Martes, 14 de abril de 2015

Empero si él se determina en una cosa, ¿quién lo apartará? Su alma deseó, e hizo. Ciertamente él completará lo que ha determinado acerca de mí, y tiene en mente muchas cosas semejantes (Job 23: 13-14).  Es difícil imaginar a Dios como Dios, más fácil es suponerlo bajo la figura humana. Tal vez esa sea la razón por la cual existen tantos dioses, hechos a imagen y semejanza de la naturaleza del hombre. Pero el Dios de la Biblia es de un solo propósito, nunca altera aquello que dijo debía hacerse. ¿Has considerado a mi siervo Job? Esas fueron las palabras con las cuales comenzó la escena de la serie de tragedias que le sucedieron a aquel hombre.

Dura tarea la de Job, tener que confrontar los eventos tenebrosos que nos cuenta su historia. Pero grande el resultado, por el cual millones de almas hemos aprendido algo más acerca del propósito divino, aún en medio de la aflicción. Con este personaje podemos decir que si Dios está contra nosotros en batalla, ¿quién puede prevalecer? Visión que se complementa con la perspectiva de Pablo, cuando declara que si Dios es por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?

Esta es la contrapartida del Nuevo Testamento, si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?. Tal afirmación es posible por la justicia de Jesucristo, porque hizo la reconciliación de su pueblo con el Padre. Pero no es cuestión de sopesar como opuestos los dos Testamentos, ya que en el Antiguo también se dice que Dios conoce los pensamientos que tiene acerca de nosotros, de paz y no de mal. Cada evento narrado nos cuenta la historia de personas que fueron tratadas en formas diversas por el autor de la vida.

Ciertamente no hay quien pueda cambiar el consejo de Dios, no existe quien altere sus propósitos en lo más mínimo. Abraham tuvo que cumplir su tarea con Isaac, lo que Dios se había fijado; el sacrificio del hijo del patriarca fue alterado desde la perspectiva del padre de la fe. Isaac no fue inmolado porque la voluntad secreta de Dios había sido no permitir que el puñal entrara en su cuerpo; sin embargo, Abraham no fue informado sino hasta el final. Con ello se prueba el propósito noble de Jehová, no la mutabilidad de su voluntad.

El libro de Job nos muestra que Dios tuvo un propósito desde un principio con él, el cual engloba todas sus circunstancias en el curso de su vida. Lo mismo acontece con nosotros, cada acción que se propuso para nuestra existencia ha de cumplirse al detalle. Poco importa que nosotros desconozcamos las particularidades de su guión, lo cierto es que su Providencia nos circunda para que su eterno propósito sea alcanzado.

Lo que uno estudie o trabaje, donde uno nace, el origen de nuestros ancestros, abundancia o escasez, prosperidad o adversidad, la misma muerte, todo ha sido establecido de antemano y sucederá de la manera que Dios lo dice. Este es nuestro descanso, no el brujo o el augurador que lee entre líneas el destino de los hombres.

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora: tiempo de nacer y tiempo de morir (Eclesiastés 3:1-2).  Ciertamente sus días están determinados, y el número de sus meses depende de ti. Tú le has fijado sus límites, los cuales no podrá traspasar (Job 14:5). No solo la muerte física y su día los determina el Señor, sino que las vicisitudes y los aciertos junto con la vida y la muerte eterna también fijó desde la eternidad. La conversión de cada creyente fue emplazada para el momento en que Dios lo dispuso, de manera que se puede decir que todos los que estaban ordenados para vida eterna creyeron y fueron añadidos a la iglesia todos los que habían de ser salvos.

La enseñanza de la Biblia nos conduce a esperar la benevolencia de Dios para los que son suyos. No nos ha puesto Dios para ira sino para alcanzar misericordia, de manera que habrá de asumirse que todas las cosas ayudan a bien. Lo que sea que acontezca sucede en virtud de la absoluta voluntad de Dios: Tú has creado todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser y fueron creadas (Apocalipsis 4:11).

Todos aquellos por quienes Cristo sufrió en la cruz serán llamados a creer. De igual forma, todos los que son dejados en su incredulidad final fueron los mismos por quienes Cristo no murió en la cruz. Recordemos sus palabras la noche antes de ser crucificado, no ruego por el mundo. Uno de los ladrones en la cruz creyó a Dios y se aferró al Señor pidiéndole que se acordara de él cuando viniese en su reino. La respuesta que obtuvo fue que ese mismo día estaría con el Señor en el Paraíso. El otro ladrón se burlaba y le hablaba con sarcasmo, por lo cual se entiende que el Señor no moriría por él. 

La doctrina bíblica no es exclusividad de un solo Testamento sino una complementariedad entre los dos. Sin embargo, es alarmante la tendencia a descuidar lo que el Viejo Testamento enseña. Cuando los creyentes buscan hacer su devocional, la mirada se posa en unos cuantos de los 27 libros escritos en la era cristiana. Pero la Biblia es una totalidad como se deja ver por lo que Pablo dijo, que aquellas cosas se escribieron para nuestra enseñanza.

La gente se interesa más en la política, en los programas sociales, en cómo hacer dinero, antes que en lo que la Escritura enseña acerca de Dios y su relación con nosotros. Jesús recomendó escudriñar las Escrituras porque en ellas nos parecía que teníamos la vida eterna. Todo el día es ella mi meditación, escribió un salmista, con lo cual se revela el sello de los creyentes: el ser llamados el pueblo del libro.

Desde al Antiguo Testamento hasta el Nuevo existe un solo clamor, una sola proclama: que Jesucristo vendría y vino a reconciliar el mundo (de los redimidos) consigo. Ahora la amistad con Dios se ha declarado abierta y la vieja enemistad fue eliminada en razón de la crucifixión expiatoria de Jesucristo. ¿Crees eso?

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 11:26
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