Lunes, 30 de marzo de 2015

No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo... No te inclinarás a ellas. Este es uno de los Diez Mandamientos, pero que ha sido derogado por la Iglesia Católica. En efecto, los católicos lo han arrancado de sus páginas y han convertido otro mandamiento en dos,  para mantener la apariencia de los diez. La humanidad provoca a ira al Dios de las Escrituras, de manera que a conciencia o por ignorancia infringe el mandato divino.

Pero a todos aquellos que se interesan en lo que la Biblia dice les conviene mirar un poco más en sus textos. ¿Qué es hacerse una imagen de Dios? Tal vez se piense que la referencia del mensaje es lo que los antiguos hacían. Es indudable que eso era, pero también cabe añadir lo que se hace ahora. Si antes se levantaba una estatua de un becerro, de un ave, de un cocodrilo, y se decía que esa era una imagen de Dios, lo que se hace hoy día es similar. Tal vez muchos tienen estatuillas del Cristo que han imaginado como representación del Mesías que vino a la tierra hace 2000 años; a lo mejor otros adoran a la virgen María, considerando que eso es más cercano a lo que Dios demanda (que es mejor que adorar a un cocodrilo). Pero aparte de que la Biblia señala esas actividades como idolatría, también lo es el hecho de imaginar a otro dios como el verdadero.

Cuando alguien lee las Escrituras y observa que el Dios en ellas exhibido es muy duro, puede reaccionar como muchos de los seguidores de Jesús cuando les pareció dura de oír la palabra que les exponía. Si esa gente no quiere alejarse del Dios de la revelación, se ocupará en mantener ciertas características que hagan más bíblico lo que adoran. De esta manera nos encontramos hoy con personas que han moldeado un Jesús a su medida y lo adoran bajo el mismo nombre, leen los salmos de la Biblia y memorizan pasajes completos del libro sagrado.

Esta gente no se agrada mucho de la doctrina de Dios, sino desea a un Dios proveedor de riquezas y que no ponga objeciones a sus personalísimas intenciones. De allí que aparecen doctrinas paralelas, como las del decreto y de la prosperidad.  Los que creen este otro evangelio colocan sus manos sobre ciudades, inmuebles, cosas y personas para decretar que en el nombre del Dios de la Biblia aquello por lo que oran les será dado.

Hay quienes llegan a tener fe sustituta por sus seres queridos, de manera que no se pierdan sino que se hagan creyentes por la fe de un tercero. A las enfermedades las señalan como pecados, a cada una de ellas le nombran un demonio como autor.  Si después de reprenderlas en el nombre de Jesús la enfermedad persiste, será culpa del enfermo que no tiene fe suficiente pero nunca de quien ora. Añadir y quitar doctrina es parte de la tarea para configurar un dios a la semejanza humana.

Si la noche antes de morir Jesús dijo que no rogaba por el mundo, ellos dicen lo contrario: que Jesús murió por todo el mundo, sin excepción. Incluyen en la cruz a todos los réprobos en cuanto a fe, haciendo ineficaz la sangre del Señor. Hay quienes asumen el testimonio bíblico de que Dios salvó a Jacob (a todos los que son sus elegidos) pero que no condenó a Esaú (a todos los que son sus condenados) puesto que él se condenó a sí mismo. Les resulta tan dura la palabra de la cruz que la suavizan con torcidas interpretaciones, para su propia perdición.

Estos son religiosos sinceros, aunque sinceramente equivocados. La sinceridad de la adoración no les ayuda, ya que como Dios no apoya dioses extraños esta gente les provoca a ira y a celos.  Estos dos textos advierten contra estos malos oficios: Ofrecieron sacrificios a los demonios, no a Dios; a dioses que no habían conocido, a dioses nuevos, llegados de cerca, a los cuales vuestros padres no temieron (Deuteronomio 32: 17); Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios (1 Corintios 10:20).

Muchas personas han creído que son hijos de Dios, pero esa confesión no les garantiza el serlos. Jesucristo confrontó a un grupo religioso que decía: Tenemos un Padre, que es Dios. A este grupo el Señor les respondió: Si Dios fuese vuestro Padre, ustedes me amarían, porque yo procedo de Dios, quien me envió ... ¿Por qué no comprendéis lo que digo? Porque no podéis oír mi palabra. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y queréis satisfacer los deseos de vuestro padre. Él ha sido homicida desde el principio y no se basa en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de lo suyo propio habla, porque es mentiroso y padre de mentira (Juan 8: 41-44).

