Domingo, 01 de marzo de 2015

La Biblia contiene una gran cantidad de expresiones que fueron duras en su época pero que hoy continúan teniendo igual fuerza. De locos, perros, mentirosos se trata a algunos que por su impiedad ameritan tal calificativo, aunque a otros simplemente se les coloca el mote de odiadores de Dios. El autor del mensaje a los Hebreos habla de los bastardos como de aquellos que por no recibir disciplina del Señor muestran que en realidad no son hijos.

Maldito es quien trae un evangelio diferente, cerdo todo aquel que desprecia la verdad que se le expone y se voltea a pisotearla. Otros son considerados víboras o sepulcros blanqueados podridos por dentro. Jesucristo también se refirió con palabras semejantes cuando habló mal de ciertas personas, a las cuales llamó hipócritas, víboras, perros, ciegos, locos, hijos del infierno, hijos de su padre el diablo, cerdos, miembros de la sinagoga de Satanás.

Los que odian a Dios son llamados de igual forma brutos o necios e insensatos en el Antiguo Testamento (Salmo 92:6). En referencia a la descendencia mentirosa, el profeta Isaías exhibe su elocuencia calificadora al explicar por qué perece el justo. Dice que no hay quien lo tome a pecho, que los piadosos son eliminados por la impiedad de los hombres malos; mas de estos habla así:  ¡Pero acercaos acá vosotros, oh hijos de bruja, descendientes de adúltero y de prostituta! (Isaías 57:3).

El profeta Jeremías califica a los hijos de Israel que se han apartado tras los ídolos con un símil de prostitución. Se pregunta si cuando alguien despide a su mujer y ésta se va de casa y se casa con otro hombre, ¿podrá el antiguo marido volver con ella? Luego exclama: Tú te has prostituido con muchos amantes; pero, ¡vuelve a mí!, dice Jehová. Alza tus ojos a los cerros y mira: ¿En qué lugar no se han acostado contigo? En los caminos te sentabas para ellos, como un árabe en el desierto. Con tus prostituciones y con tu maldad has profanado la tierra. Por esta causa han sido detenidos los aguaceros, y ha faltado la lluvia tardía. Sin embargo, tuviste el descaro de una prostituta y no quisiste tener vergüenza (Jeremías 3:1-3).

En ciertos casos el uso de este lenguaje abrasivo se enfoca en un argumento de amor. Dios utiliza estas imágenes drásticas para provocar en su pueblo alguna reacción positiva. En otros casos, como cuando Jesús estuvo frente a los fariseos, sus palabras simplemente manifestaron su contundente rechazo a esa generación de víboras.

Juan el Bautista bautizaba anunciando el camino del Señor, pero en una oportunidad le dio a la multitud una particular reprimenda. Contrario a lo que cualquier ingenuo en materia de fe pudiera pensar, el profeta no quiso darles acceso al reino sin que antes oyeran su exhortación: ¡Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? A los soldados les dijo que dejaran la extorsión y se conformaran con su salario, a los hombres públicos les recomendó no cobrar más de lo que era ordenado. A las multitudes sedientas de andar por el camino de la religión les mandó a que dieran una de sus túnicas a quien no tuviese ninguna y que dieran de comer al hambriento (Lucas 3).

El contexto particular de estos grupos que rodearon a Jesús y al Bautista era el religioso. Ellos condenaban con gran fuerza el pecado pero sus corazones albergaban la forma de la religión, el deber ser como fachada para ser bien vistos por la masa que los seguía. Habían colocado cargas tan pesadas sobre los demás que ellos mismos no podían ni moverlas. El religioso se convierte fácilmente en un crítico del otro, en un observador de su vecino, pero al mirar la paja en el ojo ajeno no se percata de la viga que tiene en el suyo.

Los hombres públicos son dados a enriquecerse en el ejercicio de sus funciones. Cobran sobreprecio en lo que hacen y aprovechan las comisiones de dinero y prebendas que les entregan. De allí sacan las ofrendan para los pobres o para la iglesia y pretenden con ello ser limpios de sus fechorías y peculado. Por eso el profeta les dijo que ya no lo hicieran más, pues no era cuestión solo de bautizarse. Visto en esta perspectiva, el calificativo generación de víboras fue muy acertado, tanto como el de sepulcro blanqueado, lleno de podredumbre interna.

¿Qué decir de los policías y militares? Que dejen la extorsión y que se conformen con su salario, pero además deben abandonar la denuncia falsa a la que se han acostumbrado (Lucas 3:14). Porque ellos acusan y luego demandan dinero para brindar su ayuda, pero el mensaje de la Biblia está en contra de sus actos de manera que la piedad en abstracto de nada les sirve.

Estos calificativos dentro de sus contextos despiertan la mente, sacan al hombre de sus bancos en las iglesias y los conmina a pensar en cada expresión que viene del mismo cielo. Hay otro grupo que son lobos rapaces, como su padre el diablo llamado el león rugiente; existe mucha gente con muchos motes, personas calificadas como nubes sin agua llevados de todo viento. ¿Qué decir de los que la Biblia llama animales irracionales? Son como bestias brutas que maldicen lo que no conocen o se corrompen en lo que sí conocen. Son manchas en las reuniones, árboles marchitos en otoño, dos veces muertos, fieras olas del mar que arrojan la espuma de sus propias abominaciones (Judas).

Las calificaciones contra los falsos maestros y pastores, contra los centinelas dormidos del pueblo en el Antiguo Testamento, son muy variadas. Concluyamos por ahora con la elocuencia de Isaías al calificar a estos personajes denunciados: Sus centinelas son ciegos; no conocen. Son perros mudos que no pueden ladrar, videntes echados que aman el dormitar. Son perros comilones e insaciables; pastores que no saben entender. Todos ellos se apartan tras sus propios caminos, cada cual tras su propio provecho (Isaías 56: 10-11).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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