sagradas Escrituras, las que nos pueden hacer sabio para la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús (2 Timoteo 3:15).

No obstante, sabemos que el Hijo de Dios está presente y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Éste es el verdadero Dios y la vida eterna (1 Juan 5:20). No hay tal cosa como crasa ignorancia en el camino a la vida eterna, al contrario, toda la vía está pavimentada del conocimiento del Señor. Los que pregonan el desconocimiento como una cualidad engañan y tuercen la esencia del mensaje de salvación. No podemos creer en un Dios a quien no conocemos, no podemos seguir una doctrina que ignoramos, no podemos recibir con júbilo a quienes traen enseñanzas diferentes a las que la Biblia nos ha mostrado.

El evangelio es la promesa de Dios de salvar a su pueblo, desde la regeneración hasta la gloria final, condicionada solamente en la sangre del sacrificio y la justicia de Jesucristo, sin que medie obra alguna por parte del pecador. De esta forma se manifiesta la justicia de Dios, en la medida que él es justo y justifica al impío basado en el trabajo de Jesucristo. El evangelio no es una noticia acerca de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, como si el propósito de su venida hubiese sido traernos un manual de ética cristiana. El evangelio es el poder de Dios para salvar a todos los que él representó en la cruz. ¿Crees esto?

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 8:15
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