Esta declaración de Jesús equivale a decir: no, Dios no es vuestro Padre, porque si lo fuera ustedes creerían la verdad. Más bien les digo que su dios es el diablo, el padre de la mentira. En otros términos, los que no creen la verdad creen la mentira, pero los que creen la verdad la creen porque Dios es su Padre. Además, los que creen la mentira la creen porque son hijos del diablo. Si la gente cree en mentiras entonces su religión es falsa, de nada le ayuda. Hay muchas personas que creen en falsedades, en dioses, en demonios para quienes sacrifican alabanza y veneración.  Esa es la razón por la cual Dios va a juzgar a esta gente, porque no quisieron creen a la verdad, porque habiendo conocido a Dios (a través de la creación) no le dieron honra, antes honraron a la criatura con diversa forma de imaginería (Romanos 1).

El Salmo 96:5 dice algo que debemos recordar siempre, pregona un estándar para que no haya confusión de mezclas: porque todos los dioses de los pueblos son ídolos. No hay una excepción en esta declaración, todos los dioses son ídolos. El texto ignorado en el catolicismo fue presentado en forma de Mandamiento: No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos (Exodo 20:4-6).

Si la Biblia de muchos no tiene estos versos, entonces tienen que buscarse otra; si a pesar de tenerlos siguen adorando ídolos, entonces habrá que ver si no les ha amanecido Cristo. Fijémonos en que Dios es celoso y que ha declarado que a Él lo aborrecen todas aquellas personas que adoran ídolos. Estos no son considerados neutrales sino enemigos que aborrecen a Dios. Tal vez muchos han pensado que ellos aman a Dios porque lo buscan con ahínco, porque hacen ayuno y toda suerte de abstinencia, porque dan limosna a los pobres; sin embargo, todos los que adoran ídolos aborrecen a Dios y Dios los rechaza porque es celoso.

¡Por tanto, dice Jehová, esperad el día en que me levante para ser testigo! Porque tengo determinado reunir las naciones y juntar los reinos para derramar sobre ellos mi enojo, todo el furor de mi ira. Porque toda la tierra será consumida por el fuego de mi celo (Sofonías 3:8). Cuando la gente adora ídolos no adora a Dios. Asumir una falsa imagen de Dios es asumir a un ídolo, el cual no puede salvar, porque no oye ni ve. Lo peor es que detrás de los ídolos están los demonios y quien les sacrifica a aquéllos sacrifica a éstos.

Tal vez la doctrina de un Dios celoso sea impopular, pero impopulares fueron las palabras del Señor cuando dijo que nadie podía ir a él a no ser que el Padre lo trajere hacia él. Esta enseñanza fue causa de murmuración en un grupo numeroso de discípulos que se apartaron de inmediato y dijeron: dura es esta palabra, ¿quién la puede oír? (Juan 6:44 y 60). Pero la Biblia ha sido categórica al pronunciar sus mandamientos, por lo que quien mutila sus palabras actúa en pro de su propia perdición. ¿De qué sirve la imagen de fundición, si es maestra de engaño para que el escultor confíe en su propia obra? Los dioses a la medida humana son simples ídolos mudos forjados en la mente de los que adulteran la doctrina de Cristo.

Las congregaciones con la etiqueta de cristianas son el atractivo para caer en la trampa de creer en un dios que no puede salvar a nadie, ya que cualquier imagen (física o mental) de Dios no se adecua a la realidad que la Biblia nos presenta. Así como Dios es Espíritu, la revelación ha de permanecer intacta. Empero, como el orfebre que quita las aristas y da forma a la figura pretendida, así son los que añaden su interpretación privada a la doctrina de Cristo. ¿Acaso no es una mentira? Pero los cristianos nominales insisten en tomar partes de la doctrina de Jesucristo para creer solo en aquello que les parece cómodo. Con esto también están construyendo un ídolo según sus parámetros mentales, ofreciendo cánticos, oraciones y buenas obras como una ofrenda a los demonios.  Recordemos que Dios se llama celoso y a otro no dará su gloria.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 11:22
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